Allende y las grandes alamedas

El 4 de noviembre de 1970, tras haber obtenido la victoria con el 36.6% de los votos en las elecciones realizadas dos meses antes, Salvador Allende asumió oficialmente la presidencia de Chile. El ideal socialista del presidente electo y de la Unidad Popular (up) culminó de forma trágica el martes 11 de septiembre de 1973, cuando Augusto Pinochet, quien había sido designado comandante en jefe del Ejército de Chile por el propio Allende, lideró un Golpe de Estado muy violento que terminó por derrocarlo y acabó con la ilusión de una patria más justa para sus trabajadores.

La Unidad Popular

La up fue una coalición de los principales partidos de izquierda que buscaba instaurar el socialismo por medios pacíficos dentro del marco institucional democrático existente, diferenciándose así de otras experiencias similares en el mundo. Su propuesta consideraba un proceso de grandes cambios sociales entre los que se incluían la nacionalización de la gran minería del cobre, explotada en su mayoría por capitales extranjeros; la aceleración de la reforma agraria comenzada varios años antes en el gobierno del conservador Arturo Alessandri, cuyo objetivo era mejorar la distribución de la riqueza y la productividad agrícola, y, finalmente, la estatización de áreas fundamentales de la economía, como la banca privada y la grandes industrias, para obtener con ello los recursos necesarios y mejorar la seguridad social, la salud pública, la vivienda, la igualdad de género y el acceso a la educación de todos los ciudadanos.

Estas revolucionarias propuestas gubernamentales se enfrentaron desde un inicio a una fuerte oposición política, sobre todo del poder económico, que las vio como una amenaza a su propia supervivencia, aunque, ante la imposibilidad de llevarlas a cabo con el apoyo del Congreso, pues no consiguió la mayoría de los votos, Allende se vio en la obligación de recurrir a un antiguo decreto de 1932 que le permitía usar la expropiación* para el control de los grandes capitales. El gasto social que implicaban estas acciones consolidó un enorme déficit en los recursos del fisco que el gobierno intentó solucionar mediante la emisión de dinero, provocando con ello un severo proceso inflacionario. Por otra parte, problemas de abastecimiento, acaparamiento y sabotaje empresarial terminaron por producir un creciente malestar en la población, que fue aprovechado por la oposición política para acrecentar la crisis y crear un clima de enfrentamiento y terror.

Bajo las sombras se fraguaba un plan de desestabilización y un Golpe de Estado, financiado en gran parte por los Estados Unidos, que le permitiera ejercer mayor influencia en el país. Los medios de comunicación opositores instigaban permanentemente y algunos gremios como el de médicos, comerciantes minoristas y camioneros realizaban frecuentes manifestaciones, marchas y paros. Los enfrentamientos internos entre quienes querían acelerar y profundizar el proceso revolucionario y quienes optaban por consolidarlo, ocasionaron la profunda crisis de la que el gobierno no volvería a salir jamás. En efecto, tras mil días de gobierno de la up, llegó el fin.

El último día

En el Palacio de La Moneda, sede del gobierno chileno, a las 9:10 de la mañana de ese 11 de septiembre, el presidente Allende se dirigió a la nación. A través de Radio Magallanes, única emisora que no había sido silenciada hasta ese momento, fueron transmitidas las últimas palabras; este mensaje fue calificado por Ascanio Cavallo, reconocido periodista, investigador y escritor chileno, como un discurso de muerte y eternidad, que se ha convertido en un hito histórico, un símbolo de lucha social, valor y resistencia.

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Éstas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973.
[Fragmento de su último discurso.]

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A las 11:52 am La Moneda sería bombardeada por aviones de la Fuerza Aérea de Chile y Salvador Allende pasaría a la historia como un presidente que murió por sus ideales sin rendirse a la traición de sus militares.