En agosto de 1908, el joven Manuel Gamio llegó al oeste de Zacatecas e inmediatamente hizo una
caminata en los inmensos terrenos que se extienden alrededor de la antigua villa, pueblo minero
y actual cabecera municipal de Chalchihuites. Gracias a este reconocimiento de superficie pudo
visitar una serie de vestigios arqueológicos que registró como cavernas, fortalezas y
asentamientos aislados.
Al llegar a Chalchihuites, Gamio realizó trabajos de inspección en las cuevas de la Polvorera,
en los terrenos de la hacienda del Vergel (hoy Gualterio), y en otra cueva ubicada en la
vertiente sur del Chapín. También visitó otras cavernas (varias de ellas ya reportadas por
eruditos zacatecanos desde finales del siglo xix)
en realidad minas prehispánicas, como las de
San Rafael y la de Mezquitalito (hoy La Peñita, en cuyas cercanías se localiza el denominado
complejo minero prehispánico de San José).
Hizo descripciones muy detalladas, obtuvo medidas, dibujó cortes de su interior y levantó
planos. Sus estudios subsecuentes lo llevaron a clasificar dichas cavidades subterráneas en
cuevas naturales –las que consideró lugares de habitación o albergue– y en cavernas excavadas,
las que a su vez dividió en dos diferentes tipos dependiendo de la topografía del terreno y la
matriz del subsuelo en el que fueron perforadas. Sobre estas últimas, concluyó que se utilizaron
como verdaderos refugios.
Durante estos trabajos de recorrido por Chalchihuites, Gamio también señaló la presencia de
varias ruinas prehispánicas en algunas de sus elevaciones montañosas, como las del gran cerro
del Jacal y las del Pedregoso, mismas que no tuvo tiempo de inspeccionar, aunque sí visitó
directamente los vestigios que se encontraban sobre las cumbres de los cerros Moctezuma y de El
Chapín. A las dos últimas eminencias rocosas las consideró fortalezas naturales debido a su
morfología y a los accidentes presentes en sus laderas, que hicieron muy difícil o casi
imposible el ascenso y acceso a sus respectivas mesetas superiores.
Sobre la fortaleza emplazada en el cerro Moctezuma, Manuel Gamio escribió que las obras de
defensa, como sus trincheras, casi habían desaparecido, pero aún existía una de sus
construcciones en la meseta que corona dicha elevación. En relación con las ruinas de la
fortaleza de El Chapín, ubicada a ocho kilómetros al suroeste de Chalchihuites, Gamio
inspeccionó las laderas, los peñascos superiores y la meseta que remata dicha elevación, y
obtuvo medidas de los restos de edificaciones y otros vestigios arqueológicos que se asomaban en
la superficie. Dibujó dos croquis de esta fortaleza, una sección de esta eminencia montañosa de
formación riolítica y los vestigios arqueológicos que encontró coronando su meseta. En estos
dibujos aparece la ya referida cueva natural de El Chapín, el estrecho pasadizo que da acceso a
su cumbre, mismo que fue tallado en uno de sus afloramientos rocosos superiores, un petrograbado
con la figura de círculo-cruz punteado y los cimientos de habitaciones muy rústicas con planta
circular y cuadrada sobre su meseta superior, así como el par de trincheras que circundan sus
laderas.
El registro arqueológico obtenido de El Chapín confirmó a Gamio la sospecha sobre su carácter
defensivo, debido al difícil acceso a los vestigios ubicados en su cumbre y a la presencia de
las dos trincheras de piedra emplazadas en la parte inferior y media del cerro. Gamio llamó
“calendario” al ya referido petrograbado de círculo-cruz punteado encontrado en la parte
oriental de la meseta superior y cuyo diseño está conformado por 260 oquedades semiesféricas.
Este mismo petrograbado fue denominado por Chavero como el “ciclo de la raza nahoa”, y Castañeda
lo nombró el “año religioso de los pueblos primitivos del Norte”. En opinión de Gamio, si bien
el número 260 es de gran importancia en la cronología náhuatl, consideró que las evidencias para
dichas afirmaciones eran insuficientes.
En los valles o los terrenos de suave inclinación, Gamio descubrió habitaciones o edificios
aislados cuyos restos arqueológicos en su mayoría han sido destruidos, año tras año, por el
arado. Reportó que, en las inmediaciones del río Colorado, aproximadamente a siete kilómetros al
oeste de Chalchihuites, dentro de los terrenos conocidos como Las Diezmeras, encontró un
montículo en cuya cumbre había piedras dispuestas a manera de cuadrados y rectángulos que
constituyen los remates de los muros de construcciones que actualmente exhiben las formas antes
mencionadas.
Al tomar en consideración todos los sitios arqueológicos antes referidos, Gamio opinó que las
fortalezas prehispánicas que coronan las eminencias montañosas en esa región, así como las
cavernas artificiales señaladas, sirvieron como un sistema defensivo para proteger aquellos
poblados que se habían establecido en los valles, como fue el caso del asentamiento de Alta
Vista, de cuyo descubrimiento y exploraciones se tratará en la siguiente sala.