Manual
Espírita

La importancia de las ideas centrales del espiritismo y el objeto de la construcción de un aparato moral y ético para los individuos fue una de las preocupaciones de Francisco I. Madero, probablemente entre 1910 y 1912, cuando tiene contacto con su hermano Raúl, quien le revela algunas tareas para contribuir con la construcción de la paz social en el país. Durante el periodo en el que es nombrado Presidente de la República publica el Manual Espírita, bajo el seudónimo de Bhima, donde vierte una serie de supuestos que permitirían a los no iniciados en la doctrina espírita alcanzar los principios elementales de la transformación individual y colectiva, es decir, establecer un código que permitiera la formación de ciudadanos acorde a las circunstancias que se vivían de inestabilidad política, social y espiritual en el México revolucionario.

El Manual Espírita fue una de las aportaciones editoriales de la Junta Permanente del Segundo Congreso Espírita y de la redacción de Helios. En este almanaque, los seis capítulos van tratando tanto los conceptos de la doctrina como los fundamentos históricos, filosóficos, morales y personales de Francisco I. Madero. En el primer capítulo se explica el espiritismo, las reencarnaciones, el resumen de la doctrina espírita; en el segundo trata sobre la historia del espiritismo, sus doctrinas y las nociones de la revelación. En el tercero se narran las diversas mediumnidades que lindan entre las anímicas y las espíritas; el cuarto trata sobre los conceptos filosóficos en torno al génesis del espíritu, su evolución, los principios de existencia y la inmortalidad del espíritu. En el quinto capítulo se desarrolla el tema de la moral espírita, la secreta puerta que da acceso al alma y el concepto de lo moral, y la importancia que tiene en el espiritismo. El sexto es el resumen de la obra, que versa sobre la felicidad como objeto principal y sus reglas, y también las acciones que impiden la felicidad del hombre, los deberes para con la familia, con la patria y con Dios.

Este Manual sería una piedra de toque en la difusión de la doctrina espírita en México, pero sobre todo un documento de militancia sobre las conducciones morales de los ciudadanos: “Si todos los hombres de bien hicieran de lado su egoísmo y se mezclas en los asuntos públicos, los pueblos estarían gobernados sabiamente y serían los hombres de más mérito y virtud los que ocuparían los puestos más elevados para hacer el bien, y acelerar la evolución de la humanidad” (César Morán, Helios, t. VI, núm. 9, enero de 1912, p. 209).

Esta obra tuvo un amplio tiraje y sus adeptos sostuvieron que: “La obrita no sólo enseña al niño y al ignorante. Bhima rinde culto a la verdad con la sencillez del justo, con verdadera felicidad y la armonía universal de los seres y las cosas” (ibid., p. 210).

“El manual espírita, hará mucho bien. Por nuestra parte rendimos homenaje de admiración y respeto a quien de manera tan modesta como sabia, cumple con el sublime precepto de “enseñar al que no sabe” (idem).

El Programa ideológico, moral y político, expresado en el Manual Espírita, se refiere a las acciones y deberes que tiene el individuo con su Patria y el colectivo social. En este apartado, Bhima ofrece una serie de postulados que funcionarían tanto a la militancia como a aquellos que están por adherirse a los principios más profundos de la doctrina en ámbitos menos reducidos y aspirando a formar fraternidades más amplias, como las organizaciones obreras, de estudiantes y de lectores que pudiesen extender las enseñanzas de una formación ciudadana de libre pensamiento:

-Debemos trabajar [...] para lograr el progreso de la humanidad.

-Para lograr este objeto se necesita una gran abnegación, desprenderse de todas las pequeñeces de este mundo, tener la mirada siempre fija en tan altísimos ideales y dedicarse resueltamente a trabajar por su triunfo.

-Esforzarse por difundir la instrucción pública.

-Apresurar la moralización de los individuos combatiendo sus vicios y estimulando el desarrollo de sus virtudes.

-Trabajar con ardor en la propaganda de toda clase de ideas progresistas y benéficas.

-Formar parte de sociedades y agrupaciones que se dediquen a fines altruistas de cualquier naturaleza.

-Luchar contra los malos gobernantes que entorpecen toda acción altruista, que oprimen a los pueblos y que no les dejan ninguna libertad, ni para trabajar ellos mismos por su propio mejoramiento.

-Combatir el egoísmo.

-Conquistar la libertad de pensamiento, el hombre es un ser libre con derechos que el Creador le concedió al nacer y los cuales debe cuidar como su más preciosa herencia.

-Un pueblo que no disfruta de libertad, es porque está gobernado por la violencia y el capricho.

-El hombre debe esforzarse porque el pueblo viva y goce en entera libertad.

-La libertad debe tener siempre por base la ley.

-Se debe luchar sin vacilaciones contra los conculcadores de la ley, contra los malos gobernantes que usurpan los derechos del pueblo, sin que le arredre el peligro de perder su existencia.

-Siempre debemos estar dispuestos a sacrificarnos en aras del bien común, imitando en esto el ejemplo de Jesús y de tantos mártires y héroes que han derramado su sangre por la humanidad.

Como un gesto espírita hemos invocado a Francisco I. Madero en su nota a propósito de la virtud y la participación que debe tener “el verdadero creyente” en los asuntos públicos y en los sacrificios que de ellos emanan, así como las precauciones que deben de tomarse frente a los vicios y la decadencia. Bhima ofrece las pautas de una buena conducción y los contrastes que se imponen de un gobierno tirano:

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Los trabajos de negociación para propugnar por la paz implicó el otorgamiento de algunos miembros de la Junta Permanente del Segundo Congreso Espírita para conseguir el objetivo de pacificar al país, como lo muestra el nombramiento de Rogelio Fernández Güell como comisionado para la paz:

En mayo de 1911, Madero consiguió el armisticio con algunas fuerzas beligerantes. Este paso fue celebrado por la Junta Permanente del Segundo Congreso de Espírita de México como un triunfo de sus labores en la promoción de dicho armisticio.

Lucinda D. viuda de Martínez, presidenta de la Sociedad Espírita Femenina, le escribe a Francisco I. Madero para refrendar su admiración y su agradecimiento en el nombre de las mujeres que forman parte de la Sociedad y le reconoce el trabajo de transformación y de sacrificio que ha tenido con el pueblo de México; se pueden leer las líneas de una ferviente seguidora y militante desde las pautas morales y políticas que secundaron a Madero.

Nueva Era se publicó por primera vez en 1911 y desapareció en 1913 durante la Decena Trágica; fue conocido como el periódico que defendió y apoyó el movimiento maderista. Su lema fue: “Patria, Verdad y Justicia”, y en sus páginas se hizo un seguimiento del armisticio y de los intentos por la pacificación.

Con el asesinato de Madero en las cercanías de la Penitenciaría de Lecumberri durante la Decena Trágica, Helios desapareció junto con Nueva Era, donde militaban sus colaboradores. Los últimos esfuerzos de la hermandad maderista se vieron paulatinamente reducidos y probablemente emprendiendo el forzado exilio que le habían prometido a Madero y a sus correligionarios más cercanos:

“El Antirreeleccionista”.

2a. Nuevo México 48.

México, D. F.

Ha causado sensación en esta ciudad noticia recibida prisión familia espírita Enrique Baig, porque este señor es muy conocido en ésta como un correcto y cumplido caballero y su familia como una familia muy honorable.

Indudablemente trátase de intrigas de mala ley o de algunos agentes del Clero que quieran desprestigiar espiritismo.

El Corresponsal.

En los años tempranos de su causa por la liberación de México, y ahora sus trabajos de pacificación, las palabras de su hermano hicieron eco de las intrigas infringidas por sus detractores y por sus golpistas. En aquella Carta de San Pedro del 26 de enero de 1908, el espíritu de su hermano José le dijo: “Entonces, el primer impulso será un golpe mortal para los enemigos de la causa que has abrazado, y muy pronto serán las coronas de laurel las que ciñan tu frente. En caso contrario, en caso de que tu esfuerzo no sea tan vigoroso y tan bien dirigido, también recogerás una corona, pero será la de espinas, la de los mártires, la de aquellos que lucharon con un enemigo que no pudieron vencer, pero que siquiera tuvieron la dicha de derramar su sangre por el triunfo de su causa. Hermano querido: La corona, la tendrás de todas maneras. Pero, tus actos en este año determinarán si será de laurel, o de espinas. Ésa es la alternativa. Escoge. Hasta muy pronto, hermano de mi corazón. José” (F. I. Madero, Los diarios espiritistas, 1999).

Con el asesinato a Francisco I. Madero y el golpe a su gobierno se pone en entredicho la participación de los grupos espiritistas en espacios de representación política; el temor con el que corrieron los militantes maderistas después de su muerte fue el del exilio y probablemente la de la prohibición de sus postulados. Aunque en una tradición laica muy atípica que mezcló principios esotéricos, filosóficos y morales para configurar un pensamiento político pulcro y de rectitud, el maderismo fue considerado pilar del movimiento antirreeleccionista, que tuvo de nuevo un lugar en los debates de los años treinta, donde se legisló al respecto. El legado casi apostólico que dejó Francisco I. Madero a nivel de código moral y político fue pieza clave en los movimientos de trabajadores, en la formación del programa educativo vasconcelista y en el respeto al libre pensamiento y las creencias.