Las historias se pasean por la ciudad: Potentiae, En trazos de vida. Son de Rina y Bustos y La revuelta de las batas blancas

Cecilias Rodarte*


La revuelta de las batas blancas.

La Ciudad de México es un lugar vibrante donde convergen infinitas historias, cada una con su propia singularidad y encanto. En sus bulliciosas calles deambulan personas de las más diversas trayectorias. Al caminar por sus avenidas cualquier cosa puede pasar: encuentros, experiencias, mosaicos y relatos transcurren en ella al unísono.

Por los rincones de la ciudad las historias viven. Puede tratarse de la anécdota de un médico que se ve a sí mismo envuelto en el desarrollo de una lucha contra las injusticias del sistema de salud nacional. O tal vez sea la de una pareja de artistas que se conocieron dentro del círculo social de Frida y Diego, para luego compartir una casa, la vida y su creatividad e inspiración. También existen historias que permanecen ocultas, como la intimidad de algunos seres marginados por su discapacidad... Así, cada persona desarrolla su propio relato —sus desafíos y bifurcaciones—, y la diversidad étnica, social y cultural se entremezclan, tejiendo un tapiz al pasar de los días. Cada barrio, cada callejón, tienen algo que contar, y la ciudad se forma como un crisol de historias que se enlazan en un incesante flujo de vida. Fascina mirarlas ocurrir a la vez: hilos invisibles que se cruzan y enredan rodeados del caos sonoro y de colores y olores que constituyen un escenario siempre cambiante, donde cada uno de nosotros protagonizamos nuestra propia narración, dejando una huella única.

Muestra de tal pluralidad son los tres documentales: Potentiae (Javier Toscano, 2016), En trazos de vida. Son de Rina y Bustos (Busi Cortés, 2011) y La revuelta de las batas blancas (Alejandro Albert, 2009).

Potentiae, o de la otredad

La palabra potentiae significa “fuerza, poder”: una enorme palabra para hablar de las personas con capacidades diferentes, con cuya lucha convivimos al comenzar la película. Amanece en la Ciudad de México, y desde la intimidad de la oscuridad compartimos el despertar cotidiano de varios personajes: rituales como hacer la cama, arreglar la ropa, cargar una cubeta de agua para el aseo, lavarse los dientes... nos sumergen —casi en tiempo real— en cada uno de sus microuniversos para hacernos caminar junto a ellos. La cámara encuentra siempre belleza dentro de cada entorno y existencia, jugando, por momentos, a hacer foto fija.

Estos personajes, con sus particularidades, nos muestran sus recorridos por la ciudad y cómo a menudo se encuentran solos, inmersos en su autosuficiencia. Así, transitamos a un lado de sus dificultades: uno de ellos no tiene brazos y sólo una pierna, y con esa sola pierna se las ingenia para funcionar en soledad: tender la cama, desayunar... y la proeza de lavarse los dientes. También exploramos lo que es ser ciego en la ciudad. O ser paralítica y manejar un auto. Poco a poco descubrimos quiénes son. Ese pequeño pie que antes lavaba dientes de pronto resulta la herramienta de un DJ que pone a bailar a todos en una fiesta.

Verlos discurrir con especial voluntad, sin ser víctimas, conmueve y recuerda la frase de Simone de Beauvoir: “La sociedad sólo cuida de uno mientras resulte rentable”. Ellos han aprendido a cuidar de sí mismos y superar las dificultades y se han apoderado de sus historias a pesar del miedo y la incomodidad que las capacidades diferentes pueden causar en la gente normal. Pero ¿qué es la normalidad? Sin que nada los detenga, recorren espacios citadinos —y hasta en patineta— como el Metro, las tiendas, las calles del centro, espacios para correr y hacer deporte... Un grupo de ciegos llega a La Perinola Radio, en el 660 AM, para cantar. Otro grupo llega a su trabajo a acomodar cosas en el supermercado y a armar cajas. Recorremos la ciudad que conocemos a otros ritmos, lentamente, y así podemos asomarnos a este mundo que a menudo pasamos de largo.

Fotografiada por Ricardo Garfias, esta película cuenta con una cuidada música original de Daniel Hidalgo y el diseño sonoro de Carlos Aguilar Zafra, que realza la experiencia visual. Fue ganadora de una Mención Especial en el XV FestivalInternacional de Cine de Morelia, en 2017.

En trazos de vida. Son de Rina y Bustos

Como parte del acervo fílmico de la unam dedicado a la pintura mexicana, encontramos el documental En trazos de vida. Son de Rina y Bustos, dirigido en 2011 por la prolífica directora originaria de Ciudad de México, Busi Cortés. En las primeras tomas del documental recorremos el Metro Bellas Artes de la ciudad, donde se aprecia “El Mural de Bonampak”, una réplica de los frescos de la cultura maya, realizado por Rina Lazo con motivo de la puesta en marcha del tramo inicial de la línea 2; así como el mural “La Universidad en el umbral del siglo xxi”, que se encuentra en la estación Universidad de la línea 3, con una longitud de 55 metros cuadrados y que fue pintado por Arturo García Bustos en 1989. Así nos son presentados ambos protagonistas de este son visual. La pintora guatemalteca Rina Lazo Wasem, arraigada en México, participó como ayudante en numerosos murales de Diego Rivera, y el muralista mexicano discípulo de Frida Kahlo y de María Izquierdo, Arturo García Bustos, cruzan sus caminos pintando y terminarán por compartir una visión pictórica y el ideal de construir un mundo nuevo; y así pasan la vida entera.

Los dos nacieron como pintores con el muralismo mexicano. Con este documental recorremos zonas de la ciudad habitadas por el arte muralista, así como por la obra de caballete de ambos y la casa estudio que compartieron en Coyoacán, en el barrio de La Conchita, en la casa conocida como “la Casa Colorada”, que más tarde fue adaptada por su hija Rina como galería de arte. También recorreremos algunos escenarios que los acompañaron durante su vida y obra, incluidos la célebre Casa Azul y los murales de Diego Rivera: en algunos de ellos aparece pintada Rina. Un episodio especialmente entrañable es el ocurrido en el 68, cuando Rina firma un manifiesto y termina presa, recorriendo seis cárceles, que incluyen Lecumberri, donde coincidió con varios compañeros del Partido Comunista; Rina sólo pedía papel y lápices y jamás dejó de dibujar.

Durante todo el recorrido por la obra y la ciudad de la pareja nos acompaña la música de un fantasmal piano desafinado, música original y arreglos hechos por Alina y José Amozurrutia.

García Bustos muere seis años después de la realización de este documental y, al poco tiempo, en 2019, muere Rina.

En 2022 su mural Xibalbá, el inframundo de los mayas, última obra que la artista realizó, se exhibió durante unos meses en Bellas Artes, lo que la convirtió en la primera mujer muralista en entrar al máximo recinto cultural del país.

La revuelta de las batas blancas, 45 años después

Dirigida por Alejandro Albert en 2009, la película comienza con material fílmico de archivo que nos muestra pedazos de realidad de antaño. En las primeras imágenes veremos la ciudad recorrida por manifestantes vestidos todos de blanco sosteniendo pancartas. Una de las más representativas dice con enormes letras: “Prensa libre de México ayúdanos diciendo al pueblo la verdad”. Imagen que choquea por su vigencia, años y años después.

Este movimiento médico del que casi nadie habla ya comenzó en 1964, en protesta por la incapacidad de los políticos formados en el régimen de hacer frente a una sociedad nueva, y el hecho de la falta de apoyo del gobierno a la salud de los mexicanos.

El pietaje ilustra los últimos días del sexenio de López Mateos, cuando arranca el movimiento de los médicos. López Mateos creó el issste en el 59. Existía ya la estructura médica del imss y la Secretaría de Salubridad, que tuvieron gran crecimiento y dieron origen al desarrollo de las especialidades médicas. En 1964 ya había en el país alrededor de cinco mil médicos residentes e internos.

El médico era el sector más concientizado: estaba curando la salud de una población hambrienta y sin los insumos elementales. El maestro y el doctor eran adorados por el pueblo en esa época, a diferencia de la actualidad, porque existía una vocación más de servicio que de mercado, pero no había una adecuación a los trabajadores de la salud en términos de salario: la residencia estaba mal, las condiciones higiénicas de las cocinas de los comedores eran terribles, los sueldos no alcanzaban para tener un solo trabajo... Estas circunstancias laborales de los médicos públicos crearon las condiciones para eclosionar.

En el Hospital 20 de Noviembre, jóvenes médicos habían recibido un aguinaldo y otras prestaciones a las que tenían derecho. El subdirector negó dichas prestaciones. Esto derivó en la creación de la ammri (Asociación Mexicana de Médicos Residentes e Internos), quienes fueron directo al gobierno, ya que en los hospitales no los escuchaban. El presidente Díaz Ordaz tampoco dio una solución, y quiso mandarlos a un camino que habían recorrido ya inútilmente. Así, el movimiento estalló y devino en el Movimiento Revolucionario del Pueblo, en búsqueda de un cambio social para concientizar a la gente, cuando conectaron con Víctor Rico Galán, escritor de la revista Siempre!, y surgió el embrión de la nueva izquierda mexicana, que después de la década de los setenta tuvo presencia política en el país.

En este lúcido documental, la historia nos es narrada por varios de sus participantes mientras es ilustrado por imágenes de la gran magnitud que alcanzó este movimiento, que puede considerarse como un antecedente del 68. Nos deja un extraño sabor a olvido, a la memoria perdida de las ciudades, que —paradójicamente— parecen estar viviendo la misma historia una y otra vez...



*Fotógrafa y escritora. Originaria de la Ciudad de México, ha colaborado en varias publicaciones, algunas ya desaparecidas, como El Huevo, Viceversa, Complot, El Semanario de Novedades, Etcétera y otras. La fotografía es su luz, y la escritura, su sombra.

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