Diorama de la cacería del mamut - Sala 4

En las décadas que siguieron a los hallazgos de Tepexpan se descubrieron en diferentes regiones de México sitios con osamentas de mamuts que indican que una pequeña parte de esos animales fueron consumidos por el hombre temprano. En esta sala se expondrán algunas de las explicaciones ofrecidas por diversos investigadores para dar cuenta de su extinción y se enunciarán algunos yacimientos explorados hasta la primera década del siglo xxi, así como información etnográfica de cazadores recolectores actuales que han sacado a luz cómo la poderosa escena del diorama de la cacería del mamut, que durante tanto tiempo ha transmitido la imagen de un hombre prehistórico como un poderoso cazador de megafauna del Pleistoceno-Holoceno del México central, no fue así. Investigaciones recientes apuntan a verlo como un agente de la prehistoria cuyas prácticas de subsistencia ocasionalmente estuvieron dirigidas al aprovechamiento, o mejor dicho, al “carroñeo”, de partes de mamuts ya muertos, lo que se propondrá ser mostrado en una nueva propuesta de diorama al final de esta sala.



Hoy sabemos, gracias a las excavaciones de varios sitios prehistóricos Clovis del sur de los Estados Unidos y el norte de México, que se realizaban las siguientes actividades: matanza y destazamiento de animales, fabricación y reúso de instrumentos, preparación de pieles y construcción de abrigos temporales. El abandono de la tecnología Clovis coincide con la extinción de la megafauna, como el mamut. Esto indica que es una tecnología adaptada a las planicies de Norteamérica y que las otras tecnologías de puntas de proyectil retocadas tipo Plano y Cola de Pescado también son adaptaciones anteriores, al mismo tiempo o posteriores a cada región.

Algunos investigadores han propuesto que una de las causas de la extinción de la megafauna del Pleistoceno, los mamuts entre ellos, fue la caza intensiva de los primeros pobladores. Los mamuts tenían seis dientes molariformes en cada rama de la mandíbula, tres molares deciduos y tres permanentes. Muestran las superficies oclusales numerosas láminas transversas en forma de “u”, que al usarse adquieren un aspecto rugoso. El mamut de las praderas, Mammuthus Colombi, es el de mayor tamaño: su altura llegó hasta 4.5 metros, y 10 toneladas de peso; sus defensas eran grandes, curvas y se entrecruzaban. Su hábitat fueron las grandes planicies y estepas continentales, donde se alimentaban de pastizales, partes de árboles y, en el caso de la Cuenca de México, bebían agua y lamían sal a las orillas de los lagos. Se distribuían desde Alaska, Canadá, los Estados Unidos, México y el norte de Centroamérica, alcanzando Honduras. Se extinguieron hacia el 11000 AP, aproximadamente.

Por mucho tiempo se consideró que éstos eran los únicos proboscídeos que utilizó el hombre, ya que la evidencia de su aprovechamiento es escasa. Con el cambio climático del Pleistoceno al Holoceno se modificaron las comunidades vegetales de las que se alimentaban, al tener dieta especializada y reproducción lenta. Para el periodo entre 11000 y 10000 AP las erupciones volcánicas del Popocatépetl y del Nevado de Toluca depositaron aproximadamente 50 centímetros de ceniza, lo que provocó drásticos cambios en la acidez de las aguas, temperatura y vegetación en los lagos, pastizales y zonas boscosas, así como la modificación de su hábitat en los lagos de la Cuenca, por lo que constituyen las principales causas de la extinción de la megafauna, más que una caza intensiva por los primeros pobladores del actual territorio mexicano.

Considerando los argumentos propuestos por el profesor José Luis Lorenzo, la evidencia encontrada en el conjunto de mamuts excavados en Tepexpan, los de Santa Isabel Iztapan I y II, y Tocuila, en el estado de México, y San José del Paso, en Oaxaca, y a la luz de los nuevos estudios tafonómicos y la etnografía de los grupos cazadores-recolectores que viven en las selvas ecuatoriales de África, conocidos como pigmeos, podemos proponer que los tempranos habitantes prehistóricos del actual suelo mexicano ocasionalmente aprovechaban los restos de un mamut muerto por cansancio, enfermedad o hambre al empantanarse en las orillas de los lagos de la Cuenca de México y en manantiales como el del Cedral, San Luis Potosí, y el Fin del Mundo, en Sonora, al buscar estas grandes bestias zonas de abrevadero o lamederos de sal. Tal vez en algunos casos los remataban una vez atrapados en el fango. Descuartizaban al animal con cuchillos y lascas de piedra; asimismo, utilizaban sus huesos para fabricar herramientas, las pieles para confeccionar ropa o techos de casas, y encender fogatas con los tarsos que son ricos en grasa y arden muy bien. En estas labores es factible suponer que participaran indistintamente hombres y mujeres, niños y adultos.


Sin quitar el diorama realizado por Carmen Carrillo de Antúnez y su equipo de trabajo, sería deseable a futuro construir uno nuevo para la Sala del Poblamiento de América del mna. En éste se podría exponer como escena central un mamut muerto, atascado en las orillas de un lago. Junto a él deben colocarse un grupo de figuras humanas en donde se muestren varias de sus actividades grupales. Por ejemplo, un individuo utilizando algunos guijarros grandes ligeramente afilados para llevar a cabo el desprendimiento de dos lascas con bordes filosos y agudos. Otros tres individuos en el proceso de destazamiento. Las operaciones que deben ilustrarse son cortar la gruesa piel en zonas precisas para poder desprenderla jalando fuertemente de ella. El objetivo es tener una pieza grande de piel para confeccionar ropa. Dos individuos preparando la piel cerca del lugar del descuartizamiento, en una zona plana, con un raspador, y mostrar una más cubierta con sal. Dos individuos femeninos cortando tiras de carne preparándose para ser transportadas envueltas en hojas frescas. Sobre el animal tres individuos retirando la piel, los huesos largos y los tendones. Y una mujer en una fogata asando la carne y algunas vísceras.

Propuesta para un nuevo diorama en donde se muestra el aprovechamiento del mamut. Ilustración Marco Rojano, 2002.