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Destacado: ¡Horrible asesinato! Espantoso parricidio
 
 

En 1880, Antonio Vanegas Arroyo fundó una empresa encuadernadora que, con el tiempo, se habría de convertir en una de las imprentas más populares de la ciudad de México a finales del siglo XIX y principios del XX. Los grabadores Manuel Manilla y José Guadalupe Posada se contaron entre los colaboradores. Las imprentas, y en especial la de Vanegas Arroyo, desempeñaron un papel fundamental en la recreación de una sociedad de fin de siglo, con sus costumbres y sus cambios.
A pesar de los altos índices de analfabetismo en el México de principios de siglo XX, los impresos que narraban cuestiones populares fueron bien acogidos por la sociedad mexicana.

 

En esta hoja titulada “¡Horrible asesinato! Espantoso parricidio cometido por el infame Manrique en el pueblo de Zapotiltec”, se narra la historia en la que Manrique, “un pillo por completo/un miserable infelice”, dio muerte a su padre con un puñal e hirió a la madre. La narración se acompaña de un grabado que ilustra la escena del asesinato y bien puede apreciarse a dos curiosos personajes fantásticos con características zoomorfas, mismos que aparecen revoloteando sobre la escena y, detrás de Manrique, se aprecia una figura demoníaca que pareciera alentar al joven para que ataque a su madre. Esto se debía a que los textos se acompañaban de imágenes que contaban la historia que se leía en el impreso.

 

Las hojas sueltas o volantes, como la que aquí se exhibe, se vendían a bajo costo, lo que permitía su amplia difusión entre los “citadinos”.En espera de juicio, Manrique –señala la narración– “tiene horribles dolencias en todo el cuerpo, ha perdido la razón, llora y blasfema”, en una respuesta de “La Divina Providencia que premia lo bueno y castiga lo malo”.
De esta manera, los mensajes en estas historias tienen un tono moralizante: antes de que la autoridad civil aplique la justicia, la “Divina Providencia” ya castiga al asesino. La hoja cierra con un corrido, género ideal para transmitir popularmente las historias de la gente, que acentúa las consecuencias morales que habrá de sufrir Manrique: “Yo te aseguro y te digo/ Que de Dios vendrá el castigo”