
Rosario
Castellanos
Cien años
de feminismo
y escritura
Rosario Castellanos, Hermanos Mayo, agn.
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Este mayo de 2025 se cumplen cien años del nacimiento de Rosario Castellanos, escritora radical y poeta intensa, cuyas palabras llenas de humor y sarcasmo se inscribieron como precursoras del feminismo en México. Hablar de toda su trayectoria (como escritora de cuentos, poemas, novelas, obras de teatro, artículos periodísticos y crítica teatral, embajadora y catedrática) y de su influencia en el pensamiento feminista y literario actual en una exposición es imposible; por ello, Memórica. México, haz memoria presenta, a manera de homenaje, un recuento de momentos y frases que nos dejan entrever quién era Rosario, para que sea el lector-visitante quien elija el camino a seguir y ello le permita continuar explorando su obra.
Rosario Alicia Castellanos Figueroa llegó a este mundo, específicamente a la Ciudad de México, un 25 de mayo de 1925, como hija de Adriana Figueroa y César Castellanos, quienes decidieron que pasara su infancia y adolescencia en la hacienda familiar en Comitán de Domínguez, Chiapas. En ese lugar, y gracias a las enseñanzas de su nana Rufina, la autora conoció la realidad indígena chiapaneca que más tarde plasmó en las novelas Balún Canán y Oficio de tinieblas, y con la que tuvo siempre un compromiso social que materializó durante su paso por el Instituto Nacional Indigenista (ini) en Chiapas. La autora supo retratar a los indígenas como individuos que forman parte de una sociedad compleja e injusta, alejándose de las descripciones que los miran desde el exotismo convirtiéndolos en figuras de la otredad.
Las costumbres conservadoras y la muerte también marcaron los primeros años de su vida. Su primera pérdida fue la de su hermano Benjamín, quien falleció a la corta edad de siete años, en 1933, y cuya partida fue siempre llorada por su madre, ya que tenía una notable preferencia por el hijo varón. Sus padres murieron en 1948, ella de cáncer y él de un infarto en plena calle, tras el cual Castellanos tuvo que conducir para llevarlo a casa. Su oposición a las costumbres marcaría toda su obra poética y periodística y las muertes también permearían su poesía y sus novelas, entre ellas Balún Canán.
[...] En la acera opuesta camina una india. Cuando la veo me desprendo de la mano de Amalia y corro hacia ella, con los brazos abiertos. ¡Es mi nana! Pero la india me mira correr, impasible, y no hace un ademán de bienvenida. Camino lentamente, más lentamente hasta detenerme. Dejo caer los brazos, desalentada. Nunca, aunque yo la encuentre, podré reconocer a mi nana. Hace tanto tiempo que nos separaron. Además, todos los indios tienen la misma cara.
Aunque Castellanos nunca quiso que se encasillara su literatura como indigenista o feminista, estas dos vertientes marcaron la mayoría de sus escritos.
Los acontecimientos de su infancia y adolescencia provocaron en Castellanos emociones urgentes de autoexpresión que la llevaron a dedicarse a la escritura como única profesión posible.
Entrevista de prensa (1972) (fragmento)
Pregunta el reportero, con la sagacidad que le da la destreza de su oficio: —¿por qué y para qué escribe?
—Pero, señor, es obvio. Porque alguien (cuando yo era pequeña) dijo que la gente como yo, no existe. Porque su cuerpo no proyecta sombra, porque no arroja peso en la balanza, porque su nombre es de los que se olvidan. Y entonces... Pero no, no es tan sencillo.
Escribo porque yo, un día, adolescente, me incliné ante un espejo y no había nadie. ¿se da cuenta? El vacío. Y junto a mí los otros chorreaban importancia.
[...]
La cotidianeidad que permeó su literatura nos permite conocer a la sociedad mexicana de su época, pero también, identificarnos con situaciones que décadas después continúan igual.
[...] ¿Cuánto tiempo se tomará para estar lista? Bueno, no debería de importarme demasiado porque hay que ponerla al fuego a última hora. Tarda muy poco, dicen los manuales. ¿Cuánto es poco? ¿Quince minutos? ¿Diez? ¿Cinco? Naturalmente, el texto no especifica. Me supone una intuición que, según mi sexo, debo poseer pero no poseo, un sentido sin el que nací que me permitiría advertir el momento preciso en que la carne está a punto.
De acuerdo con José Emilio Pacheco, para Rosario Castellanos escribir no sólo era un “descubrimiento del mundo interior, sino el deber que nos acerca a los demás y da nombre y sentido a las palabras”.
“La función del escritor consiste en obrar de manera que nadie ignore el mundo y que nadie pueda ante el mundo declararse irresponsable.”
Rosario Castellanos enunció un feminismo de la diferencia en el que aseguraba que no hay una esencia de lo femenino sino diferentes encarnaciones de la femineidad que surgen por situaciones económicas, sociales y geográficas. Por ello, cuestionó el mandato de la femineidad al que están sometidas las mujeres; dejó en claro que las mexicanas contemporáneas no son iguales entre ellas y, sin embargo, todas están sujetas a los derechos y obligaciones de una misma ley, y desde ahí las instó a rebelarse y defenderse.
Describió con astucia un México contradictorio. Denunció las desigualdades entre los sexos como el acceso a la educación, la diferencia salarial, la libertad y la falta de reconocimiento para el trabajo doméstico; su crítica política estuvo enfocada en el género. Ante la represión del movimiento estudiantil de 1968 se pronunció en defensa de la autonomía y en contra de la masacre del 2 de octubre.
Memorial de Tlatelolco (1972) (fragmento)
La oscuridad engendra la violencia
y la violencia pide oscuridad
para cuajar el crimen.
Por eso el dos de octubre aguardó hasta la
noche
Para que nadie viera la mano que empuñaba
El arma, sino sólo su efecto de relámpago.
¿Y a esa luz, breve y lívida, quién? ¿Quién es el
que mata?
¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?
¿Los que huyen sin zapatos?
¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de
espanto?
¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente,
nadie.
[...]
Sin embargo, la autora nunca tuvo una confrontación real con el poder, al grado de aceptar la embajada de México en Israel y de mantener un trato cercano con María Esther Zuno, esposa del ex presidente Luis Echeverría.
Entre 1963 y 1974 Rosario Castellanos escribió en el periódico Excélsior alrededor de 500 artículos periodísticos en los que cuestionó los arquetipos sociales y los usos y costumbres que coartan la libertad femenina, así como los rituales y prácticas con los que las mujeres se niegan a sí mismas.
“Cada día una mujer —o muchas mujeres— gana una batalla para la adquisición y conservación de su personalidad.”
Sus señalamientos de aquello que debía cambiar en la sociedad mexicana apuntaron a la situación de la mujer, pero su intención no fue pedir la igualdad entre los sexos sino una equidad política, económica, educativa y social. Llamó a las mujeres a hacer valer, por medio de las leyes, su categoría de persona y a cuestionar la desigualdad de oportunidades.
Tanto en su tesis Sobre cultura femenina (1950) como en varios de sus artículos, la escritora instó a sus pares a dejar de ser musas para enseñar y exigir mejores contenidos en los medios de comunicación, a ser como aquellas “mujeres contrabandistas” que se han colado en el mundo de la cultura.
Su poesía destacó también las emociones y pasiones de las mujeres, pero siempre exhibiendo su búsqueda personal de emancipación.
Valiéndose del humor y del sarcasmo, en sus poemas y cuentos hizo críticas puntuales de los defectos de la sociedad; algunos siguen vigentes hasta hoy.
Autorretrato (1972) (fragmento)
[...]
Sería feliz si yo supiera cómo.
Es decir, si me hubieran enseñado los gestos,
los parlamentos, las decoraciones.
En cambio me enseñaron a llorar. Pero el llanto
es en mí un mecanismo descompuesto
y no lloro en la cámara mortuoria
ni en la ocasión sublime ni frente a la catástrofe.
Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo
el último recibo del impuesto predial.
[Material
de Lectura 53, página 25.]
Al burlarse de las convenciones, logró convertir sus señalamientos en una perspectiva feminista con la que contó historias concretas, en las que protagonistas de diferentes edades se enfrentan a la obligación de cumplir ciertos roles, que se vuelven absurdos, y les permiten revelar con astucia las formas en las que sería posible romper con las costumbres o posicionarse desde el triunfo.
En sus últimos años, su obra zarandeó las creencias y estereotipos de lo femenino, abriendo paso a las verdaderas emociones de las mujeres ante los acontecimientos a los que “están predestinadas”, como la maternidad.
Se habla de Gabriel (1972)
Como todos los huéspedes mi hijo me estorbaba
ocupando un lugar que era mi lugar,
existiendo a deshora,
haciéndome partir en dos cada bocado.
Fea, enferma, aburrida,
lo sentía crecer a mis expensas,
robarle su color a mi sangre, añadir
un peso y un volumen clandestinos
a mi modo de estar sobre la tierra.
Su cuerpo me pidió nacer, cederle el paso,
darle un sitio en el mundo,
la provisión de tiempo necesaria a su historia.
Consentí. Y por la herida en que partió, por esa
hemorragia de su desprendimiento
se fue también lo último que tuve
de soledad, de yo mirando tras de un vidrio.
Quedé abierta, ofrecida
a las visitaciones, al viento, a la presencia.
Habló también de la nostalgia por México y de la nueva perspectiva que le daba la distancia cuando se desempeñaba como embajadora en Israel.
Rosario Castellanos, “Más de un año en Israel. ‘Estoy en Donde no Estoy…’”, Excélsior, 7 de junio de 1972.
A lo largo de su producción se distinguen tres etapas: 1) donde señala las actitudes típicas de las mujeres; 2) en la que expone las reacciones de éstas ante los roles impuestos; y 3) la que trata de aquello que la mujer es en realidad en contrapunto con el papel que la sociedad le ha asignado. A esta última etapa pertenece la obra de teatro El eterno femenino. Aunque en algunas entrevistas la autora aseguró que este género literario no era su fuerte, pues no sabía escoger las situaciones ni caracterizar a sus personajes, en esta farsa critica la complicidad hipócrita de hombres y mujeres que mantienen el statu quo como zona de confort que les permite obtener ventajas diversas.
Rosario Castellanos partió de nuestro país en 1971, cuando fue nombrada embajadora de México en Israel.
El cambio de geografía ocurrió después de su divorcio, y su hijo Gabriel se fue con ella, por lo que quizá no dejó en tierras aztecas nada que le preocupara y, por el contrario, pudo vivir una experiencia profunda y enriquecedora en la que conoció varios países, personas y costumbres. Para aceptar el cargo de embajadora pidió que se le permitiera seguir escribiendo y trabajar como catedrática en la Universidad Hebrea de Jerusalén. A pesar de que no tenía carrera diplomática, se destacó en su labor relacionándose con los círculos intelectuales interesados en América Latina y México y mantuvo fructíferos diálogos con la primera ministra Golda Meir; no sólo realizó promoción cultural, sino también industrial y comercial. Los informes políticos que aprendió a realizar le permitieron comprender y dar a conocer los acontecimientos del Oriente Medio.
A pesar del cargo que le fue conferido continuó resolviendo los retos de la vida diaria con humor y sencillez, como puede verse en una entrevista realizada dos días antes de su inesperada muerte.
Trágica e irónicamente falleció en un accidente doméstico el 7 de agosto de 1974, a los 49 años de edad. Una lámpara fue la culpable de su inesperada despedida al propinarle una descarga eléctrica cuando Rosario acudía a contestar el teléfono. Su vida terminó con un golpe final de 240 voltios. “¿Por qué moriste de una manera tan tonta?”, le preguntaría más tarde su amiga Dolores Castro.
El 9 de agosto de 1974 Rosario Castellanos fue despedida, según el protocolo diplomático, con un homenaje en el Palacio de Bellas Artes y sus restos fueron trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres en el panteón de Dolores, donde se colocaron junto a los de Jaime García Terrés y David Alfaro Siqueiros.
Amanecer (1960) (fragmento)
¿Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve
la cara a la pared?
¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye?
¿Se echa uno a correr,
como el que tiene
las ropas incendiadas, para alcanzar el fin?
¿Cuál es el rito de esta ceremonia?
[...]
[Material de Lectura 53, página
22.]
Lamentación de Dido (1959) (fragmento)
[...]
Ah, sería preferible morir. Pero yo sé que para mí no
hay muerte.
Porque el dolor —¿y qué otra cosa soy más que
dolor?— me ha hecho eterna.
[Material de Lectura 53, página 15.]
Canal 14, Rosario Castellanos, El hilo feminista. Disponible aquí.
Castellanos, Rosario, “Sobre cultura femenina”, tesis para obtener el grado de Maestra en Filosofía, unam, México, 1950.
________, Mujer de palabras. Artículos rescatados, tomo II, Andrea Reyes (comp.), fce, México, 2024.
“Entrevista a Rosario Castellanos”, Noticias Universitarias, Radio UNAM, 3 de noviembre de 1969. Disponible aquí.
González Méndez, José, “Rosario Castellanos ante el espejo”, en Milenio, 25 de mayo de 2015. Disponible aquí.
Márquez, Daniel, “El eterno femenino en la obra de Rosario Castellanos: igualdad, género e identidad en el México actual”, en Reflejos del sistema jurídico en la literatura mundial, iij-unam, México, 2016.
Monsiváis, Carlos, “Rosario Castellanos. La enseñanza y el olvido del llanto”, en Escritores en la diplomacia mexicana, tomo II, sre, México, 2000.
TV UNAM. “Rosario Castellanos, un resplandor único. Aquí arder, aquí hablar”, Conferencia Magistral de Sara Uribe. Disponible aquí.
Uribe, Sara y Verónica Gerber, Rosario Castellanos. Materia que arde, Lumen, México, 2023.
Agradecemos a las instituciones que facilitaron los recursos para la presente exposición y a todas aquellas personas cuyo trabajo hace posible la consulta de los acervos:
Archivo General de la Nación
Archivo Histórico Genaro Estrada
Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada
Fondo de Cultura Económica
Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México
Instituto de Investigaciones Jurídicas, unam
Voz Viva, unam
Agradecimientos especiales a Joaquín Lozano por las facilidades para la consulta y digitalización de los expedientes de Rosario Castellanos.
Créditos
Revisión de guión: Susana González Aktories
Equipo de Memoria Histórica-agn
Curaduría: Karla Xóchitl Baltazar González
Apoyo en la investigación: Francisco Alejandro González Franco
Edición: Rebeca Flores Gutiérrez
Diseño gráfico y web: Oyuki Collado Velasco y Mauricio Espinosa Azócar