lupa
Temas
Portadilla de Teatro y literatura infantil en el cambio de siglo

Teatro y literatura infantil en el cambio de siglo

La segunda mitad del siglo xix es considerada la "época de oro de la literatura infantil", pues en las ciudades más importantes del mundo occidental floreció la impresión de libros ilustrados dirigidos a este público. La Ciudad de México no se quedó atrás y el taller de Antonio Vanegas Arroyo, fundado en 1880, se dio a la tarea de publicar desde manuales de magia y prestidigitación hasta cuentos de tradiciones nacionales y extranjeras, y sus ediciones de literatura y teatro para niños continuarían hasta bien entrado el siglo xx por lo que puede considerarse que esta casa editora marcó la infancia de los mexicanos que vivieron el cambio de centuria.

De todos los textos publicados en aquella época, el tema que más llamaba la atención y gustaba a la población infantil era el teatro de títeres. En este artefacto hecho de madera y cartón, que se vendía en las jugueterías de entonces, se representaban las obras teatrales publicadas, desde sainetes, dramas románticos, cuentos infantiles y hasta zarzuelas. Los libretos se adquirían en cuadernos y en hojas sueltas, como lo podemos observar en la colección que presentamos en esta ocasión.

En los recuerdos y memorias de escritores como Rodolfo Usigli, Salvador Novo, Celestino Gorostiza y Alfonso Reyes, el jugar a los títeres resultó un elemento definitivo para su vocación artística, en la literatura o en el arte escénico. Alfonso Reyes incluso recuerda haber fabricado él mismo sus propios títeres para jugar con sus hermanos y sus amigos.

Este tipo de literatura inundó los hogares del país con obras que podían ejecutarse por los propios infantes como actores aficionados o con los muñecos que se tenían casa; el resto radicaba en la imaginación de quienes lo interpretaban o de los espectadores. Tiempo después, el Estado mexicano posrevolucionario adoptaría este mismo tipo de espectáculo con fines educativos. Fue Celestino Gorostiza el que, como jefe del Departamento de Bellas Artes en 1940, implementó un programa para integrar el teatro guiñol a las escuelas, enseñándoles a los alumnos cómo construir teatros y muñecos, así como organizando representaciones públicas y exposiciones.