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El Obrero Michoacano. Periódico independiente para trabajadores

Es ampliamente conocida la importancia que tuvieron las publicaciones periódicas durante el conflictivo y desordenado siglo xix. Pero este movimiento periodístico no se restringió a la Ciudad de México como solemos creer. En otros lugares de la república también proliferó la prensa escrita, la cual fue la difusora del pensamiento de diversas corrientes y grupos que se disputaban el poder y el control de los órganos de dirección y de gobierno estatales. En Michoacán, como en las demás entidades, el periodismo se convirtió en una herramienta básica para la expresión de opiniones de los grupos dominantes, pero fue durante el transcurso de la segunda mitad del siglo cuando esta actividad alcanzó mayor importancia y difusión social.

Si bien los periódicos de la década de los ochenta siguieron de manera cercana los acontecimientos políticos, surgieron otros dedicados a la literatura, la ciencia y el arte, los llamados calendarios, e incluso algunos periódicos pedagógicos. Pero en este caso queremos llamar la atención sobre el movimiento periodístico de corte independiente del cual existieron algunos casos en el estado de Michoacán a pesar de las dificultades que esto representaba. Uno de ellos fue el Obrero Michoacano, del cual publicamos aquí algunos ejemplares con motivo de la conmemoración del Día del Trabajo. Y es que conforme se terminaba el siglo, fue mucho más complejo que estos impresos de debate y que generalmente cuestionaban al régimen, pudieran seguir publicándose.

Este pequeño periódico, editado en Morelia por la imprenta particular de Andrés Yépez y elaborado por “artesanos humildes”, como se lee en sus páginas, se interesó por llevar la noción de clase y de pertenencia de grupo a los trabajadores locales. Consideraron que la unión era el único medio para hacer frente al egoísmo del rico e hicieron un llamado para salir de la ignorancia, del atraso y de la pobreza. Sin temer a la censura, los editores del diario criticaban la vida aristocrática y la ociosidad para exaltar al trabajo como medio para alcanzar la paz del espíritu y la libertad de la conciencia. Grandes discusiones que permanecerían en los reclamos de la clase obrera durante todo el siguiente siglo.