Pistola de Iturbide

 
 

Institución: Museo Nacional de Historia - inah

Una pistola de chispa es una de las primeras armas de fuego, cuya ignición ocurre cuando una piedrecilla de pedernal es golpeada por un mecanismo percutor que enciende una mecha. No es fundamentalmente distinta de la que se hizo, por primera vez, para Luis xiii en 1610. Esta tecnología cambió muy poco en 200 años. Este tipo de pistola en particular es el antecedente inmediato a su estandarización para fabricación en serie y guarda un parecido con la de Fernando vii, que se conserva en Madrid y data de 1808. Aún debían cargarse manualmente con otra munición después de disparar sólo una vez. Pólvora, proyectil y taco de papel se introducían por la boca del cañón de hierro forjado. Solamente la mitad de la pistola es de metal, el obús y la maquinaria. Empuñadura y soporte estructural son de madera e incrustaciones de plata. Debió pertenecer a Iturbide cuando aún era un oficial realista, de rango medio, y su arma de cargo antes del alzamiento independentista de 1810.

 

La pistola forma parte del acervo material que hubo de resguardar el Museo Nacional, fundado por Lucas Alamán, y donde bastón de mando, escritorio y otros aditamentos imperiales se conservaron a la caída de su malhadado régimen en 1822. Igual suerte para el conjunto hubo cuando Maximiliano ordenó se instituyese un museo en 1864, trasladado ahora del Palacio, en la calle de Moneda, al Castillo de Chapultepec. En 1892, Jesús Galindo y Villa, junto con Alfredo Chavero, publicaron en los Anales del Museo de Arqueología, Historia y Etnografía una noticia sobre aquellos vestigios iturbidistas. La factura, un tanto simplista, de esta pistola denota que fue manufacturada en la Nueva España con la crisis de 1808.

 

Invadida España por las fuerzas napoleónicas, un teniente como Iturbide podía comprarse un arma como ésta en una forja o maestranza de las que organizaron criollos con formación militar, colegiales egresados de Minería. Para 1800 existían en la Ciudad de México gremios de aparajeros, cajeros, llaveros y cañonistas, especializados en la reparación y mantenimiento de armas y otros utensilios. El metal es seguramente de la ferrería de Coalcomán, en Michoacán; para el ochavado de su cañón o sólo su pavonado, pudo recurrir a un oficial herrero de otro gremio o región. Probablemente compró el cañón y mecanismo en un sitio, y un cajero (carpinteros especializados en madera para aplicaciones metálicas) metropolitano ensambló cureña, tornillos y cálamo. La mezcla explosiva de salitre, azufre y carbón se conseguía en la Real Fábrica de Pólvora de Santa Fe. La pistola puede verse hoy en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, en las salas dedicadas al siglo xix.

 

Material de apoyo:

Torres Dueñas, Iván, Maestranzas de la Guerra de Independencia, 1808-1820, tesis de licenciatura en Historia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2016.

 

Institución: Museo Nacional de Historia - inah

Una pistola de chispa es una de las primeras armas de fuego, cuya ignición ocurre cuando una piedrecilla de pedernal es golpeada por un mecanismo percutor que enciende una mecha. No es fundamentalmente distinta de la que se hizo, por primera vez, para Luis xiii en 1610. Esta tecnología cambió muy poco en 200 años. Este tipo de pistola en particular es el antecedente inmediato a su estandarización para fabricación en serie y guarda un parecido con la de Fernando vii, que se conserva en Madrid y data de 1808. Aún debían cargarse manualmente con otra munición después de disparar sólo una vez. Pólvora, proyectil y taco de papel se introducían por la boca del cañón de hierro forjado. Solamente la mitad de la pistola es de metal, el obús y la maquinaria. Empuñadura y soporte estructural son de madera e incrustaciones de plata. Debió pertenecer a Iturbide cuando aún era un oficial realista, de rango medio, y su arma de cargo antes del alzamiento independentista de 1810.

La pistola forma parte del acervo material que hubo de resguardar el Museo Nacional, fundado por Lucas Alamán, y donde bastón de mando, escritorio y otros aditamentos imperiales se conservaron a la caída de su malhadado régimen en 1822. Igual suerte para el conjunto hubo cuando Maximiliano ordenó se instituyese un museo en 1864, trasladado ahora del Palacio, en la calle de Moneda, al Castillo de Chapultepec. En 1892, Jesús Galindo y Villa, junto con Alfredo Chavero, publicaron en los Anales del Museo de Arqueología, Historia y Etnografía una noticia sobre aquellos vestigios iturbidistas. La factura, un tanto simplista, de esta pistola denota que fue manufacturada en la Nueva España con la crisis de 1808.

Invadida España por las fuerzas napoleónicas, un teniente como Iturbide podía comprarse un arma como ésta en una forja o maestranza de las que organizaron criollos con formación militar, colegiales egresados de Minería. Para 1800 existían en la Ciudad de México gremios de aparajeros, cajeros, llaveros y cañonistas, especializados en la reparación y mantenimiento de armas y otros utensilios. El metal es seguramente de la ferrería de Coalcomán, en Michoacán; para el ochavado de su cañón o sólo su pavonado, pudo recurrir a un oficial herrero de otro gremio o región. Probablemente compró el cañón y mecanismo en un sitio, y un cajero (carpinteros especializados en madera para aplicaciones metálicas) metropolitano ensambló cureña, tornillos y cálamo. La mezcla explosiva de salitre, azufre y carbón se conseguía en la Real Fábrica de Pólvora de Santa Fe. La pistola puede verse hoy en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, en las salas dedicadas al siglo xix.

Material de apoyo:

Torres Dueñas, Iván, Maestranzas de la Guerra de Independencia, 1808-1820, tesis de licenciatura en Historia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2016. Consultado aquí.

 

 

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