Cuando la historia ya está escrita y el guión se encuentra en manos del director, comienzan los preparativos técnicos y la búsqueda de locaciones, así como la iluminación, la ambientación, el vestuario, el maquillaje y la utilería.
Llega el momento más esperado: guardar silencio en el set y llevar al escenario a quienes darán vida a los personajes: actrices y actores.
La palabra actor, en el contexto del cine, proviene del latín actor, actoris, que significa “el que hace la acción”. A su vez deriva de actus (“acto”), participio del verbo agere, es decir, “llevar a cabo”, “mover adelante”. Esta raíz se vincula con el indoeuropeo ag, que significa “conducir”. Para su forma femenina, actriz, se añade el sufijo trix, agente femenino, que en español se convierte en triz.
Actrices y actores son los encargados de encarnar a los personajes que los guionistas y directores imaginaron. Son quienes transforman una idea en emociones a través de sus cuerpos, voces y preparación.
Al representar otras vidas, prestan su cuerpo a personajes ficticios o basados en personas reales. En su carrera, pueden encarnar tantas vidas como personajes interpretan.
Cada papel es una oportunidad para explorar mundos distintos, valores, principios y emociones. Sin embargo, el trabajo de las actrices y actores no ocurre en soledad.
Actuar requiere un conjunto de habilidades que se aprenden con la profesión o la experiencia. Desde la expresividad corporal y la dicción hasta la caracterización, el baile y el canto. Cada personaje exige algo distinto.
Los personajes también reflejan la época. Actrices como María Félix iniciaron interpretando mujeres con estereotipos propios de su tiempo: la mujer abnegada, la revolucionaria o aquella cuya moral era cuestionada, pero siempre salía airosa. Ejemplo de ello son películas como Enamorada (1946), Doña Bárbara (1943) o Río Escondido (1948), entre otras.
En el cine no sólo se interpretan hombres y mujeres, sino también conceptos: el bien y el mal, valores y principios que se consideraban adecuados o inadecuados para la época.
En la película Cuando los padres se quedan solos (1949), los protagonistas hipotecan su casa para ayudar a sus hijos a pagar sus deudas, pero terminan perdiéndola, mostrando un dilema moral sobre la familia y la responsabilidad.
Hablar de actores y actrices en México implica recorrer una larga lista de trayectorias. Incluso figuras históricas como Porfirio Díaz y Francisco Villa, quienes participaron en producciones cinematográficas: Díaz apareció en El presidente Díaz paseando a caballo en el bosque de Chapultepec, y Villa firmó un contrato con la Mutual Film Company para filmar La vida del General Villa (1914) durante la Revolución mexicana.
Existen varios tipos de actores: los hay de teatro, cine, radio o televisión. También influyen los roles: protagonistas, secundarios, reparto, cameos y extras, quienes con su presencia crean el ambiente que el guión busca representar.
La profesionalización de la actuación ha cambiado con el tiempo. Algunos actores venían de familias teatrales, como los Soler; otros se hicieron conforme las oportunidades aparecieron, como Pedro Infante o Marga López.
Existen actores que no son humanos. Los animales —reptiles, mamíferos, insectos, aves, anfibios y peces— han tenido papeles memorables. Aunque las condiciones en el set no siempre fueron adecuadas y reguladas para estos personajes.
Finalmente, el tipo de película también influye en los actores que participan en ella. Cada género exige estilos y habilidades distintas.