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Paisajes bíblicos en la pintura
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Paisajes bíblicos en la pintura mexicana del siglo xix

Dentro de los subgéneros de la pintura sacra, podemos identificar diversos contenidos. En esta muestra nos centramos en la recreación de pasajes específicos de la Biblia.

Esa característica es la que unifica y conforma esta pequeña colección; a partir de los ambientes, paisajes y personajes que pueblan en el imaginario de cada pintor en base a tan importante referente literario, resaltamos que todas las obras fueron ejecutadas en la misma década del siglo xix, motivo por el cual coinciden en la estética del momento en la que se anhelaba lograr un realismo que como queda patente se resuelve afortunadamente en cada caso. No sobra comentar que tal coincidencia se debe también a que los artistas aquí representados fueron todos formados en la Antigua Academia de San Carlos bajo los mismos cánones estéticos.

Entre los artífices de esta tendencia pictórica, Joaquín Ramírez (1832-1866) recrea tres pasajes. En la pieza Moisés en Raphidim (1856) observamos que la composición está formada por un peñasco sobre el cual Moisés, el poseedor de Antiguo Testamento, es sostenido por dos personas: a la derecha es su hermano Aarón quien le auxilia, mientras observa hacia abajo una batalla, y a la izquierda está Hur, un soldado que igualmente dirige su mirada al combate entre los ejércitos de Israel y de Amalec, y la figura principal, a diferencia de ellos, mira el cielo y de su cabeza salen dos pequeños rayos de luz. La historia corresponde a la sección del Éxodo. El segundo caso, El cautiverio de los hebreos en Babilonia (1858) nos remite a un grupo de israelíes capturados. En el lienzo destacan en primer plano cinco sujetos, entre ellos una mujer que se lleva las manos a la cabeza en un gesto de suma preocupación y en su regazo dos niños se abrazan a ella, mientras al lado luce apesadumbrado un hombre que parece ser el padre de esta familia, y un sacerdote de pie detrás de ellos deja ver también su interés; en segundo plano hay más personajes que corren con la misma suerte. Entre los tonos ocres destacan ciertas blancuras en los ropajes otorgando luminosidades precisas al cuadro. Alude a los apartados de Jeremías y de Ezequiel, al igual que al Salmo 136.

La tercera pieza de Ramírez es El interior del Arca de Noé (1857), en la que observamos menos luz porque representa un interior, el del barco. La escena se ilumina solamente por la pequeña ventana que deja apreciar un breve fragmento del cielo; en ella se posa una paloma que simboliza la presencia de las demás especies que sobrevivirán al gran diluvio narrado en el Génesis. Por otra parte, de la mano del maestro Santiago Rebull Gordillo  (1829-1902)  El sacrificio de Isaac (1858) plantea otro pasaje del Génesis, en el que Abraham levanta un cuchillo para sacrificar a su hijo y poder demostrarle a Dios una confianza ciega, pero en ese momento la Divinidad se presenta para impedirlo. Por su parte, el hidalguense Ramón Sagredo (1834-1873) ilustró La ida al Castillo de Emmaús (1857); en esta pintura narra la aparición de Cristo resucitado en una pequeña aldea cercana a Jerusalén para sorpresa de dos incrédulos que aparecen junto a él en primer plano y señalan al castillo que sirve de fondo al pintor, tal como consta en  el libro de Lucas. Por último, sorprenden los tres óleos ejecutados a muy temprana edad por José Salomé Pina (1830-1909), quien se interesó en otorgar imagen al versículo Jueces en el que se relata cómo le fue cortado el cabello a Sansón al quedarse dormido en el regazo de Dalila, quien llama a los filisteos para entregarlo. Al año siguiente realizó Agar e Ismael, despedidos de la casa de Abraham, se dirigen al desierto, también escena del Génesis; de esta obra destacan los pequeños detalles como el brillo en los ojos de Agar, una esclava que debe dejar la casa del padre de su hijo, quien protege a su mujer y a su último vástago Isaac, que era sujeto de burlas de su medio hermano Ismael, inmortalizado en el primer plano con un gesto que denota su disgusto. En segundo plano, Abraham los despide no sin antes darles un poco de agua y pan. A sus pies se encuentra su esposa Sara cargando al pequeño Isaac, quien es, junto con Abraham, el protagonista del último trabajo que presentamos, cuando, obedeciendo una orden divina, decidido se dirige a sacrificar a su hijo.