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¡Horrible asesinato! Espantoso parricidio
 
 

En 1880, Antonio Vanegas Arroyo fundó una empresa encuadernadora que, con el tiempo, se habría de convertir en una de las imprentas más populares de la ciudad de México a finales del siglo XIX y principios del XX. Los grabadores Manuel Manilla y José Guadalupe Posada se contaron entre los colaboradores. Las imprentas, y en especial la de Vanegas Arroyo, desempeñaron un papel fundamental en la recreación de una sociedad de fin de siglo, con sus costumbres y sus cambios.
A pesar de los altos índices de analfabetismo en el México de principios de siglo XX, los impresos que narraban cuestiones populares fueron bien acogidos por la sociedad mexicana.

Esta hoja contiene un escrito del 26 de enero en el que Adolfo Fenichio informa que los solicitantes fueron motivados por un “torpe tinterillo” a pedir el terreno, argumentando que tenían derechos; sin embargo, el abogado aclaró que dicha superficie formaba parte de un fundo piadoso en favor de la iglesia del barrio de San Francisco de Coyoacán y no como un terreno de común repartimiento.

 

Fenichio agregó que desconoce la naturaleza de la propiedad pero ya que él tenía en posesión el título de la misma, los interesados tendrían que demandarlo frente a los Tribunales del Distrito competentes para dicho asunto. Al terminar la copia del oficio se solicitó que los vecinos de San Francisco presentaran los títulos en que apoyaban su petición.

Las hojas sueltas o volantes, como la que aquí se exhibe, se vendían a bajo costo, lo que permitía su amplia difusión entre los “citadinos”.En espera de juicio, Manrique –señala la narración– “tiene horribles dolencias en todo el cuerpo, ha perdido la razón, llora y blasfema”, en una respuesta de “La Divina Providencia que premia lo bueno y castiga lo malo”.

 

De esta manera, los mensajes en estas historias tienen un tono moralizante: antes de que la autoridad civil aplique la justicia, la “Divina Providencia” ya castiga al asesino. La hoja cierra con un corrido, género ideal para transmitir popularmente las historias de la gente, que acentúa las consecuencias morales que habrá de sufrir Manrique: “Yo te aseguro y te digo/ Que de Dios vendrá el castigo”

 

En 1880, Antonio Vanegas Arroyo fundó una empresa encuadernadora que, con el tiempo, se habría de convertir en una de las imprentas más populares de la ciudad de México a finales del siglo XIX y principios del XX. Los grabadores Manuel Manilla y José Guadalupe Posada se contaron entre los colaboradores. Las imprentas, y en especial la de Vanegas Arroyo, desempeñaron un papel fundamental en la recreación de una sociedad de fin de siglo, con sus costumbres y sus cambios.
A pesar de los altos índices de analfabetismo en el México de principios de siglo XX, los impresos que narraban cuestiones populares fueron bien acogidos por la sociedad mexicana.

Esta hoja contiene un escrito del 26 de enero en el que Adolfo Fenichio informa que los solicitantes fueron motivados por un “torpe tinterillo” a pedir el terreno, argumentando que tenían derechos; sin embargo, el abogado aclaró que dicha superficie formaba parte de un fundo piadoso en favor de la iglesia del barrio de San Francisco de Coyoacán y no como un terreno de común repartimiento. Fenichio agregó que desconoce la naturaleza de la propiedad pero ya que él tenía en posesión el título de la misma, los interesados tendrían que demandarlo frente a los Tribunales del Distrito competentes para dicho asunto. Al terminar la copia del oficio se solicitó que los vecinos de San Francisco presentaran los títulos en que apoyaban su petición.

Las hojas sueltas o volantes, como la que aquí se exhibe, se vendían a bajo costo, lo que permitía su amplia difusión entre los “citadinos”.En espera de juicio, Manrique –señala la narración– “tiene horribles dolencias en todo el cuerpo, ha perdido la razón, llora y blasfema”, en una respuesta de “La Divina Providencia que premia lo bueno y castiga lo malo”.
De esta manera, los mensajes en estas historias tienen un tono moralizante: antes de que la autoridad civil aplique la justicia, la “Divina Providencia” ya castiga al asesino. La hoja cierra con un corrido, género ideal para transmitir popularmente las historias de la gente, que acentúa las consecuencias morales que habrá de sufrir Manrique: “Yo te aseguro y te digo/ Que de Dios vendrá el castigo”

 
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