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La muerte y el mito de Emiliano Zapata
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La muerte y el mito de Emiliano Zapata

El asesinato del Atila del Sur el 10 de abril de 1919 a manos del coronel Jesús M. Guajardo en la Hacienda de Chinameca supuso el fin de la lucha zapatista como quisieron hacer creer sus opositores a través de telegramas militares, la prensa gráfica usando la fotografía del cadáver de Emiliano Zapata tomada por José Mora Caracas y otros tantos fotorreporteros que hicieron registros de frente y de perfil de su cadáver para atestiguar la muerte del líder revolucionario. Sin embargo, su figura y su memoria son recordadas en el imaginario popular como un mito: desde los pronunciamientos por su asesinato hasta los corridos y las leyendas que se cuentan actualmente en Morelos.

En esta colección puede leerse un desmentido sobre la muerte de Zapata y un manifiesto de los jefes zapatistas firmado en 1919 a propósito de su deceso. Otros documentos constatan la permanencia de la gesta revolucionaria. Asimismo, Genovevo de la O, portavoz del zapatismo y de los veteranos revolucionarios del Ejército del Sur, renueva la imagen de Zapata; él dirigió una organización (Instituto Pro Veteranos de la Revolución del Sur) que otorgó beneficios, estímulos y recompensas a quienes acreditaron su participación en la lucha armada. La imagen del zapatismo, aunque ya canonizada por la fotografía de la época, se consagró en el grabado, en el muralismo mexicano, en la literatura y en el cine de la Revolución. Su actualización alcanzó los movimientos campesinos e indígenas de finales del siglo XX, de manera que podemos observar en algunos carteles del Ejército Zapatista de Liberación Nacional la vigencia de los preceptos fundamentales: libertad, justicia y dignidad para los pueblos oprimidos del país, que son las voces vivas de la lucha por la tierra y la autonomía.