Aterrizando en México

La llegada de los primeros refugiados chilenos a México luego del Golpe de Estado, entre los que estaban Hortensia Bussi, viuda de Allende y sus hijas, así como varios funcionarios del derrocado gobierno, se realizó en gran medida gracias a la gestión de quien fuera embajador de México en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá.

El entonces presidente Luis Echeverría Álvarez y su gobierno mostraron un compromiso especial con el exilio chileno, creando la Casa de Chile en 1974, con apoyo estatal y un vínculo personal del mandatario y su esposa, María Esther Zuno. La institución, que acogió a exiliados hasta 1993, fue centro cultural y frente de resistencia contra la dictadura de Augusto Pinochet. Ofrecía servicios médicos, dentales, asistencia en los trámites consulares y proporcionó apoyo emocional a quienes fueron víctimas de violencia física y psicológica.

Según la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura de Chile (Informe Valech), se estima que México recibió en total alrededor de cinco mil exiliados chilenos, de los cuales aproximadamente 1,500 eran menores de 18 años.

Académicos, profesionales, técnicos, intelectuales, artistas, músicos, escritores, políticos y estudiantes universitarios se insertaron en diferentes instituciones mexicanas, facilitando su incorporación a la vida social y cultural del país. Entre los adultos, más de 300 académicos y estudiantes llegaron a la unam y otros tantos a la uam, el ipn, El Colegio de México, Canal 11, la Casa del Lago y otros centros culturales. Los menores, por su parte, llegaron a distintas instituciones educativas entre las que destacan el Colegio Madrid, las preparatorias de la unam (enp y cch), el Colegio Patria, el Liceo Franco Mexicano y diversas escuelas públicas primarias y secundarias. La Ciudad de México fue su principal destino, pero también otras ciudades como Guadalajara, Puebla y Monterrey abrieron sus puertas a los refugiados.

El exilio chileno contribuyó así con una producción cultural que se materializó en más de 300 libros y estudios publicados por exiliados chilenos entre 1973 y 1989, y en la literatura, la música y el cine con la participación de profesionales como los reconocidos cineastas Miguel Littin y Raúl Ruiz.

Aunque todo parecía ir bien para los exiliados, cabe destacar que la contingencia interna mexicana por aquellos años distaba mucho de los ideales socialistas. El presidente Echeverría,* que por una parte con estos actos se encumbraba en el escenario público internacional como un líder de la solidaridad y la hermandad entre los pueblos, por la otra, en el ámbito local, escondía un accionar muy distinto, gobernando con persecución política y cruenta represión hacia la izquierda mexicana.