La llegada de los primeros refugiados chilenos a México luego del Golpe de Estado, entre los que estaban Hortensia Bussi, viuda de Allende y sus hijas, así como varios funcionarios del derrocado gobierno, se realizó en gran medida gracias a la gestión de quien fuera embajador de México en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá.
El entonces presidente Luis Echeverría Álvarez y su gobierno mostraron un compromiso especial con el exilio chileno, creando la Casa de Chile en 1974, con apoyo estatal y un vínculo personal del mandatario y su esposa, María Esther Zuno. La institución, que acogió a exiliados hasta 1993, fue centro cultural y frente de resistencia contra la dictadura de Augusto Pinochet. Ofrecía servicios médicos, dentales, asistencia en los trámites consulares y proporcionó apoyo emocional a quienes fueron víctimas de violencia física y psicológica.