Niño florero
Institución: Archivo General del Instituto Cultural de Aguascalientes
Existe en México, particularmente en el estado de Chiapas, una tradición que mezcla referentes prehispánicos con prácticas devocionales cristianas. La Fiesta del Niño Florero es una de las diversas formas en las que el culto al niño Dios ha cobrado especial importancia en el sureste mexicano, donde el catolicismo se enfrenta a otras maneras de hacer y vivir el cristianismo, además de revelar la dinámica poblacional que caracteriza a esta zona, una de las más vulnerables del país. Aquéllos son niños que seguramente migrarán, que no esperan nada de los Reyes Magos y cuya edad productiva se alcanza mucho antes que en las ciudades.
Oraciones y ofrendas que se verifican el día 25 de cada mes hallan punto culminante en diciembre, cuando niños y adolescentes suben a la montaña a cortar bromelias y llevarlas al templo de Santo Domingo de Guzmán. Hasta cierto punto es un ritual de paso hacia la edad adulta: estos niños salen de sus comunidades, caminan al alba del 15 de diciembre y volverán hasta el día 21, con fardos a cuestas que pesan la mitad de lo que ellos mismos pesan, o más. La flor del Niluyarilo y el niño Jesús exigen tolerar frío, malcomer y trepar a la copa de árboles, reencontrarse luego con sus comunidades en "la topada de las flores" para el montaje de los nacimientos y decorar con sus flores, que habrán de aguantar frescas hasta el día 7 de enero.



