
La guerra “lo ha revuelto todo”, diría la poeta Alfonsina Storni escribiendo en 1919 desde Buenos Aires para referirse a la Primera Guerra Mundial. “La participación de la mujer en las más áridas tareas masculinas”, ineludible al haber tomado los varones las armas, había demostrado su capacidad para contribuir a la vida económica y a la acción pública, al grado que, consideraba Storni, el feminismo “empezaba a perder su sentido curioso y grotesco”, e incluso a adoptar “cierto carácter popular”. Sus reflexiones en la prensa argentina buscaban normalizar la presencia de las mujeres y del feminismo en el espacio público y se sumaban a una emergente república de las letras femenina de la que también formaban parte las mexicanas.
En México las cosas se habían revuelto desde la primera década del siglo xx. En 1907 obreras textiles, como las hermanas María del Carmen y Catalina Frías, aliadas al Partido Liberal Mexicano, demandarían sus derechos laborales. A este partido también se integrarían mujeres como Juana Belén Gutiérrez de Mendoza y Elisa Acuña Rosseti, quienes fundaron el periódico Vésper en Guanajuato en 1901, uniéndose así a la creciente opinión pública contra la “tiranía y el servilismo” del gobierno de Porfirio Díaz y continuando una tradición de prensa hecha por mujeres, que existía desde que Rita Cetina Gutiérrez editara La Siempreviva en Yucatán durante 1870-1872, y surgiera en 1873 la revista semanal Las Hijas del Anáhuac. Ensayo Literario, elaborada en la Escuela de Artes y Oficios para Mujeres de la Ciudad de México. Su primer número anunciaba: “ya no es mal visto que la mujer escriba”.
Al amparo de los esfuerzos de estas obreras y escritoras, en 1907 una joven guanajuatense comenzaría a trabajar fuera de su hogar. En medio de los obstáculos habituales para las mujeres, quizá ni ella misma imaginó entonces que se convertiría en una de las profesoras más destacadas de México: Elena Torres Cuéllar.
En 1907 Elena Torres cumplía 14 años y, gracias a sus estudios de contabilidad y mecanografía, trabajaba en oficinas comerciales de Guanajuato para ayudar a su madre a sostener a su familia, dada la ausencia paterna. Al mismo tiempo, asistía a cursos en el Colegio del Estado. En 1909 se unió a la emergente comunidad de autoras en la prensa local; en sus propias palabras, allí reflexionaba sobre “el valor de la mujer que trabaja fuera del hogar, impulsada por la oposición de allegados y la poca consideración social del medio ambiente”.
Torres pasó los primeros años de la Revolución en Guanajuato. No pudo asistir a la Normal, pero gracias a sus estudios nocturnos presentó el examen para certificarse como profesora. Su primer nombramiento fue como directora de una escuela elemental de tercera categoría para niñas en el Mineral de Santa Ana, aledaño a la ciudad de Guanajuato. La propia Torres había nacido en una localidad también cercana, Mineral de Mellado, en 1893, y asistido a la escuela elemental. Así, sobre las bases de una educación municipal y estatal, y de una escritura de mujeres sostenida por la tenacidad feminista, Elena Torres inició una fructífera vida al servicio de la educación y el feminismo.
En 1915, como taquígrafa y profesora en la Casa del Obrero Mundial en su sede de Guanajuato, Torres desarrolló lazos con el movimiento de las y los trabajadores, y con el socialismo y feminismo en Yucatán. En el Primer Congreso Feminista de Yucatán en 1916 Torres leyó la ponencia de Hermila Galindo, quien trabajaba con Venustiano Carranza, Primer Jefe Constitucionalista, y no pudo asistir. En el Congreso se defendieron, entre otros derechos, el sufragio femenino, el divorcio y el control de la natalidad, ideas que compartía Torres.
Las nuevas pedagogías se hacían sentir en la península y Torres se unió a la experimentación con los métodos más novedosos. Entre 1917 y 1919 sostuvo en Yucatán una escuela inspirada en las ideas de María Montessori, destacando la libertad que se daba a niñas y niños. Además, Torres conoció la enseñanza racionalista que implementaba en Yucatán José de la Luz Mena, inspirada en la del catalán Francisco Ferrer i Guàrdia. Eran tiempos de encendido compromiso, con múltiples pedagogías que apostarían por la “escuela nueva”, centrada en “el niño”. En ese contexto, Torres buscaría siempre poner en valor la educación de las niñas y las mujeres.
Instalada en la Ciudad de México, en 1919, junto con María del Refugio García y otras mujeres, Torres fundaría el Consejo Nacional de Mujeres y más tarde el Consejo Feminista Mexicano, que se alió al Partido Comunista. También formó parte del Buró Latinoamericano de la Tercera Internacional, que fomentó la solidaridad entre trabajadoras de México y Rusia. Para finales de 1920, Torres ya se había distanciado de los partidos Socialista y Comunista mexicanos. Ella buscaba soluciones pragmáticas y consensuadas, y a veces encontró poca flexibilidad; además, para Torres era fundamental no dejar en segundo plano el feminismo, como ocurriría en el Partido Comunista. Sin embargo, sostuvo la labor del Consejo Feminista Mexicano, que establecería conexiones con Latinoamérica y los Estados Unidos.
Entre 1919 y 1921 Torres tomó cursos en la Escuela Nacional de Altos Estudios que en aquel entonces había redefinido sus objetivos con un marcado énfasis en la formación de docentes y la educación popular, lo que trajo una rápida feminización del estudiantado: las mujeres pasaron de ser el 15% en 1910 al 78% en 1926. Era un ambiente donde las disciplinas convivían. Torres también trabajó como preparadora en el laboratorio de biología del doctor Alfonso Herrera en la Universidad Nacional. Allí aprendió el amor por la ciencia y desarrolló su interés en la nutrición. A inicios de 1921 ya estaba impartiendo un curso en la Escuela Nacional de Enseñanza Doméstica.
Nombramiento de maestra de la Escuela Nacional de Enseñanza Doméstica. Firmado por Elena Torres, 1° de febrero de 1921.
Objeto DigitalEn mayo de 1921 el rector José Vasconcelos, el químico Roberto Medellín y Elena Torres pondrían en marcha un programa de desayunos escolares para el Distrito Federal, en principio organizados desde la Universidad y luego administrados por la Secretaría de Educación Pública (sep) al crearse ésta a finales del mismo año.
La experiencia de organizar los desayunos y llevarlos personalmente con su equipo todas las mañanas a las escuelas del Distrito Federal le dio a Torres una base muy sólida para su defensa de la nutrición y la salud, así como de la importancia de difundir estos conocimientos para una organización racional de la escuela y el hogar, cuestiones que desarrollaría ampliamente en las siguientes décadas.
Desayuno de escolares en la escuela “Gertrudis Armendáriz” en la colonia La Bolsa.
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Desayuno de escolares en el Jardín de Niños Anexo a la Escuela Justo Sierra en Tacubaya.
Objeto DigitalEn estos años Eulalia Guzmán encabezó la campaña de alfabetización y Esperanza Velázquez Bringas fungió como directora de Bibliotecas; fue un momento de apertura de opciones profesionales para algunas mujeres, si bien, como veremos más adelante, frecuentemente debían sortear resistencias.
En 1922, cuando el gobierno del general Álvaro Obregón aún no había sido reconocido por los Estados Unidos debido a las tensiones generadas por el artículo 27 de la Constitución de 1917, Elena Torres y sus compañeras del Consejo Feminista Mexicano: Eulalia Guzmán, Luz Vera, Aurora Herrera, María Rentería, Julia Nava de Ruisánchez y Elena Landázuri asistieron al Congreso Internacional de Mujeres Votantes en Baltimore, Maryland. En señal de la importancia que daban las feministas, y el Gobierno mexicano que había respaldado su viaje, a las buenas relaciones entre los dos países, las delegadas mexicanas entregaron a sus homólogas norteamericanas una bandera mexicana de seda bordada a mano y recibieron a cambio una enseña estadounidense.
Las delegadas mexicanas estuvieron de acuerdo con las estadounidenses en múltiples demandas feministas discutidas en el Congreso. Pero Torres y Landázuri fueron más allá: insistieron en que no podían transigir con los intereses imperialistas de las mineras y petroleras norteamericanas en México y que había que defender los derechos de las y los trabajadores. Su intervención enfatizó que el feminismo no podía ser ajeno a las múltiples desigualdades y opresiones sociales, económicas y políticas al interior de los países y entre ellos. Las norteamericanas no respaldaron estas propuestas.
“La Conferencia Feminista de Baltimore se clausuró ayer”, Excélsior, 23 de abril de 1922.
Objeto DigitalCon todo y las tensiones, durante las reuniones se conformó la Liga Panamericana de Mujeres y Torres resultó elegida representante de México. Como tal, en colaboración con sus compañeras del Consejo Feminista Mexicano, Torres organizó el Primer Congreso Feminista de la Liga Panamericana de Mujeres en mayo de 1923 en la Ciudad de México.
Lista de los nombres de las delegadas que concurrieron al Primer Congreso de la Sección Mexicana de la Liga Panamericana de Mujeres.
Objeto DigitalEn todas estas reuniones, las feministas defendían la educación de la mujer, y en especial la necesidad de que, independientemente de su origen social, se formaran para ser económicamente independientes.
Como veremos en las siguientes salas, Torres aplicó estas ideas de manera innovadora para las mujeres campesinas. Si bien la enseñanza de la economía doméstica que propugnaba Torres reproducía un rol tradicional de las mujeres en el hogar, que ya se había promovido en el Porfiriato, también buscaba proveer una base de emancipación para las campesinas, lo cual era novedoso. Racionalizar el trabajo doméstico e incluir actividades productivas en él (por ejemplo, la cosecha de un huerto o la fabricación de conservas) buscaba proveer a las mujeres de recursos no sólo para su familia sino también para sí mismas. Estos objetivos quedaron plasmados en su trabajo con docentes, así como en múltiples textos, incluido el libro publicado por la sep en la década de 1930.
Elena Torres, Principios de economía doméstica para ayudar a las maestras rurales, Secretaría de Educación Pública, México, 1930, 59 pp.
Objeto DigitalLas Misiones Culturales se crearon para formar docentes rurales y fueron uno de los programas más conocidos de la educación posrevolucionaria. Suelen asociarse a la idea del magisterio como apóstoles que llevaban luz a los rincones más escondidos, como ocurría con la exaltación vasconcelista de los antiguos misioneros. Se asocian también a las pedagogías de la Nueva Escuela, que en México tuvieron muy diversas fuentes, algunas de tendencias socialistas y radicales. Por ejemplo, León Tolstói y Rabindranath Tagore eran promovidos por Vasconcelos, mientras que normalistas como Eulalia Guzmán, Moisés Sáenz o Rafael Ramírez se referían a reconocidos pedagogos y psicólogos tales como Ovide Decroly, Édouard Claparède, Adolphe Ferrière y John Dewey. Ante las ingentes necesidades, ponían en práctica lo que sus ensayos y ambiciones iban inspirando, y las circunstancias les permitían, imprimiendo así su propio sello.
Poco se sabe, sin embargo, que la primera persona que concibió en la sep la idea de crear equipos de especialistas en distintos ramos para formar a las y los docentes rurales fue Elena Torres. Pragmática y creativa como era, mientras se encargaba de los desayunos escolares, diseñó un plan para una “Misión Cultural Experimental”.
Oficio en el que se comisiona a Elena Torres a desarrollar una Misión Experimental de Cultura Rural, octubre de 1923. [Página 135.]
Objeto DigitalEn aquel entonces existían los “maestros misioneros”, frecuentemente normalistas que se encargaban de buscar localidades dispuestas a abrir una Casa del Pueblo (luego llamada Escuela Rural Federal) y que las inspeccionaban una vez abiertas, pero que tenían poco tiempo para instruir a los improvisados docentes, de quienes se esperaba que organizaran huertos escolares, la crianza de animales y talleres de pequeñas industrias sin proveérseles de recursos. Torres pensó que hacía falta formarlos adecuadamente. Para ello propuso a la sep crear un equipo de dos maestros de escuela, un agricultor, dos albañiles, un carpintero, una enfermera-partera y la propia Torres como jefa de Misión. Este equipo abriría una escuela rural y formarían a sus maestros y a otros docentes de la zona. Su plan de trabajo, que fue aprobado, incluía la construcción de la propia escuela y de un taller para diversas actividades, dispensario, huerto escolar y gallinero.
Sin embargo, en medio de la violencia política y de intrincadas tensiones dentro y fuera de la sep, Vasconcelos cesó a Torres antes de empezar su Misión Cultural Experimental y sin aclarar los motivos. Torres lamentó la cancelación de su proyecto, pero no se amilanó. Consiguió que la Secretaría de Agricultura y Fomento la respaldara, con ayuda del Departamento de Salubridad y la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo. Laboró con su equipo desde noviembre de 1923 hasta marzo de 1924 en una localidad de 518 habitantes: San José (hoy Gabriel Tepeapa), en el municipio de Cuautla, Morelos, durante cinco meses. Allí, con el apoyo zapatista, levantaron una “Escuela de Campesinos Libres” abierta de mañana y tarde para los niños y por la noche para los adultos.
Elena Torres con integrantes de la Escuela de Campesinos Libres en San José, 19 de marzo de 1924.
Objeto DigitalTambién construyeron una casa modelo para familias campesinas como parte de un programa de “enseñanza doméstica” en el que los varones aprendían del albañil y el carpintero. Si bien este reparto de tareas mantenía una división del trabajo por género: ellos construían y ellas limpiaban y cocinaban, también remarcaba cómo el espacio doméstico no era sólo cuestión de mujeres.
A continuación, el equipo se instaló por otros cinco meses en Cuautla, impartiendo, entre otras, clases de higiene personal, obstetricia, puericultura y aplicación de inyecciones hipodérmicas por parte de la enfermera, para distintos públicos, incluyendo las escuelas de niñas: una estatal y una católica.
De las innovaciones de Torres, la primera fue la ya mencionada idea de crear un equipo de especialistas. La segunda fue la presencia de la enfermera que, además, ejercía como profesora de su especialidad. Así, el cuidado de la salud que introducía Torres en la educación rural correspondía con las demandas feministas por la puericultura y la higiene, e iba mucho más allá de las nociones básicas de higiene que contemplaban las Casas del Pueblo. Esto era particularmente importante dada la escasez de servicios de salud en el campo; aún no se habían creado el cuerpo de enfermeras visitadoras o la carrera de medicina rural. Su tercera innovación fue poner la enseñanza doméstica y la formación de las campesinas al centro, incluyendo una perspectiva científica de la nutrición.
Si bien no hubo recursos para reproducir la Misión Cultural Experimental de Torres, la admiración que generó su proyecto le valió la guía y recomendación de Concha Romero James, de la Unión Panamericana, para estudiar en el Teachers College de la Universidad de Columbia en Nueva York, así como para conseguir dos becas que le permitirían sostenerse durante 1924-1926.
Instalada en una institución que entonces enfatizaba la reforma social y buscaba fortalecer sus vínculos internacionales para promoverse como vanguardia educativa, Torres cursó la especialidad en educación rural con la reconocida profesora Mabel Carney como mentora, visitó múltiples escuelas y se familiarizó con el trabajo social, un ramo que tenía un considerable impulso y éxito en los Estados Unidos desde que Jane Addams abriera en Chicago, en 1889, la Hull House.
Después de cesar a Torres de la sep en 1923, Vasconcelos apresuró la formación de lo que llamaron “Misiones Culturales” y dio el crédito de esta iniciativa al diputado agrarista de Puebla, José Gálvez, en primera instancia, y al oficial mayor de la sep, Roberto Medellín, en segundo lugar. La primera Misión Cultural enviada por la Secretaría de Educación tuvo lugar en Zacualtipán, Hidalgo, nominalmente liderada por Medellín, pero en la práctica con el equipo de maestros a cargo de Rafael Ramírez. Así pues, en las historias de la institución, por mucho tiempo se reconoció a Vasconcelos, Gálvez, Medellín y Ramírez como creadores de las famosas Misiones Culturales, mientras que la iniciativa pionera de Torres, respaldada por la Secretaría de Agricultura y Fomento (descrita en la Sala 3), nunca era mencionada.
De Gálvez se sabe poco. De Medellín sabemos que él no pidió llevarse tal crédito. Y de Vasconcelos resultan reveladoras las palabras que le dedicaría Torres en sus memorias: “hacía cosas feas no tanto por maldad, sino por murria de muchacho consentido que nunca acabó de madurar”. Aun despojada de su crédito, Torres valoraba sus amistades y no tardó en reconciliarse con Vasconcelos; desde Nueva York, en 1924-1925, escribiría artículos sobre sus experiencias educativas en los Estados Unidos para La Antorcha, el semanario editado por el filósofo mexicano tras su renuncia a la sep. En 1929, Torres respaldó la candidatura presidencial de Vasconcelos, que propuso el voto femenino.
En 1926, ya con Calles en la presidencia y José María Puig Casauranc como secretario de Educación, Moisés Sáenz, siendo subsecretario de Educación, invitó a Torres a volver a la sep, esta vez para encabezar una Dirección de Misiones Culturales que estaba por crearse para reorganizar este servicio de forma más ordenada y sistemática. Torres aceptó, y si bien algunos relatos escatiman su papel, presentándola como mera ejecutora de los planes de Sáenz, lo cierto es que, por su experiencia y formación, así como por el respeto que le tenía el subsecretario, Torres rediseñó las Misiones con él. Además, en palabras de la propia profesora: “Una de mis proposiciones al Sr. Sáenz fue la de dar iguales oportunidades a las mujeres en los trabajos de las Misiones, con objeto de integrar un tipo de organización que respondiera ampliamente a las necesidades humanas. Fue así como en 1926 una de las Misiones tuvo por Jefe a Elisa de Acuña Rosseti, una mujer culta, que tomó parte en muchos actos a que dio lugar la revolución y con ideales bien definidos”.
De izquierda a derecha Samuel Pérez, profesor de pequeñas industrias, Raquel Portugal, trabajadora social, Elisa Acuña Rosseti, jefa de la Misión, Jesús Camacho Arce, profesor de educación física, y Albino R. López, profesor de Agricultura.
Torres dio un impulso decisivo a los cuidados de salud y las mejoras del hogar al conseguir que hubiera una trabajadora social en cada una de las Misiones. No se trataba meramente de abrir la puerta a las mujeres, sino de transformar la organización existente y sus objetivos para que ellas tuvieran un papel clave y distintivo, en este caso, favoreciendo las mejoras en el hogar e insistiendo en la educación “de la mujer como tal” que, a su modo de ver, había sido descuidada.
Bajo la dirección de Torres se organizaron seis Misiones para los estados de Oaxaca, Guanajuato, Tlaxcala, Puebla, Michoacán y Nuevo León. Se enfatizó la importancia de acudir a localidades verdaderamente rurales, no a capitales, y se extendió su duración a seis semanas con el plan de volver cada año para reforzar y ampliar aprendizajes.
Discurso dedicado a los maestros misioneros por el presidente de la Mesa Cooperativa de Pueblo Nuevo, 11 de junio de 1926.
Objeto DigitalEntre los paquetes de 80 libros que recibiría cada una de estas Misiones, había una considerable diversidad: muchos eran aún de la camada vasconcelista, como la obra de teatro Chitra de Tagore, sobre una princesa educada como guerrera, pasando por las Lecturas populares recopiladas por Esperanza Velázquez Bringas, hasta los volúmenes más prácticos como el Manual de Apicultura de Alfredo R. Anzaldúa.
Lista de los libros recibidos por Elena Torres para la biblioteca de la Dirección de Misiones Culturales.
Objeto DigitalLa historia de las Misiones también nos recuerda que las conquistas pueden ser reversibles y que los avances hacia la igualdad de género con frecuencia son parciales e intermitentes. En el mismo año de 1926 Torres tuvo que dejar la Dirección de Misiones Culturales tras las amenazas que recibió de Luis N. Morones, líder de la Confederación Regional Obrera Mexicana (crom).
Gracias a las recomendaciones de Mabel Carney, Torres se mudó a Saint Louis Missouri como trabajadora social con migrantes mexicanos. Tras su partida de la sep, Torres relataría que “las mujeres más inteligentes fueron desplazadas y sustituidas por personas que se sometieran en todo a las opiniones de los hombres y que no pudieran aportar ideas propias”.
Durante la década de 1930, Torres fue integrante del “Cuerpo Técnico de Educación Rural” de la sep, poniendo especial atención a la enseñanza doméstica y a la introducción de mejoras en la cocina, la habitación y el solar de los hogares campesinos. Al trabajar con Manuel Mesa Andraca, jefe del Departamento de Enseñanza Agrícola y Normales Rurales, Torres volvería a encontrar un interlocutor receptivo: con él “se obtuvieron nuevamente condiciones adecuadas y justas para que algunas mujeres inteligentes” contribuyeran a mejorar la educación de las campesinas.
“Trabajos realizados en relación con la educación femenina. La mujer”, s.f., pp. 8-10.
Objeto DigitalEn diálogo con Mesa, Torres y sus colaboradoras formularon los reglamentos para las ecónomas y las organizadoras rurales, así como los programas de economía doméstica de las Escuelas Normales Rurales. Cuando el presupuesto lo permitía, se recomendaba la contratación de una enfermera. Torres se encargó también de vigilar la implementación de estas políticas como inspectora durante las décadas de 1930 y 1940.
Se ha señalado que estos esfuerzos, al reproducir roles de género, desembocaron en la “modernización del patriarcado” y ciertamente hay mucho de eso: se busca sistematizar, racionalizar y volver más productivo y eficiente el papel de las mujeres, valorándolo, pero confinándolas a ciertos espacios y en roles subordinados. Sin embargo, conocer las luchas de Torres vuelve notorio que incluso esa revalorización limitada del papel de la mujer campesina requirió la dedicación incansable de muchas feministas y maestras.
Tras concluir la Segunda Guerra Mundial, Elena Torres recibió una invitación inesperada. El biólogo y divulgador de la ciencia Julian Huxley le envió un cable desde Londres para proponerle ser consejera en la Sección de Educación de la Comisión Preparatoria de la recién fundada Unesco. Huxley probablemente supo de Torres a través de las redes de especialistas del Teachers College en Columbia y de la New Education Fellowship (nef). Sin embargo, cuando Torres se presentó en las oficinas de la sep, tras largas esperas sólo recibió respuestas vagas o negativas. Cuando se apersonó en Relaciones Exteriores para obtener su pasaporte le dijeron: “Ayer la mandamos buscar a la sep y el secretario nos contestó que no la conocía”. En realidad, Jaime Torres Bodet, secretario de Educación durante 1943-1946, conocía a Elena Torres desde que ambos trabajaron con Vasconcelos en la década de 1920.
Registro de personal federal. Expediente de Personal Sobresaliente de Elena Torres Cuéllar, foja 69. [Página 30 del Pdf.]
Objeto DigitalSin respaldo de la sep, pero con ingenio, ahorros y amigos, Torres consiguió viajar a Nueva York. Las huelgas de astilleros en Inglaterra impidieron que siguiera la ruta marítima habitual del Queen Mary a Southampton, misma que en noviembre de 1945 habían tomado Jaime Torres Bodet y José Gorostiza para asistir a la fundación de la Unesco en Londres. Era también la ruta de los soldados estadounidenses volviendo a casa tras la guerra en Europa, pero cuando llegó Torres a Nueva York en junio de 1946 estaba detenida. Para no retrasar su llegada a Londres, y con ayuda del consulado inglés, Elena terminó tomando uno de los primeros vuelos comerciales, aún sin calendarios establecidos, de la Real Fuerza Holandesa. El viaje a Ámsterdam tenía escala en Canadá y Escocia y, finalmente, Torres tomó un vuelo de Ámsterdam a Londres. Toda una aventura.
Una vez en Londres, y luego en París, Elena Torres no sólo sería consejera, sino que además terminaría cubriendo algunas de las funciones del delegado Manuel Martínez Báez, puesto que éste atendía también reuniones para la formación de la Organización Mundial de la Salud (oms). Como médico e higienista con una especial preocupación por la cooperación internacional para la salud, era lógico que Martínez Báez, tal como comentaba con Jaime Torres Bodet en su correspondencia, en ocasiones diera prioridad a las reuniones de la oms sobre las de la Unesco. Así, fue Elena Torres quien lo reemplazó en sus ausencias y redactó sola la experiencia mexicana de las Misiones Culturales, en base a la cual se prepararía el primer Reporte de la Sección de Educación de la Unesco, con el título de “Educación Fundamental. Una base común para todos los pueblos”.
Carátula y página con los nombres del comité editorial y consejeros (donde aparece el nombre de Elena Torres) del primer reporte de Educación Fundamental de la Unesco, 1947.
Todos los consejeros y delegados convocados por la Unesco hubieron de describir las experiencias de sus países para intercambiar las mejores ideas y prácticas de educación fundamental en todo el mundo. En las reuniones preparatorias, donde hablaban preferentemente los delegados, Jaime Torres Bodet había destacado la importancia de las Campañas de Alfabetización; él mismo había organizado recientemente una en México, inspirado en la de su maestro Vasconcelos 20 años antes. Sin embargo, en las reuniones en París en 1946, fueron las Misiones Culturales las que llamaron la atención, probablemente ayudadas por el interés que habían generado desde sus comienzos entre intelectuales estadounidenses. Pero sobre todo interesaron las Misiones por el hecho de que se propusieron atender no sólo la lectura y la escritura, sino también la vida económica y la salud, difundiendo una serie de conocimientos básicos para su mejora. Esta atención conjunta a lo académico, económico y sanitario para todos los niños y adultos era justamente lo que se estaba definiendo en esos días en la Unesco como “Educación Fundamental”.
Más específicamente, la Unesco se proponía, sobre todo, funcionar como instrumento para la libre circulación e intercambio de conocimientos mediante grupos de expertos viajantes, de manera que la idea de las Misiones Culturales mexicanas de formar docentes a través de equipos multidisciplinarios, que como vimos había sido propuesta de Torres en 1923, resultaba idónea, como también lo serían experimentos similares de otros países. En su texto original para las reuniones de la Unesco, Elena Torres restauró la importancia de la Misión Cultural Experimental en Morelos en 1923-1924 antes de relatar la reorganización de las Misiones de 1926. A escala mundial no tenía tanto sentido mostrar estos detalles y el relato de las Misiones que quedó reflejado en el reporte final no los mencionó, pero en esta ocasión la omisión era equitativa: no se resaltaba la Misión organizada por Torres en Morelos pero tampoco la que la sep consagraría como la primera en Hidalgo. Esta versión fue la que daría a conocer las Misiones mexicanas internacionalmente.
Así pues, desde 1923 hasta las reuniones de la Unesco en 1946 y la publicación de su primer reporte sobre Educación Fundamental en 1947, el trabajo de Elena Torres como creadora y organizadora de Misiones Culturales fue central a nivel nacional e internacional. ¿Cómo es posible entonces que su labor haya sido tan poco reconocida?
Ni en la correspondencia entre Martínez Báez y Torres Bodet, ni en las memorias de este último, aparece mencionada Elena Torres. No es una falta de espacio, ni de caballerosidad. Ambos encontraron el tiempo y cuidado para elogiar la labor eficaz y entusiasta de sus secretarias en la Unesco: Paula Alegría (quien sería diplomática también), Rosario Abarrátegui, Ángeles Soler y Paulette Matthews. Torres Bodet incluso le dedicó unas líneas elocuentes a esta última: “Estaba al tanto de todos mis compromisos; redactaba excelentes cartas en francés y en inglés; sabía hasta qué punto debía cerrar o extender el arco de su sonrisa frente a los visitantes inevitables; tenía el don de volverme invisible para los empleados inoportunos y parecía adivinar el momento exacto en el que iba yo a requerir el auxilio de una aspirina o la pausa de un vaso de agua”.
Quizá el problema era que Elena Torres, con un estatus diferente al de las secretarias y como consejera contratada directamente por la Unesco, no estaba formalmente subordinada a los delegados mexicanos. Quizá tampoco tenía la sonrisa ni el vaso de agua listos y más bien esperaba, como vimos en la Sala 4, trabajar mano a mano. En cualquier caso, la omisión no parece inocente y ha tenido efectos. Se trata de un silencio que volvió mucho más fácil que la historia de la Unesco y de las relaciones internacionales omitiera el papel de alguien como Elena Torres, como aún lo hace mayoritariamente.
Jaime Torres Bodet como director general de la Unesco, 1° de noviembre de 1948.
El trabajo de Elena Torres como maestra, organizadora de programas, directora, consejera e inspectora en la sep, su experiencia de trabajadora social en los Estados Unidos y su activismo feminista tuvieron una importancia clave en la historia de la educación, la salud y el bienestar en México.
La historia y la voz de Elena Torres nos muestran que las iniciativas, creatividad y capacidad organizativa de las mujeres no sólo tuvieron obstáculos para expresarse, sino que, una vez que pudieron hacerlo, reaparecieron resistencias. Soslayadas, cuando no directamente excluidas, enfrentamos una historia extractivista que atribuye los fructíferos logros de las mujeres a sus colegas o jefes varones.
Pero, además, Torres nos sugiere que ganaríamos poco si reproducimos una historia de bronce ahora contada en femenino: grandes heroínas cuya excepcionalidad, real o mítica, quizá inspire por momentos, pero también limita la posibilidad de un relato más democrático. Al considerar la larga historia de las Misiones Culturales desde Cuautla hasta Londres y París, Torres va más allá de la lógica de padres de la Patria y destaca el carácter eminentemente colectivo de estos proyectos: “en realidad las Misiones Culturales fueron una obra importante desde los días de experimentación y esa obra estaba llamada a prosperar, pero no es un trabajo que alguien pueda adjudicarse, es tarea para incontables generaciones de gente”.
El medio de acción de Elena Torres siempre fue la educación, al tiempo que su mensaje y lucha central fueron fundamentalmente feministas: subrayó que la forma en la que se entendían “los móviles y el contenido de la civilización y la cultura” habían sido masculinos y por lo tanto “parciales y precarios por cuanto ve a su imperativo de universalidad”. Por último, a Torres le decepcionaba que las mujeres que conseguían unirse a la “obra pública” se dedicaran meramente a “imitar la acción masculina”. Para ella, poner en igualdad de condiciones a las mujeres era también una oportunidad para hacer una diferencia.
La Educación de la Mujer. Trabajo presentado por la Delegación Mexicana, Chile, 1934.
Objeto Digital
Agradecemos a las instituciones que facilitaron los recursos para la presente exposición:
Archivo General de la Nación
Archivo Personal Elena Torres, Biblioteca Francisco Xavier Clavigero, Universidad Iberoamericana, Ciudad de México
Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, shcp
Mediateca, inah
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco)
Secretaría de Cultura
Secretaría de Educación Pública
A Mónica Acosta, Tania Maquinay y a todo el equipo de la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero por sus atenciones durante la investigación y las facilidades otorgadas para la digitalización de los documentos del Archivo Elena Torres.
Al personal de Fototeca, Hemeroteca, Sala de Consulta y Digitalización del Archivo General de la Nación.
Investigación y guión: Ariadna Acevedo-Rodrigo, Universidad de Cambridge, Reino Unido, con financiamiento de UK Research and Innovation (ukri) bajo la Horizon Europe Funding Guarantee del gobierno del Reino Unido [G124706].
Director General
Carlos Enrique Ruiz Abreu
Titular de Memoria Histórica
Gabriela Pulido Llano
Dirección de Creación de Contenidos Digitales
Rubén Octavio Amador Zamora
Asistente curatorial e investigación en archivo
Karla Xóchitl Baltazar González
Edición
Rebeca Flores Gutiérrez
Dirección de Diseño y Estrategia Creativa
Mauricio Antonio Espinosa Azócar
Diseño y programación
Guillermo Salvador López Rocha