La fundación de Tenochtitlan

Conmemorar
el espacio que
habitamos

Celebrar que hemos sido ciudad es una reflexión sobre el pasado compartido, la crítica participativa de las formas en las que aprendimos historia y el planteamiento de un ecosistema posible para navegar la diversidad, para sabernos y sentirnos comunidad.

Conmemorar 700 años de la fundación de Tenochtitlan no tiene que ver, solamente, con la precisión cronológica de un aniversario, ni con la minuciosa reunión de fuentes que puntualmente comprueben un hecho. Además de ubicaciones en el tiempo, histórico y mitológico, para el inicio de la urbe y el altépetl México-Tenochtitlan, nuestra exposición instaura un relato en clave femenina. Aquel origen abre con una pugna entre Huitzilopochtli, deidad solar, confrontando a su hermana, Coyolxauhqui, primera hija de la diosa madre Coatlicue y representante de la Luna.

Para ello acudimos a explicaciones académicas sobre el concepto mesoamericano que marca la fundación o inicio de un sitio, la mayoría escritas por mujeres. Este discurso en clave femenina revela adaptaciones para operar el calendario, sitúa a una estirpe gobernante imbricada en una tradición y permite observar el tejido de una compleja narrativa para situar a las principales deidades mexicas dotadas de su contraparte observable en el firmamento en un momento específico. Dentro de la regularidad y estricta duración de los calendarios mesoamericanos ocurrieron algunos acontecimientos cósmicos para los cuales no había cálculo posible y para cuyo rastro astronómico la astrología del universo mexica debió urdir un relato. Tal es el caso del eclipse total de Sol ocurrido en la primavera de 1325 e.c. (era común) y que hoy, en 2025, da lugar a necesarias reflexiones sobre las mujeres como portadoras de tradición y cultura para conmemorar 700 años de la ciudad que somos.

Tenemos así 20 pretextos para abrir un foro amplio sobre la instauración de aquella ciudad capital, sus lecturas y memorialización en la actualidad. Son 20 apuntes, como los días en uno de aquellos meses del México antiguo, que reexaminan supuestos y omisiones patriarcales para enriquecer el diálogo sobre nuestra identidad y cultura.

Memoria Histórica, agn

Coyolxauhqui, ca. 1456-1521.
Ver video

Desde hace varias décadas, los habitantes de la Ciudad de México que acudimos a su Centro Histórico nos encontramos con un conjunto escultórico que representa un momento esencial para entender el espacio que heredamos. A un costado de los edificios del Gobierno de nuestra urbe, sobre la avenida Pino Suárez, se ubican las figuras de un grupo de humanos migrantes mirando el evento sagrado que marcó el final de un largo andar por tierras extrañas y difíciles. Tal evento inició una nueva etapa en la historia de sus culturas y alteró de forma irreversible la forma de observar y habitar la cuenca lacustre en la que este colectivo, representado frente a un águila sobre un nopal devorando lo que muchos consideraron como una serpiente, decidió quedarse a vivir.

La historia de esta representación escultórica conmemorativa, anclada en el Centro Histórico contemporáneo desde 1970, está basada en un amplio corpus documental que abarca registros arqueológicos, códices y mapas virreinales, así como crónicas manuscritas de tradición indígena en náhuatl y español que fueron redactadas entre 1580 y 1620. Sin embargo, para poder comprender el largo proceso que derivó en la fundación de esta ciudad, debemos reflexionar un momento sobre el cambio cultural que se expresó en la representación de la migración de un grupo humano que salió de un espacio primigenio sagrado. Este pueblo azteca, habitante de Aztlán, está representado en documentos pictóricos como la Tira de la Peregrinación y el Códice Azcatitlan; vivía en las proximidades de varias cuevas sagradas (Chicomoztoc) de un cerro viejo y encorvado (Teoculhuacan) cuando escuchó las instrucciones de su deidad, Huitzilopochtli (colibrí zurdo), para salir en busca de una tierra que habría de habitar después de aprender las artes de la caza y la guerra, del arco y la flecha, momento sagrado en el que fue nombrado como mexica.

Los mexicas celebraban cada 52 años la ceremonia sagrada del Fuego Nuevo: un momento en el que sus dos calendarios, el tonalpohualli (tiempo ritual de 260 días) y el xiuhpohualli (tiempo solar de 365 o 366 días), concurrían en su fecha de inicio. Según los registros de la Tira de la Peregrinación, un Fuego Nuevo coincidió con la llegada de los mexicas a poblar Chapultepec: un cerro con agua potable, tierra fértil, enormes ahuehuetes y fauna comestible, es decir, un lugar excepcional para fundar su nueva población. Pero otros pueblos nahuas que habitaban la región de los lagos desde tiempo atrás, como los tepanecas-azcapotzalcas y los culhuas, decidieron expulsarlos violentamente del Cerro del Chapulín, desalojo que fue dibujado por tlacuilos, especialistas en la antigua escritura nahua, con precisión en documentos como el Mapa Sigüenza o la misma Tira de la Peregrinación. El líder mexica Huitzilihuitl fue capturado y presentado frente al gobernante de Culhuacán, el tlatoani llamado Cozcotzin, quien sometió a una parte de los mexicas y los usó como sus guerreros cuando decidió atacar a otra población nahua sureña: Xochimilco.

Si bien la Tira de la Peregrinación termina su narración en este punto, cronistas nahuas novohispanos educados en la tradición cristiana española, como Domingo Chimalpahin o Hernando Alvarado Tezozómoc, transcribieron en sus manuscritos las versiones orales y visuales que las antiguas familias gobernantes relataban sobre la fundación de la ciudad. Tanto en las Relaciones de Chimalpahin como en la Crónica Mexicayótl, nos encontramos con el relato del sacrificio de una mujer sagrada realizado por los mexicas; se trataba de una cihuapilli hija del señor de Culhuacán, que provocó la ira del tlatoani y nuevas penurias para los mexicas errantes en las riberas de la cuenca de los lagos.

Según la narración, aun padeciendo hambres y carencias, el líder mexica Tenoch debió enfrentar la amenaza de otro hombre peligroso, Copil, quien fue finalmente sacrificado y su corazón enterrado en medio de un islote rodeado de las aguas de los lagos. Tras esta acción ritual, Huitzilopochtli habló nuevamente a los mexicas explicando a Tenoch el portento que se dio en ese lugar: del corazón de Copil brotó un nopal sobre el cual descansó un águila con el pico ensangrentado por lo que devora: una figura serpentina que, en el Templo de la guerra sagrada conservado en el Museo Nacional de Antropología y en otros códices de tradición indígena, es el atl tlachinolli: el agua quemada, símbolo de la vocación guerrera que habría de dar por inaugurada una era en la que florecería la gloria de la nueva ciudad: México-Tenochtitlan.

En la primera página del Códice Mendocino, nombrado así porque fue mandado a elaborar por el primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, para comprender el territorio ahora sometido a la Corona española, se representó a Tenoch presenciando el nopal y el águila rodeado de otros principales mexicas, espacio central del que parten canales de agua que se distribuyen hacia los cuatro rumbos del universo y su paisaje, encerrados todos por los glifos de 52 años. Este evento fue el hecho mítico que organizó la cosmogonía de la tradición nahua-mexica que, según las equivalencias propuestas, aconteció en 1325. Una representación que hoy en día nos invita a conmemorar reflexivamente el momento en el que los mexicas decidieron construir una ciudad que cambió para siempre la forma en la que los humanos nos relacionamos con el paisaje de la ancestral cuenca de los volcanes y los lagos.

Clementina Battcock
Dirección de Estudios Históricos – inah

Vestigios de la ciudad mexica

Si bien la ciudad mexica de Tenochtitlan fue destruida durante los inicios del gobierno de la Nueva España en el siglo xvi, a lo largo del tiempo se han conservado elementos arqueológicos, arquitectónicos y paisajísticos que nos permiten imaginar cómo era esa ciudad antigua, con sus templos —teocalli en náhuatl—, la representación artística de sus mitos y deidades, así como de sus canales de agua (de donde brotó el nopal del corazón de Copil sobre el que se posó el águila mordiendo el símbolo de la guerra), todo ello simbolizando una escena natural común a la vida urbana antigua de sus habitantes.


México-Tenochtitlan y los albores de la Nueva España

La lucha que se dio entre las tropas castellanas y aliadas contra los mexicas involucró a varios pueblos en la contienda. Los tlaxcaltecas, por ejemplo, estuvieron involucrados en la entrada del capitán Hernán Cortés en la ciudad de México-Tenochtitlan, en su huida durante la prisión de Moctezuma Xocoyotzin y en el asedio final contra los mexicas con embarcaciones en los lagos, episodios que fueron plasmados en el Lienzo de Tlaxcala. Este violento proceso fue el que dio lugar al mapa de Tenochtitlan atribuido a Cortés, así como a sus ordenanzas que organizaron el territorio de la isla y a su incipiente sociedad colonial. Testimonios de aquellas primeras décadas de dominio español pueden leerse en la Crónica de la Nueva España de Francisco Cervantes de Salazar, y por documentos alfabéticos en náhuatl, como el de la casa de Agustín López en México-Tenochtitlan de 1576, o el testamento de doña Luisa Isabel, que señala algunos pueblos al sur de la cuenca lacustre para finales del siglo xvi.


La Ciudad de México y los códices virreinales de tradición indígena

En 1535 se creó el virreinato de la Nueva España con la Ciudad de México como su capital. El primer virrey fue Antonio de Mendoza, quien ordenó una serie de documentos históricos y administrativos con el fin de conocer el entorno político, social y cultural de las regiones a su cargo. Con ese interés algunos tlacuiloque, artistas de la escritura prehispánica, crearon el Códice Mendoza, o Mendocino, que además de integrar abundante información basada en los productos que varios pueblos enviaban al antiguo gobierno de Tenochtitlan (posiblemente tomada del documento que hoy conocemos como Matrícula de Tributos), también incluía información calendárica e histórico-mítica sobre la fundación de la ciudad antigua. La etapa previa a esa fundación fue relatada en otro códice que aparentemente no fue terminado y que en nuestros días conocemos como Tira de la Peregrinación o Códice Boturini (llamado así porque formó parte de la colección del anticuario italiano Lorenzo Boturini en el siglo xviii). La Tira relata desde su primera lámina la salida de Aztlán y culmina con la guerra que Culhuacán declaró a Xochimilco en la que el tlatoani Coxcoxtli utilizó a los mexicas como guerreros y cautivos tras haber sido expulsados de Chapultepec, tiempo antes de fundar Tenochtitlan.

Otros tres documentos que poseen una composición estilística similar a la prehispánica son el Códice Azcatitlan, el Mapa Sigüenza y el Códice García Granados. El primero tiene una composición gráfica que informa sobre la salida de los pueblos nahuas del antiguo Teoculhuacan, además de las guerras libradas por los mexicas, una aparente referencia a la Excan Tlatoloyan —la Triple Alianza de Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan (Tacuba)—, a las guerras de conquista y a la evangelización cristiana de Culhuacán. Por su parte, el Mapa Sigüenza es una cartografía del siglo xvii que narra todo el proceso migratorio desde Aztlán hasta Tenochtitlan, incluyendo la expulsión de Chapultepec y la fundación de la ciudad gemela de México-Tlatelolco. El tercer documento, el Códice García Granados, es un manuscrito que reproduce a manera de genealogía la legitimidad de los gobernantes de la cuenca lacustre de México, sobresaliendo de un nopal los huei tlahtoque, gobernantes mexicas.

Por último, aquí se incluyen cuatro obras relacionadas entre sí por su forma de narrar la historia de México-Tenochtitlan: el Códice Ramírez, el Manuscrito Tovar, la Historia de las Indias de Nueva España e islas de tierra firme de fray Diego Durán y la Crónica Mexicana de Hernando Alvarado Tezozómoc, este último descendiente nahua virreinal de la familia de los huei tlahtoque. Estas cuatro obras fueron escritas en la segunda mitad del siglo xvi y poseen un discurso histórico similar sobre el ascenso del grupo mexica y el ejercicio de su poder político, militar y económico. Más allá de las relaciones sociales entre los escribas, los estudios históricos y antropológicos han propuesto que provienen de una historia más antigua, quizá de un códice prehispánico y/o de una tradición oral del antiguo grupo gobernante de Tenochtitlan, por lo que son consideradas parte de una compilación de documentos que Robert Barlow llamó Crónica X.


La Ciudad de México y los estudios históricos del siglo xix

Los primeros cien años de la historia de México como una República independiente se caracterizaron por las indagatorias de marcado interés nacionalista que varios historiadores hicieron del pasado prehispánico. Además de los controversiales, y algunas veces furiosos, debates sobre “la herencia histórica indígena y la española”, y sobre lo “mexicano”, diversos estudiosos se propusieron conocer más sobre los acervos documentales del “México antiguo” y replicaron en litografías y libros los antiguos documentos de tradición nahua que aún se conservaban.

Ejemplo de ello es la litografía de la Tira de la Peregrinación, impresa por Iriarte y Compañía, o la inclusión del Mapa Sigüenza en el Atlas Mexicano de Antonio García Cubas, con los comentarios de José Fernando Ramírez, curador del Museo Nacional, que también preservó algunos documentos rescatados durante la demolición del Convento Grande de San Francisco de la Ciudad de México en 1856, documentos que hasta hoy en día llevan el nombre de Códice Ramírez. Estos estudios del siglo xix son importantes para comprender el imaginario nacionalista que se ha plasmado en infinidad de obras artísticas tanto decimonónicas como de nuestra época contemporánea, como el Monumento a la Fundación de Tenochtitlan de Carlos Marquina, que se encuentra en la calle de Pino Suárez, a un costado del Zócalo de la Ciudad de México.


El 1325 de la era común (e.c.) es una fecha que se corresponde con 2 calli (2 Casa) en la cuenta de los días y el cómputo del tiempo divino de los mexicas. La migración desde Aztlán debió ocurrir en la segunda mitad del siglo xii (1168-1197 e.c.) y termina luego de tres ciclos calendáricos de 52 años. Es decir, 1353 si la cuenta comenzó en 1 tochtli (1 Conejo) o 1325 si la cuenta es 1 técpatl (1 Pedernal).

El evento cósmico elegido por los mexicas para ubicar el origen de su capital ocurrió probablemente en otra fecha; cercana, no obstante, y muy significativa. De acuerdo con arqueoastrónomos de la actualidad el 13 de abril de 1325, entre las 11 y las 17 horas, la Luna habría cubierto paulatinamente al Sol. Es entonces que debió celebrarse la fundación de México-Tenochtitlan.

La narrativa de aquel instante compone el mito del corazón de Copil del cual nació un nopal sobre el que se posó un águila devorando una figura serpentina (el glifo atl tlachinolli, agua quemada de la guerra) aunque en algunos códices aparece un pájaro pequeño.

El calendario mexica se interrumpió abruptamente en 1521 con la caída de Tenochtitlan, luego de un largo sitio y la imposición del calendario juliano que regía a los colonizadores españoles. Los ancestros mexicas tenían una unidad temporal de 260 días correspondiente a su ciclo sagrado y que funcionaba haciendo combinar 20 signos con 13 numerales (20 x 13 = 260). Este calendario ritual se llamó tonalpohualli entre los aztecas o “cuenta de los días”. De la combinación del tonalpohualli y del cempohuallapohualli (este último formado por 18 meses de 20 unidades cada uno y al que se sumaban cinco días nemontemi o de reflexión y recogimiento) se extrapolaba una tercera cuenta, el xiuhtlapohualli (cuenta de los años), que formaba el ciclo mayor, o “siglo”, de 52 años.

Los mexicas calcularon esos ciclos observando repeticiones en la posición relativa que su mundo guardaba respecto al sitio en el que aparecían sobre el firmamento el Sol, la Luna y Venus. Tlahuizcalpantecuhtli o huei citlallin (Venus) daba 13 giros en la Tierra cada ocho años; la Luna (Metztli) circula el mundo cien veces en el mismo periodo. Esas órbitas fueron advertidas como armónicas por los antiguos mexicanos. De ello derivaron estructura y consonancia para su calendario.

El año correspondiente con nuestro calendario a 1325 es una fecha fijada por el tlatoani Itzcóatl y constituye una historiografía mexica, es decir, el modo en el que los tenochcas cuentan su historia e imponen esa narrativa a sus pueblos vasallos. Esos anales narran la marcha errante saliendo de Aztlán en el año 1 Pedernal (1064). Sufrieron penurias e incertidumbre durante cinco periodos de 52 años. Al cabo de esos 260 años, en el año 2 Casa fundaron la ciudad de México-Tenochtitlan. En otro año 1 Pedernal (1428) se independizaron de la dominación tepaneca que los recibió al terminar su migración y, luego de un levantamiento militar dirigido por Itzcóatl, comenzaron la expansión que los convirtió en ese imperio al que enfrentarán los españoles en el año 1 Caña (1519).

Sin embargo, lo que hoy llamamos Ciudad de México, poblaciones diseminadas en islotes y orillas del gran lago, estaba formada por diversas culturas (Azcapotzalco y Culhuacán, entre otras) que tenían sus propias fechas y narrativas fundacionales.

Memoria Histórica, agn

Fundación lunar

Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México

En su Mensaje para los 500 años de Resistencia Indígena, del 15 de agosto de 2021, en la Magdalena Mixiuhca, la entonces Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, apuntaba que hay una reflexión oportuna y necesaria para considerar cuando se piensa en toda conmemoración. La hoy presidenta apuntó: “Es muy difícil decir que México-Tenochtitlan nació en 1525 —como se conoce hasta ahora— porque es el momento en donde llegan, justamente, al centro del lago; no se puede decir que en un año particular nació una ciudad, por eso nosotros decimos que son Siete Siglos de Historia. Y, conmemoramos hoy, aquí, lo que llamamos la Fundación Lunar; y, ¿por qué lunar? Porque la Luna representa a la mujer, precisamente en esta lucha entre Huitzilopochtli y la Coyolxauhqui —que eran hermanos— y que, en realidad, Huitzilopochtli tira a Coyolxauhqui por las escaleras después de una pugna entre los hermanos”.

Ambas han de cobrar relevancia, del mismo modo que la vida tiene al menos dos narrativas, una masculina y otra femenina. Aquella fundación selene sucedió cuando (según la Crónica Mexicayótl de Alvarado Tezozómoc) “la señora Quetzalmoyahuatzin” dio a luz en el pueblo de Mixiuhca a un hijo llamado Contzallan, el primero de los culhua-mexica.

00:00
00:00
Coyolxauhqui, ca. 1456-1521.
Coyolxauhqui, ca. 1456-1521.

Tenochtitlan

Dr. Leonardo López Luján, inah

“La pirámide está dotada en su fachada principal de una escalinata de trece peldaños acotada por alfardas de doble inclinación. Sobre ellas se esculpieron recipientes sacrificiales —uno de águila y otro de jaguar—, así como los años 1-Conejo y 2-Caña que rememoran el desplazamiento de la celebración del Fuego Nuevo de 1506 a 1507. Las fachadas laterales poseen las efigies divinas de Tláloc, Tlahuizcalpantecuhtli, Xiuhtecuhtli y Xochipilli, mientras que la trasera está ocupada por el emblema de Tenochtitlan, en el que el águila se posa en un nopal sujetando con su pico el símbolo de la guerra. La pirámide está coronada por una capilla donde el dios patrono, Huitzilopochtli, y Moctezuma II se autosacrifican ante un Sol calificado con la fecha de la quinta era y una Tierra reptiliana flanqueada por rodelas y haces de dardos. Los costados de la capilla tienen las fechas 1-Pedernal y 1-Muerte que aluden a Huitzilopochtli y Tezcatlipoca, en tanto que el techo posee una bola penitencial y un 2 Casa (1325), año de fundación de la capital mexica” [López Luján, s. f.]

Recurso digital

Dr. Patrick Johansson, iih-unam

El momento de la fundación de Tenochtitlan está en “la atemporalidad utópica del mito”. De acuerdo con Johansson (2016), la sabiduría indígena precolombina no consideraba la historia como nosotros y el valor constitutivo fundacional del origen náhuatl no requiere un espacio ni tiempo precisos. Su gestación es narrativa y mitológica, es decir, sirve a una hegemonía y no a la labor histórica como la concebimos hoy en día. La Plaza de la Fundación fue inaugurada el 13 de septiembre de 1970, situada entre el edificio de la scjn y el ddf, tiene un conjunto escultórico obra de Carlos Marquina que describe el instante en que los Mexicas en migración desde Aztlán finalmente hallan el prodigio que les advertía cuál habría de ser sitio para construir su morada. Tres hombres, una mujer y un niño señalan hacia el nopal donde un águila devora a la serpiente. Descansa sobre un mosaico que alude al pasaje en el Códice Mendocino donde se ilustra aquel mismo momento. Al inaugurar el tramo subterráneo para la línea 2 del Metro, de Tacuba a Pino Suárez, Gustavo Díaz Ordaz develó también este monumento.

Hermanos Mayo - Sin título.

Recurso digital

Mtra. Patricia Ledesma Bouchan, Museo del Templo Mayor-inah

"Si bien muchas poblaciones en el mundo cuentan con mitos fabulosos sobre sus fundaciones, el de México-Tenochtitlan es sobresaliente por su elaborado relato pleno de iconos de la religión mesoamericana. Después de varios años de periplos guiados por su dios Huitzilopochtli, éste les avisa que han llegado a su destino. Años antes había enviado matar al maledicente Copil y que arrojaran su corazón entre los tulares. El corazón había caído en una piedra sobre la cual creció un nopal '[…] tan grande y tan hermoso que un águila hace en él su habitación y morada […] encima de él extiende sus hermosas y grandes alas y recibe el calor del sol' (Durán, 2006, t. II, cap. IV). Es por ello que el topónimo de Tenochtitlan no sólo se acompañaba de la piedra y el nopal, sino de la espléndida águila real. Estos tres elementos son los iconos inequívocos de la ciudad mexica que modifican su topónimo a través de los tiempos, pero que alcanzó a sobrevivir para convertirse en el siglo xix en el símbolo de nuestro país."

Modelo del Escudo para la Bandera Nacional.

Recurso digital

Mtra. Ximena Chávez Balderas, Tulane University

Entre los hallazgos del Proyecto Templo Mayor destacan restos óseos y objetos para rituales funerarios llevados a cabo en el Templo Mayor de Tenochtitlan. A partir de 1978, en los depósitos asociados al monolito de la diosa Coyolxauhqui, se advierte que hay un incremento de sacrificios donde las víctimas provienen de regiones distantes. Es decir, en la puesta en escena ritual del pleito entre Huitzilopochtli y su hermana, hay un despliegue de ideología propia del estado azteca. De acuerdo con Chávez Balderas (2012): “Los sacrificados, al ser arrojados desde lo alto del templo, tendrían el mismo destino que Coyolxauhqui: la muerte y la desarticulación o dislocación corporal, yaciendo al pie del cerro [pirámide] donde nació victorioso Huitzilopochtli”, el dios solar de la guerra.

Coyolxauhqui.

Recurso digital

Dra. Ana Garduño O., Cenidiap-inbal

En su libro Conflictos y alianzas entre Tlatelolco y Tenochtitlan, Ana Garduño aborda la historiografía castellana que, basada en fuentes mexicas, cuenta la historia de aquel pueblo. Allí se cuenta por primera vez cómo todos los días hay una lucha entre las deidades, el Sol y la Luna, pugna entre hermanos divinos; la Luna allí es mujer, es Coyolxauhqui. Ése es un pleito mítico que luego se re-escenifica en Mixiuhca, donde dice la narrativa de la migración que ocurre un nacimiento fundamental. El topónimo de Mixiuhca significa “Lugar del Parto”. Escrita su Crónica Mexicayótl en 1609, Fernando Alvarado Tezozómoc, quien se reputa como “su nieto que soy de la persona que era el gran rey Moteunczomatzin el menor”, habla de Quetzal-Moyahuatzin, una princesa de origen culhua y mexica. Esa muchacha es hija de los pueblos que tenían la más larga y prestigiosa tradición de existencia en la cuenca y entre otros migrantes como los mexicas. A partir de entonces las mujeres quedan al centro de la historia de aquella nueva hegemonía; son ellas quienes transmiten la legitimidad para gobernar. Cuando los aztecas caminaban en busca de la tierra prometida, su dios patrono Huitzilopochtli ―también conocido como Mexitli― les dijo: “Ahora no os llamaréis aztecas, vosotros sois mexitin”. En la narración de la migración desde Aztlán Chicomoztoc, dice Garduño, “los aztecas ganan legitimidad, ello gracias al parto de Mixiuhca, el parto de Quetzal-Moyahuatzin, y el nacimiento Culhua, que es también el de lo Mexica”.

Crónica Mexicana de don Hernando de Alvarado Tezozómoc.

Recurso digital

Dr. Carlos A. Molina P., Memoria Histórica, agn:

“¿Sabe Hernán Cortés cuando conquista México-Tenochtitlan que la ciudad tiene casi 200 años y alguien le informa sobre su mito del origen? Pensemos que el principio de la narrativa nacional mexicana, la Conquista (1519-1523 e.c.), es además simultánea con el momento en el que el moderno oficio de la historia aparece en Europa y cobra conciencia de sí mismo como campo.”

Dr. Martín Ríos Saloma, iih-unam

“Es improbable que conozca esa profundidad o que le signifique nada… pero desde entonces América funciona como un espejo de España y nos necesitan para reconocerse… La cultura política del reino de Castilla perfiló la conquista de Hernán Cortés en Tenochtitlan hace 500 años... El inicio del altépetl Tenochca es un hecho reciente y debido a la mirada que compartimos con el reconocimiento a los pueblos originarios…”

Histoire mexicaine, dit Codex Azcatitlan. Páginas 12 y 13.

Recurso digital

Dra. Emily Umberger, University of Arizona

La justificación de propiedad y demostración de legitimidad cambian radicalmente entre esos dos siglos calendáricos mesoamericanos que hay antes de 1521 y después. Mientras que durante la hegemonía azteca, “entre la palabra del gobernante (tlahtoque) y la confirmación en la mitología y fábulas de los viejos (huei tlahtoque)” hay alegorías paradigmáticas y fechas específicas en las que el diálogo entre lo cotidiano y lo divino ha de entablarse, usando para ello la personificación y performance de los ixiptla que encarnan a deidades en un proceso que reúne pasado mítico con presente político. Cincuenta años después, en un recurso para reclamar propiedad, radicalmente distinto y del que se sustenta este documento legal fechado el 23 de marzo de 1571, Agustín López, su autor, presenta ante el ministro de Justicia a Gaspar de Aquino y Pablo Juárez para que sirvieran de testigos a lo que declaraba. López intenta demostraciones a partir de mediciones y zonas limítrofes sobre un plano de traza cuadrangular.

Ordenanzas de Hernán Cortés.

Recurso digital

Dra. Susana T. Pedroza D., iij-unam

“[…] los nuevos valores proclamados por el humanismo, en los que la ‘ciudad’” —y hacia los cuales se orientará la Ciudad de México, que paulatinamente deja atrás a la Tenochtitlán conquistada y al sitio mítico al que arriban las Siete Tribus en la mítica fecha del 2 Calli—, “se entenderá como el marco de la vida del hombre, como civitas”, en consecuencia es radical la distinción en la idea de ciudad y su naturaleza jurídica. “De 1521 a 1523 se realizaron trabajos de traza, dirigidos por un soldado de Hernán Cortés que tenía conocimientos en topografía, de nombre Alonso García Bravo [...] Como evento jurídico, el escudo de armas de la Ciudad de México fue concedido por Carlos V de Alemania y I de España el 4 de junio de 1523 a solicitud de Hernán Cortés. Cuando el rey español concedió tal honor, se refirió a estas tierras como ‘Ciudad tan insigne y noble y el más principal pueblo’ […] Las sedes de las máximas autoridades de la Colonia se establecieron frente a la Plaza Mayor, en los antiguos palacios de Axayácatl y Moctezuma […]” [Pedroza, 2021].

La ciudad de Tenochtitlan (fs. 7-12).

Recurso digital

Dr. Martín Ríos Saloma, iih-unam

Fundada dos siglos atrás y sobre una lógica de dominación, la ciudad de México-Tenochtitlan se pensó siempre como un islote inexpugnable. “Fue la experiencia castellana de la guerra de sitios la que se impuso para llevar a cabo el sometimiento de la capital mexica [en 1521]. […] en la célebre Noche Triste las canoas dificultaron enormemente la huida de los cristianos ―Bernal Díaz recuerda una laguna ‘cuajada de canoas’ (Díaz del Castillo, 1991: 382)― y que muchos de ellos murieron ahogados en el intento. Ello, naturalmente, llevó a Cortés a tomar conciencia de que para dominar la ciudad de México-Tenochtitlan era necesario dominar primero el lago. La única forma de dominar el lago era mediante la construcción de naves que tuvieran el tamaño adecuado para transportar los cañones, caballos y a un número suficiente de hombres, pero que al mismo tiempo poseyeran poco calado para poder navegar sobre aguas poco profundas [...]” [Ríos Saloma, 2020].

Mapa de Tenochtitlan.

Recurso digital

Esta y otras ciudades

Lic. Fabiola Ferman C., iie-unam/Oaxaca

El mapa de Nüremberg de 1524 nos permite un acercamiento a la visión española de México-Tenochtitlan. Hay “dos momentos cruciales para el mapa: el primero previo a su elaboración en la ciudad de Tenochtitlan, ya que estimamos que existe la posibilidad de que haya sido basado en un prototipo indígena; si efectivamente esta premisa se cumple, podríamos confirmar, a través de nuestro análisis de la imagen, que el mapa contiene representaciones con cargas simbólicas indígenas, ya que, aunque el mapa presente una plástica europea, sería una copia de uno indígena" (Ferman, 2022, p. 23). De acuerdo con Ferman, Friedrich Peypus editó en latín la segunda Carta de Relación de Hernán Cortés, dirigida a Carlos V, con el mapa de México-Tenochtitlan adosado. Aquella ciudad alemana reúne a los profesionales de la imprenta más hábiles de su época y a los artistas que manualmente añaden color a esas impresiones. Este documento cartográfico manufacturado por europeos habla de un espacio de tradición mesoamericana; quienes lo hicieron conocían el emplazamiento o vieron otros diagramas que lo describían.

Tenochtitlan.

Recurso digital

Dra. Magali M. Carrera, University of Massachusetts, Dartmouth

“Mirada la evolución de la práctica cartográfica en México para el siglo xix es necesario reconocer a Antonio García Cubas como autor, historiador y geógrafo. Mientras prepara el Atlas geográfico, estadístico e histórico de la República Mexicana (1858), admite la impronta de Humboldt y Terán en su trabajo, pero señala una tradición que pasa por Clavijero, Alamán y Prescott, hasta ubicar que en época precolombina seguramente hubo elaboración de mapas que servían no solamente como representación de puntos y distancias, sino también como dispositivos mnemónicos para contar una historia…”

Atlas Mexicano, por Antonio García Cubas.

Recurso digital

Dra. Patricia Pérez-Belmont, Facultad de Ciencias-unam

Situando su origen dos siglos, de 52 años cada uno, antes de constituir la Triple Alianza en 1428, los mexicas lograron adaptarse al fango desde un islote en la sección occidental del lago de Texcoco. Eventualmente convirtieron aquel cayo en México-Tenochtitlan, la capital fundada por Ténoch y sus correligionarios, materialización e imagen de su cosmos, a partir de cuatro barrios principales: Teopan, Cuepopan, Moyotlan y Atzacualco, ubicados de tal modo que se asociaban con las cuatro esquinas o rumbos del universo. Esa infraestructura que copia al orden trascendental y al entente político no habría sido posible sin el cimiento, desarrollo tecnológico autóctono, urdimbre y método de cultivo que supone la chinampa. Ese armazón sobre el que se siembra o construye en náhuatl significa “en la cerca de cañas.” La doctora Patricia Pérez Belmont amplía este concepto: “[Las chinampas] no son sólo una técnica agroecosistémica productiva y sostenible, sino que también son representativas de la cultura azteca y llevan el legado de los pueblos indígenas que nos enseñaron a relacionarnos con la naturaleza, ser parte de ella y convivir con ella”, [Pérez-Belmont, 2022].

The floating gardens of Xochimilco.

Recurso digital

Dra. Ivonne del Valle W., University of California-Berkeley

“Cervantes de Salazar propone la transición de la conquista al establecimiento de un orden colonial a través de la urbanización y la creación de instituciones. El dominio del estado español y la formación de sus ciudadanos ‘legítimos’ se funda, sin embargo, en un desinterés respecto al conocimiento indígena […]. En 1554, Cervantes de Salazar publica en la ciudad de México una serie de ejercicios en latín escritos por Luis Vives a los que agrega siete diálogos de su propia autoría […] tres se refieren a la ciudad de México y constituyen la obra ahora conocida como México en 1554, separada del corpus con el que se publicó originalmente para ser leída no como un ejercicio de latín, sino como panegírico del temprano urbanismo colonial en y para el Nuevo Mundo […].” Aunque la tecnología para el manejo del agua estaba ya bastante desarrollada entre otros pueblos de la región, para cuando los tenochcas llegan a convertirse en un nuevo imperio, su poder y organización política les permitió construir un complejo sistema para el control de los elementos acuáticos.

Crónica de Nueva España, 1554.

Recurso digital

Dr. Leonardo Santoyo Alonso, Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas (buaz)

Esta imagen en particular está entre los documentos que consultará Alfredo Chavero, coleccionista de joyas bibliográficas, y que empleará en su Fundación de México Tenochtitlan. Apuntes viejos de bibliografía mexicana (publicado hasta 1903) y en la Historia antigua y de la Conquista que entrega a Vicente Riva Palacio para la primera edición de México a través de los siglos en 1882. Su autor, Jean Baptiste Bourguignon d'Anville (París, 1697-1782), fue un cartógrafo francés que mejoró la precisión en la factura de mapas cuya intención era acompañar narrativas históricas. La elabora en coautoría con Tomás López de Vargas Machuca (1730-1802), su grabador, prominente cartógrafo español. Allí se inicia “la concepción del nómada en los primeros siglos de contacto europeo, representados en mapas, crónicas y relaciones […] una visión destinada a la asignación de un territorio ocupado por gente “bárbara’” [Santoyo Alonso, 2023, p. 90].

“Environs du lac de Mexique”.

Recurso digital

Sobre el eclipse de 1325

Dr. Jesús Galindo Trejo, Instituto de Investigaciones Estéticas, iie-unam

“La fecha del eclipse puede ser confusa porque sucedió en un momento en el que el calendario vigente era el juliano (Julio César en el año 46 a.C. lo implantó), que estaba desfasado debido a que el año solar se definió en esa época como de una duración de 365.25 días, y aunque se utilizaba la corrección bisiesta cada cuatro años se contaban de más unos minutos cada año. La duración del año solar (llamado año trópico) es de 365.2422 días. Así que para 1582 los astrónomos del papa Gregorio XIII le informaron que era necesario introducir una corrección al calendario porque se habían contado de más 10 días respecto al año trópico. En octubre de 1582 se decretó esa corrección que aparentemente hizo que el calendario "perdiera" 10 días. Por ejemplo, la caída de Tenochtitlan sucedió el 13 de agosto de 1521 en el calendario juliano, pero sucedió el 23 de agosto de 1521 en el calendario gregoriano que es el que hoy nos rige. Para siglos hacia atrás y hacia adelante de 1582 esa corrección variará. En la actualidad, el desfase ha alcanzado 13 días. Para el siglo xiv, que es cuando sucedió el eclipse de la fundación, el desfase era de ocho días. Los astrónomos calculamos los eventos antes de 1582 en calendario juliano, y a partir de 1582 en gregoriano. Como este asunto es técnico y de conocimiento no generalizado se prefiere indicar fechas de acuerdo con el calendario actual. La fecha del eclipse de 1325 en los cálculos de nasa aparece como el 13 de abril (en juliano), pero para que se ajuste en nuestra cuenta del tiempo actual se han sumado los ocho días, lo que nos lleva al 21 de abril. Como en la propuesta se hace referencia al paso cenital del Sol el 17 de mayo realmente conviene poner todo en calendario actual o gregoriano. Mi propuesta sobre la probable fecha de la fundación de Tenochtitlan toma en cuenta a la Astronomía, a la Etnohistoria de fuentes en náhuatl, a la Arqueología y a la estructura del calendario mesoamericano. Por supuesto, en los últimos años se han propuesto varias fechas, incluso la llamada oficial del 13 de marzo no está fundamentada, se le atribuye a Vicente Lombardo Toledano en 1925, quien era funcionario del ayuntamiento de la Ciudad de México. En el libro de Luis Castillo Ledón, quien expone la información histórica de la fundación, se refiere al año 1325 juliano, aparece una corta autorización del ayuntamiento para la publicación de dicho libro. La autorización está fechada el 13 de marzo de 1925. Pero el autor del libro no presenta ningún mes ni día de la fundación. Sería interesante confrontar todas las propuestas. De cualquier forma, según los historiadores no existe ningún documento que dé explícitamente la fecha de la fundación.”