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Mercados mexicanos
Portadilla de Mercados mexicanos

Mercados mexicanos

En México, los mercados son algo más que un simple espacio donde hacer compras. Asistir a ellos se convierte en una experiencia muy enriquecedora y colorida, llena de sensaciones y recuerdos. Es un intercambio continuo de saberes, de experiencias. A esto se agrega el bullicio de las personas, las preguntas, los cantos, los regateos, los gritos y los pregones. El impersonal acto de comprar se transforma y quedamos frente a la que ha sido considerada una de las instituciones más bellas y genuinas del costumbrismo mexicano, que sobrevive gracias a su vitalidad y a sus posibilidades de comunicación y de convivencia humanas.

Los mercados y tianguis de México tienen su antecedente en la necesidad del hombre de comerciar para satisfacer sus requerimientos básicos. En nuestro país esta actividad se remonta a la época prehispánica, cuando hombres de distintas regiones llegaban a puntos específicos en donde se llevaba a cabo el intercambio de productos que cada uno transportaba desde sus lugares de origen. Tal fue el caso del famoso mercado de Tlatelolco, considerado el más especial y extenso de la región. Con la llegada de los españoles, la costumbre de concentrar el intercambio de bienes y servicios en las plazas públicas se fusionó con la tradición europea de mercado y fue en esta misma época cuando comenzaron a aparecer los locales establecidos, a partir de los llamados “cajones” en donde podía guardarse la mercancía sin tener que transportarla de un lugar a otro.

En la colección que presentamos en esta ocasión, mostramos distintas imágenes de mercados mexicanos en diferentes épocas para ilustrar la manera en que estos establecimientos han sido importantes para la vida cotidiana de la población desde hace muchísimo tiempo. A esta selección visual agregamos también recursos sonoros que nos llevan al centro mismo del bullicio y la algarabía que se mantienen en estos sitios, tanto en la capital como en otras regiones del país. El mercado es una tradición que se mantiene viva y de nosotros depende que ésta continúe.