Furor
antirreeleccionista

Entre la segunda mitad del siglo xix y el primer decenio del xx, las Leyes de Reforma, motivadas por un liberalismo democrático anticlerical, tuvieron como principales ejes rectores las nociones de libertad de culto y la limitación de la Iglesia católica en el funcionamiento político y social, principios que impactaron enormemente en la Constitución de 1857, misma que generó una serie de derechos y garantías, como el derecho a la libertad y a la vida, igualdad ante la ley sin distinción de raza, creencia o condición social y la libertad de expresión y de reunión.

Estos postulados, aunque estaban vigentes constitucionalmente durante el Porfiriato, se habían desgastado, y muchas de las garantías sociales alcanzadas en la práctica se extinguieron dando curso a las revueltas y a la guerra civil. Al término del periodo porfirista, además de la persecución a la prensa libre, las ideas de culto estaban reguladas por el gobierno, de manera que las reuniones eran secretas o clandestinas. El movimiento antirreeleccionista tuvo el primer impulso de cambiar el orden de un régimen dictatorial y de incumplimiento de la Constitución por una recuperación del espacio escrito y la manifestación pública.

En cuanto a la adherencia a la militancia antirreeleccionista no solamente en diarios como Regeneración, impulsado por los hermanos Flores Magón, el movimiento postuló de manera abierta su oposición al régimen de Porfirio Díaz, y en palabras de Filomeno Mata a través de El Diario del Hogar, sentó algunas posiciones que fueron alcanzando simpatía y se mostraron leales hacia una postura más extendida de la prensa radical.

Desde el periódico el Anti-Reeleccionista, órgano del Centro Antirreeleccionista de México, corporación que aglutinó la campaña de Francisco I. Madero, fue impreso en junio de 1909 y fundado por Madero y otros miembros de clubes antirreeleccionistas y partidos opositores. El periódico hizo mella en la dictadura de Díaz, cuestionó la vicepresidencia de Ramón Corral y la posible candidatura de Bernardo Reyes, que se iba perfilando, y defendió las causas desfavorecidas de los obreros y los pobres. Entre los colaboradores figuraron Francisco I. Madero, José Vasconcelos, Félix Fulgencio Palavicini, Toribio Esquivel Obregón, Luis Cabrera y Federico González Garza, entre otros. Tuvo una duración de tres meses debido a la persecución y a la censura del gobierno.

La militancia antirreeleccionista se construyó desde los cuatro puntos cardinales, reuniendo adeptos con muchos recursos económicos para sostener la campaña y a los órganos de propaganda con argumentos políticos contra el régimen porfirista y un claro entusiasmo por parte de sus patrocinadores:

"Mucho celebro y te felicito que hayas juntado los $3,000.00 para “El Antirreeleccionista”. Digo 3,000, porque yo no pienso dar esa cuota de $1,000.00, que me asignaste, porque ya llevo gastados como $4,000.00 desde que empezó la campaña y estoy haciendo gastos fuertísimos para sostener “El Demócrata”, “La Hoja Suelta” de Torreón, que también estoy subvencionando mientras organizo aquel Club, gastos de viaje que hago, como el de ayer a Torreón que tuve que pagar los gastos de teatro, de música, que me costaron $80.00 y así por el estilo. De todos modos, esos $1,000.00 los completarás con facilidad allá, pues indudablemente se conseguirán bastantes contribuyentes.

Yo creo que con “El Antirreeleccionista” haciéndolo diario, sube nuestra causa muy rápidamente. De todos modos, cada día recibo noticias que se siguen instalando Clubes.

Por correo te mando “La Defensa Nacional” de Yucatán, que es un magnífico periódico, órgano del Club Antirreeleccionista de por allá.

Reyes pronto explicará la causa de su actitud y no dudo que va a decir algo ambiguo que acabará de rodarlo y desprestigiarlo.

A Manuel le escribo que si se le hacen mucho los dos mil, que mande los $1,000.00 pero que sean completitos; si me manda un pagaré, que me lo mande con el suficiente recargo de intereses, a fin de que queden los $1,000.00.

Sin otro particular, y con afectuosos recuerdos para todos, recibe un abrazo de tu hermano que mucho te quiere.

Francisco I. Madero.