Impulsar el conocimiento científico y el saber tradicional.

México, donde las montañas conectan dos mundos biológicos, los océanos albergan una riqueza
submarina extraordinaria y la vida se manifiesta en formas únicas, se posiciona como una
potencia megadiversa de relevancia mundial.
Nuestro territorio, que ocupa apenas 1.4% de la superficie terrestre, resguarda más de 10%
de todas las especies conocidas en el planeta. Esta concentración excepcional
de vida no es casualidad, es el resultado de una geografía privilegiada, nuestra
historia evolutiva y el conocimiento ancestral que ha permitido domesticar especies tan
fundamentales como el maíz o el cacao (Semarnat y Gobierno de México).
La biodiversidad mexicana no es sólo un patrimonio natural; es un activo
estratégico para nuestro desarrollo sostenible. Desde los bosques que capturan carbono
y regulan el ciclo hídrico hasta los arrecifes que protegen las costas, los ecosistemas
proporcionan servicios esenciales que sustentan la economía y el bienestar del país.
En México, la naturaleza ha sido la gran maestra cultural desde tiempos
ancestrales; ejemplo de ello son la deidad Xólotl, retratada como un ajolote, o el
águila y la serpiente que protagonizan nuestro Escudo nacional. Proteger esa diversidad asegura
la prosperidad de las generaciones presentes y futuras.
Esta exposición les invita a descubrir las especies emblemáticas que
definen nuestra identidad nacional, así como los compromisos de
México para proteger su patrimonio natural hacia 2030.
También conocerán casos ejemplares donde algunas comunidades han transformado la
conservación en una herramienta de equilibrio y respeto.
México avanza hacia un modelo en el que la protección de la naturaleza
y el desarrollo económico no son caminos opuestos, sino complementarios, mismos que
requieren de una relación entre los servicios ecosistémicos y el bienestar
humano.
México asombra al mundo por su enorme riqueza biológica. Es considerado uno de los
pocos países megadiversos, formando parte de un grupo selecto que alberga cerca de 70% de la
biodiversidad del planeta. Ocupa el quinto lugar mundial en diversidad de
especies y resguarda más de 23 mil especies de plantas vasculares, 564 de mamíferos,
alrededor de 1,150 de aves, 864 de reptiles y 376 de anfibios, lo que representa entre un 10 y 12% de
todas las especies conocidas.
Esta abundancia proviene de una geografía extraordinaria: México une la región Neártica
(Norteamérica) y la Neotropical (Sudamérica), abarcando desiertos, montañas, selvas y dos
litorales oceánicos. Tal variedad de hábitats promueve la aparición de numerosas especies
endémicas. Además, las civilizaciones mesoamericanas domesticaron aquí plantas esenciales como maíz,
frijol, chile y calabaza, enriqueciendo la diversidad agrícola global.
Esta diversidad biológica no sólo es un legado natural, sino también un reflejo de la
interacción milenaria entre el entorno y las culturas que lo han habitado. Para
comprender mejor cómo se distribuyen estos ecosistemas en el territorio nacional, exploremos su
extensión y ubicación en el siguiente mapa interactivo.
Un claro ejemplo de esta riqueza cultural y biológica es el sistema de la
milpa, donde se siembran en conjunto varios cultivos, principalmente maíz,
frijol y calabaza (tríada mesoamericana), que se complementan y que
regeneran el suelo de forma natural. Esta práctica ancestral no sólo conserva la
biodiversidad agrícola y el conocimiento tradicional, sino
que también sustenta gran parte de la dieta mexicana, aportando
proteínas, minerales y vitaminas esenciales. Gracias a la milpa, nuestra alimentación se
ha nutrido por siglos con una base equilibrada y sostenible.
Sin embargo, con tanta abundancia viene también una gran responsabilidad. La
pérdida de hábitats, el cambio climático y la sobreexplotación amenazan este tesoro
natural, impulsando a México a asumir compromisos firmes para
salvaguardarlo. La milpa, junto con otros modelos de agricultura
sustentable, representa un camino viable para la coexistencia entre la producción de
alimentos y la conservación de nuestro entorno.
A partir de estos principios, la ENBioMex establece 24 líneas de acción y más de 160 medidas concretas que garantizan que la biodiversidad sea protegida y aprovechada de manera responsable. Más que un documento de políticas, este plan busca generar un trabajo conjunto entre comunidades, científicos, Gobierno y sector privado con un objetivo común: asegurar que la biodiversidad siga siendo un pilar de bienestar y desarrollo para todos los mexicanos.
Impulsar el conocimiento científico y el saber tradicional.
Fomentar la educación y la cultura ambiental, promoviendo el respeto por la naturaleza.
Ampliar los esfuerzos de conservación y restauración de ecosistemas.
Promover el uso sustentable de los recursos naturales.
Hacer frente a amenazas como el cambio climático y la contaminación.
Fortalecer la gobernanza e integrar la biodiversidad en todos los sectores productivos.
Cuidar la biodiversidad no es sólo una meta nacional, sino un esfuerzo global. México se ha
sumado al desafío del Convenio sobre la Diversidad Biológica (cdb) y del Marco Global de
Biodiversidad Kunming-Montreal 2022-2030, cuyo objetivo es claro: proteger al menos 30% de
la superficie terrestre y marina para 2030.
Pero la conservación no ocurre en aislamiento. Proteger la biodiversidad también significa
hacer frente a tres crisis interconectadas:
Estos tres desafíos están en el centro de los acuerdos internacionales más importantes, los
cuales buscan soluciones integrales para enfrentar la crisis ambiental global:
Este enfoque interconectado refuerza la necesidad de una acción coordinada, en la que la
protección de la biodiversidad no sólo previene la extinción de especies, sino que también
contribuye a frenar el cambio climático y a detener la desertificación.
Sumado a estos compromisos globales, México ha desarrollado estrategias nacionales alineadas
con estos principios. Entre ellas, destaca la Estrategia Nacional sobre Biodiversidad de
México y Plan de Acción 2016-2030, que articula acciones concretas para la conservación y
uso sostenible de los ecosistemas en el país.
México ya ha avanzado en este camino. Antes de 2020, el país se comprometió a proteger 17% de su
territorio terrestre y 10% de sus mares. No sólo cumplió, sino que superó su meta marina,
alcanzando
un 22.3% de áreas protegidas en los océanos.
El reto ahora es mayor: garantizar que 30% del territorio terrestre y marino esté protegido para
2030. Pero no basta con delimitar zonas; la clave se encuentra en integrar la conservación a la vida
cotidiana dentro de sectores como:
¿Qué
son las áreas protegidas y qué es la Conanp? ir a recurso
Conoce las áreas protegidas y de conservación: Conanp.
Proteger la biodiversidad requiere más que buenas intenciones. Se necesitan recursos,
innovación y alianzas. Por ello, México ha implementado estrategias como biofin México,
proyecto impulsado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud) como
un nuevo enfoque de financiamiento para la conservación.
La biodiversidad, además de ser un tema ambiental, es la base de la economía,
la sociedad y el futuro de nuestro país. Su protección no es un costo, sino una inversión en
un México más resiliente, justo y sostenible.
México alberga especies icónicas que reflejan su riqueza natural y que también forman parte de su identidad cultural. Desde el poderoso jaguar hasta el resiliente ajolote, cada uno de estos guardianes juega un papel clave en los ecosistemas que habita. Sin embargo, diversas especies enfrentan graves amenazas debido a la actividad humana y al cambio climático. En esta sala exploramos sus historias y las estrategias que buscan asegurar su futuro.
Reconocido por su poder y elegancia, el jaguar es el felino más grande de América y habita tanto
en las selvas mayas como en las montañas de la Sierra Madre. Su rol como superdepredador resulta
esencial para mantener el equilibrio ecológico: allí donde prospera, también lo hacen docenas de
otras especies.
A través de la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar se incrementó su población a
unos 4,800 individuos en 2018, respaldada por la creación de áreas protegidas y corredores
biológicos que les permiten desplazarse con libertad.
Jaguar (Panthera onca). Fotografía de Víctor Hugo Luja Molina, 2016. Banco de imágenes de la Conabio.
Conocido por su “amable sonrisa” y su prodigiosa capacidad de regenerar tejidos, el ajolote es
endémico de los canales de Xochimilco, en la Ciudad de México. Sin embargo, la contaminación y
la introducción de especies invasoras han mermado sus poblaciones, pasando de seis mil a sólo 35
ejemplares por km² en apenas dos décadas (unamglobal.mx).
Iniciativas como “Chinampa Refugio” y la cría en cautiverio buscan restaurar el hábitat de este
anfibio icónico y revitalizar la riqueza ecológica y cultural de Xochimilco.
Ajolote de Xochimilco. Fotografía de Miguel Ángel Sicilia Manzo, 2010. Banco de imágenes de la Conabio.
Considerada el cetáceo más pequeño del mundo, la vaquita marina es también el más amenazado:
apenas sobreviven unos 10 ejemplares en el Alto Golfo de California. La pesca ilegal de totoaba,
cuyas redes atrapan accidentalmente a la vaquita, ha sido devastadora para su población.
Frente a ello, el Gobierno de México ha implementado patrullajes, prohibiciones de redes de
enmalle y alternativas de sustento para los pescadores, tratando de salvar a una especie
endémica que simboliza la urgencia de conciliar conservación y desarrollo local.
Delfín vaquita. Foto: Sodi Sánchez. Fundación Diapositiva A.C.
Esta imponente ave marina surca los cielos del Pacífico rasgando el sol. No
obstante, la pérdida de lugares de anidación y la aparición de especies invasoras han complicado
su sobrevivencia.
En la Reserva de la Biósfera Isla Guadalupe se llevó a cabo un proyecto de translocación de
polluelos para establecer una colonia reproductiva. Historias como las de “Bruno” y “Hope”,
criados meticulosamente para que regresaran a anidar, prueban que la restauración es posible.
Hoy, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) celebra el despegue de estas
nuevas generaciones.
Albatros de patas negras (Phoebastria nigripes). Fotografía de Rolando Chávez Díaz Mirón, 2019. Banco de imágenes de la Conabio.
Bajo las aguas del Caribe y del Pacífico mexicano, los arrecifes coralinos se levantan como
verdaderas metrópolis submarinas. El Sistema Arrecifal Mesoamericano, la segunda barrera de
coral más extensa del planeta, alberga una diversidad impresionante de vida marina. Sin embargo,
la sobrepesca, la contaminación y el calentamiento de los océanos amenazan su equilibrio
ecológico.
Iniciativas como la protección de áreas marinas y el manejo pesquero sustentable muestran un
camino de recuperación.
Corales. Banco de imágenes de la Conabio.
México alberga una de las biodiversidades más ricas del mundo, pero su conservación
enfrenta grandes desafíos. La pérdida de hábitats, la sobreexplotación y el cambio
climático amenazan la estabilidad de los ecosistemas y de las especies que dependen de
ellos. Sin embargo, iniciativas de restauración ecológica y conservación comunitaria han
demostrado que es posible revertir estos daños y generar beneficios tanto para la
naturaleza como para las personas.
En esta sala exploramos algunos proyectos que han logrado recuperar ecosistemas marinos
y terrestres, garantizando la supervivencia de especies clave y promoviendo el
equilibrio con las comunidades locales.
Ubicado en la costa oriental de Baja California Sur, Cabo Pulmo es un ejemplo de cómo la conservación y
la
comunidad pueden transformar un ecosistema.
En la década de 1990, la sobrepesca amenazaba con colapsar el arrecife. En respuesta, la
comunidad
pesquera local tomó una decisión radical: detener la pesca y apostar por el ecoturismo.
Resultado: hoy Cabo Pulmo es uno de los arrecifes mejor conservados del mundo, con un aumento
en la
biomasa de peces de más de 400 por ciento.
El impacto va más allá del medio ambiente:
Aún quedan desafíos: la presión del desarrollo, la pesca furtiva y el cambio climático. Sin embargo, Cabo Pulmo demuestra que la conservación puede traer prosperidad, siempre que las comunidades se involucren y se apoyen en la ciencia.
Cabo Pulmo pasó de ser una zona ecológicamente deteriorada a un aumento de 400% en su biomasa (Proyecto Cabo Pulmo). Banco de imágenes de la Conabio. Ir al recurso digital.
Cada año, millones de mariposas monarca viajan desde Canadá hasta los bosques de oyamel en
Michoacán y el Estado de México, ofreciendo un espectáculo natural único en el mundo. Sin
embargo, la tala ilegal y la degradación de sus bosques de hibernación han puesto en riesgo
este ciclo migratorio milenario.
En respuesta, comunidades locales, junto con autoridades estatales y federales, han
impulsado prácticas forestales responsables y el desarrollo de actividades de ecoturismo.
Los visitantes pagan por ingresar en los santuarios de la monarca, generando ingresos que se
invierten en vigilancia, reforestación y educación ambiental.
En México, más de 60% de los bosques pertenecen a ejidos y comunidades indígenas. Su
participación es clave para la conservación.
Casos de éxito:
En las aguas del Pacífico mexicano, la Reserva de la Biósfera Isla Guadalupe ha sido testigo de
una
de las restauraciones ecológicas más notables del país. Durante décadas, especies invasoras y la
sobreexplotación dañaron sus frágiles ecosistemas afectando sitios de anidación de aves marinas
y
alterando su equilibrio natural.
Para revertir este daño, la Conanp, junto con investigadores y organizaciones ambientales,
emprendió
un ambicioso plan de recuperación. Entre sus acciones clave están:
Hoy, la colonia de albatros regresa poco a poco, demostrando que, con ciencia y perseverancia,
es
posible restaurar hábitats únicos en altamar.
El trabajo, sin embargo, aún no termina. El cambio climático y la llegada de nuevas especies
invasoras siguen siendo desafíos constantes. Pero Isla Guadalupe es prueba de que, con
compromiso y
colaboración, es posible rescatar ecosistemas que parecían perdidos y devolverles la vida.
Estos logros (Cabo Pulmo, las reservas comunitarias, el santuario de la mariposa monarca y la
rehabilitación de Isla Guadalupe) son prueba de que la restauración ambiental y el bienestar
social
pueden ir de la mano. Aun así, cada historia de éxito abre nuevos desafíos. El cambio climático
amenaza los arrecifes y los bosques; la pesca ilegal merma poblaciones marinas; y las especies
invasoras alteran la dinámica de islas y zonas costeras.
Para enfrentar estas realidades se requiere un compromiso decidido desde todas las esferas:
Sólo así podremos ampliar estos mejoramientos y asegurar que los ecosistemas recuperados de hoy no recaigan mañana. La meta es clara: un México donde la riqueza natural sea fuente de oportunidades y orgullo para todos, dejando un patrimonio vivo a las generaciones venideras.
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