lupa
Maximiliano de Habsburgo en el trono mexicano
Portadilla de Maximiliano de Habsburgo en el trono mexicano

Maximiliano de Habsburgo en el trono mexicano

El 10 de abril de 1864 se recibió el comunicado oficial de que el archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo había aceptado ocupar el trono de México. La llegada de las tropas francesas a territorio nacional había ocurrido en enero de 1862. Un año después, la Asamblea de Notables, compuesta por mexicanos monarquistas, había optado por una monarquía moderada, hereditaria y con un príncipe católico. Una comisión viajó hasta el castillo de Miramar, en Trieste, Italia, en octubre de 1863 para ofrecerle el trono. Ya sólo faltaba la respuesta del futuro monarca, la cual se obtuvo aquel día de abril de 1864.

Al contrario de lo que nos ha contado la historia tradicional, el capítulo del Segundo Imperio no fue un ataque de locura liderado por conservadores y extranjeros que convocaron a un miembro de la realeza europea ajeno a la realidad mexicana; esos llamados “traidores” no eran extraños o políticos improvisados. Entre quienes apoyaron y sirvieron al imperio se encontraban mexicanos experimentados, con proyectos administrativos, políticos, jurídicos y económicos, que imaginaron un gobierno viable capaz de salvar los obstáculos que desde 1821 impedían la consolidación del Estado-nación mexicano.

Los documentos que integran esta colección fueron elaborados, en su mayoría, durante la segunda mitad del siglo xix, casi inmediatamente después de ocurridos los acontecimientos narrados en ellos, por lo que plantean una doble intención: acercarnos al Segundo Imperio, pero también a aquellos hombres que escribieron esta parte de la historia. Muchas de las ideas que hasta hace poco se tenían acerca de este periodo surgieron justo en esta época debido al afán de los historiadores del momento por lograr la profesionalización de la historia. La impronta que estos textos dejaron en la memoria de los mexicanos fue tan intensa que se ha requerido de mucho esfuerzo para lograr cuestionar y cambiar la opinión que se tenía sobre Maximiliano y sobre todo de aquellos que lo acompañaron en su trágica aventura mexicana.