Entre la segunda mitad del siglo xix y el primer decenio del xx, las Leyes de Reforma, motivadas por un liberalismo democrático anticlerical, tuvieron como principales ejes rectores las nociones de libertad de culto y la limitación de la Iglesia católica en el funcionamiento político y social, principios que impactaron enormemente en la Constitución de 1857, misma que generó una serie de derechos y garantías, como el derecho a la libertad y a la vida, igualdad ante la ley sin distinción de raza, creencia o condición social y la libertad de expresión y de reunión.
Estos postulados, aunque estaban vigentes constitucionalmente durante el Porfiriato, se habían desgastado, y muchas de las garantías sociales alcanzadas en la práctica se extinguieron dando curso a las revueltas y a la guerra civil. Al término del periodo porfirista, además de la persecución a la prensa libre, las ideas de culto estaban reguladas por el gobierno, de manera que las reuniones eran secretas o clandestinas. El movimiento antirreeleccionista tuvo el primer impulso de cambiar el orden de un régimen dictatorial y de incumplimiento de la Constitución por una recuperación del espacio escrito y la manifestación pública.