Nunca Más un México sin Nosotras

Sin embargo, esta labor presenta un gran desafío: no omitir la diversidad de personajes que han actuado en diferentes espacios y en diversas formas. Un gran reto, sin lugar a dudas. La presente exposición busca recuperar a las mujeres como protagonistas de la historia de México. A través de algunos registros documentales y visuales queremos reconocer su legado, sin perder de vista que, por muchos años, ellas han sido silenciadas y relegadas al anonimato y esto se ha reflejado en su ausencia en buena parte de los testimonios e incluso en el discurso oficial. ¡NUNCA MÁS UN MÉXICO SIN NOSOTRAS! es un esfuerzo por visibilizarlas.

Para esta muestra se reunieron objetos digitales custodiados por colaboradores de Memórica, México, haz memoria, con la finalidad de ofrecer un recorrido por algunos hitos del feminismo en nuestro país el cual comprende las últimas décadas del siglo XIX, todo el XX, hasta llegar a nuestros días, y así presentar las ideas, propuestas y quehaceres que buscan erradicar la discriminación, opresión y explotación contra las mujeres por razones de género. En definitiva, el exponerlas como sujetos históricos es admitir que siempre han sido parte de los procesos sociales del país, aunque la visión androcentrista desde la cual se ha registrado e interpretado nuestro pasado las ha invisibilizado.

Durante largo tiempo la escritura estuvo circunscrita a una minoría privilegiada que contaba con los medios y los conocimientos necesarios para poder plasmar su pensamiento; sin embargo, esta actividad se consideró una labor exclusiva de los varones y a las mujeres se les limitó tal aprendizaje por creer que no era propio de su género. Si bien es cierto que existen excepciones, como es el caso de sor Juana Inés de la Cruz, es un hecho que durante los tres siglos de la colonia novohispana fueron pocos los nombres femeninos que destacaron intelectualmente.

El siglo XIX fue más propicio para que las autoras pudieran incursionar en los medios impresos, así pues, en 1805, el Diario de México (1805-1817) publicó la primera carta de varias bajo una rúbrica femenina augurando de cierta manera el aumento de la producción literaria realizada por mujeres en aquella centuria; algunas de ellas cultivaron géneros literarios como la poesía y la novela mientras que otras nutrieron la cultura con ensayos y otras reflexiones, no obstante, fue en las últimas tres décadas que fundaron sus propios periódicos con el fin de propiciar un espacio para expresarse. De entre los ideales que difundieron encontramos la necesidad de instruir al género femenino con una educación de carácter científico, sin dejar de lado su misión en el hogar. Acercarnos a estas significativas creaciones escritas nos permiten conocer a las mujeres de aquellos años, las cuales ya manifestaban deseos de cambio.

Nuevos propósitos

Entonces las puertas se abrieron

No he de vivir en la inacción

La mujer contemporánea

Detrás de la silla presidencial

El retrato realizado por Salvador Pruneda permite apreciar el rostro de la poeta y periodista Dolores Jiménez y Muro, también retratada en la memorable fotografía Francisco Villa en la silla presidencial. Fue una de las que denunció las injusticias y la miseria existentes en el régimen porfirista por lo que fue perseguida y encarcelada bajo los delitos de rebelión y sedición. Militó en el Partido Liberal Mexicano (PLM), fue integrante de la Sociedad Protectora de la Mujer (1904) y del club político femenil “Amigas del Pueblo”, fundado por Juana Belén Gutiérrez (1875-1942), con quien luchó conjuntamente. Dolores Jiménez, con el fin de difundir propaganda antirreeleccionista, creó el club “Hijas de Cuauhtémoc”, el cual invitaba al pueblo a afiliarse al Partido Nacional Antirreeleccionista (PNA) y levantarse en armas. Con el asesinato de Francisco I. Madero y con Victoriano Huerta en el poder, Dolores convocó a las mexicanas a manifestarse en contra del nuevo gobierno. Comprometida con las demandas sociales, se unió a las filas de Emiliano Zapata y luchó por la restitución de tierras a los campesinos y redactó el proemio del Plan de Ayala, firmado en 1911. Sin duda, una mujer excepcional en la historia de nuestro país.

¿Sabías que...?

En la emblemática fotografía Francisco Villa en la silla presidencial, en la cual son captados el Centauro del Norte y Emiliano Zapata tras su entrada en la Ciudad de México en diciembre de 1914, se encuentra Dolores Jiménez y Muro, justo al centro de la imagen, detrás de los caudillos.

“Por la Humanidad”

En cuanto a las mujeres que participaron en la Revolución mostramos un testimonio importante; se trata de una carta en la que el gobierno provisional de Francisco I. Madero reconoce a la Cruz Blanca Mexicana y a su fundadora, Elena Arizmendi (1884-1949). La enfermería ha tenido un papel destacado, y aunque inició como una actividad filantrópica entre las señoras de clase alta y media del país, con los años se convirtió en una profesión. Durante los primeros enfrentamientos del movimiento armado, la atención médica dependía de la Cruz Roja Mexicana, encabezada por Luz González de Cosío, hija del ministro de Guerra y Marina; debido a esto, en los combates de Chihuahua en 1911, los heridos maderistas y los de las fuerzas federales no recibieron las mismas atenciones y con el pretexto de escasez de material, se dejó morir a los opositores. Ante semejante proceder, Elena Arizmendi actuó. Entonces tenía 27 años, era recién egresada de la escuela de enfermeras de San Antonio, Texas, y tenía estrecha amistad con los Madero, por lo que fundó una institución de salud que atendiera a los heridos de la guerra, sin importar su filiación política. Fue así que en mayo de 1911 se creó la Cruz Blanca Mexicana, bajo el lema “Por la Humanidad”. De igual forma, la joven convocó a compañeras, médicos y practicantes para unirse a las jornadas. Aquella mujer representa dignamente a todas y cada una de las enfermeras que dejaron atrás su casa y familia para velar por los heridos y los enfermos.

¿Sabías que...?

Durante la Revolución mexicana las enfermeras militares realizaron labores de acuerdo a dos categorías existentes: enfermeras de primera, eran aquellas que estaban tituladas, y de segunda, las no tituladas. Por su trabajo recibieron sueldos que fueron de los tres a los cuatro pesos diarios y el grado más alto que podían ostentar en la jerarquía militar era el de teniente.

“La mujer del porvenir”

Esta fotografía fue tomada durante el Congreso de campesinas en Yucatán en 1940; nos recuerda un suceso relevante en la historia de las mujeres en nuestro país: el Primer Congreso Feminista. Aquella reunión se llevó a cabo en el teatro José Peón Contreras en la ciudad de Mérida, del 13 al 16 de enero de 1916. Con poco más de 600 asistentes, la mayoría de ellas profesoras; se discutió sobre la liberación del género femenino del yugo de las tradiciones, su preparación para el progreso y su desempeño en el ejercicio de las funciones públicas. De entre los momentos más destacados del acto sobresalió la participación de la maestra constitucionalista Hermila Galindo (1886-1954), que si bien no asistió al evento, envió su discurso “La mujer del porvenir”, el cual causó controversia entre la audiencia. La ponencia de Galindo señalaba la existencia —de lo que ella denominó— “el instinto sexual” de las mujeres, lo anterior con la intención de erradicar los prejuicios que la situaban como un ser carente de deseo; también refirió la necesidad de brindar educación sexual a las niñas. Los argumentos de la maestra suscitaron polémica por ser tan radicales en su momento. Otra de las propuestas planteadas por la maestra fue el voto femenino como iniciativa legislativa ante el Congreso Constituyente, misma que fue negada rotundamente. La importancia del Congreso no se hizo esperar y el segundo se realizó de nueva cuenta en la ciudad peninsular a finales de 1916. Las asistentes al igual que la maestra Galindo, comenzaban entonces la lucha por defender la situación de la mujer en el país.

¿Sabías que...?

Cuando se realizó el Primer Congreso Feminista de Yucatán en 1916, Hermila Galindo dirigía La Mujer Moderna (1915-1919), revista que fundó para manifestar sus ideas respecto a la situación femenina. También, se postuló como candidata para la diputación del Distrito Federal.

Al asumir Álvaro Obregón la presidencia de la República en el año 1920, se concluye una década de guerra en la que miles de personas perdieron la vida al luchar por sus demandas. Si bien es cierto que algunas reivindicaciones populares se concretaron en la Constitución de 1917, las mujeres obtuvieron pocos beneficios. Con la expedición de la Ley de Relaciones Familiares a las casadas se les otorgó el derecho de disponer y administrar sus bienes, también se igualó la autoridad del marido y la esposa en el hogar y se legalizó el divorcio, no obstante, aún no fueron reconocidas como ciudadanas. Ante esta situación, ellas volvieron a generar espacios de organización para exigir su emancipación económica, política, social y el sufragio se convirtió en un tema central en las agendas de trabajo de las agrupaciones femeninas. La lucha sufragista logró constituirse en un movimiento organizado que solicitó la adquisición de los derechos de las mujeres con el objetivo de participar de manera activa en la política del país. Una demanda que en México duró varias décadas, hasta que el voto le fue otorgado a las mexicanas a nivel federal en el año de 1953.

Por la liberación de la mujer

Durante los años veinte del siglo pasado se crearon más organizaciones enfocadas en mejorar las condiciones de vida de las mexicanas; una de ellas fue el Consejo Nacional de Mujeres (CNM) presidido por Juana Belén Gutiérrez de Mendoza (1875-1942). El objetivo de dicha agrupación, fundada en 1919, fue aglutinar a las simpatizantes con tendencias políticas diversas para trabajar por el bienestar de las ciudadanas; sin embargo, a los pocos meses de su creación, se renombró la asociación como Consejo Feminista Mexicano (CFM), que contó con un comité ejecutivo integrado por Elena Torres (1893-1970), Evelina Trent Roy (1892-1970), María del Refugio García (1889-1973), Estela Carrasco y María Teresa Sánchez, quienes establecieron relaciones con grupos feministas de diversas nacionalidades logrando realizar reuniones de carácter internacional en nuestro país en los años 1923 y 1925. En la década de 1930 fueron recurrentes las protestas en demanda de los derechos de las mujeres; un registro de ello es la fotografía titulada Profesoras en la manifestación del 1° de mayo, la cual nos recuerda los mítines y conferencias que organizaron las integrantes del Frente Único Pro Derechos de la Mujer (FUPDM), fundado en 1935. Liderado por María del Refugio García, el Frente fue uno de los principales organismos que luchó por el sufragio femenino y llegó a contar con 50 mil afiliadas, quienes exigieron al presidente Lázaro Cárdenas presentar la iniciativa de reforma del artículo 34 constitucional al Senado de la República, pero ésta quedó suspendida por varios años, lo cual debilitó la actividad del FUPDM hasta su desaparición en 1939.

¿Sabías que...?

De 1920 a 1935, en la Ciudad de México se llevaron a cabo los siguientes encuentros: el Primer Congreso Feminista de la Liga Panamericana de Mujeres (1923) y el Congreso de la Liga de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas (1925), además de tres congresos nacionales de Mujeres Obreras y Campesinas en 1931, 1933 y 1934.

Un derecho conquistado

Esta fotografía, de 1950, formó parte del inventario de la Dirección General de Comunicación Social del Distrito Federal. En ella podemos apreciar un grupo de mujeres y niñas reunidas en el Centro Femenino de Trabajo Carmen Serdán. Se desconoce el asunto que las convocó, no obstante es una interesante invitación a futuras investigaciones sobre organizaciones femeninas. A pesar de la disolución del FUPDM se logró en febrero de 1947 la reforma al artículo 115 constitucional, la cual decretó el voto femenino a nivel municipal. Para la historiadora Enriqueta Tuñón este hecho llevó a que se presentaran dos posturas entre los grupos feministas: una de agradecimiento al presidente Miguel Alemán por concederles el voto y la que exigía la modificación del artículo 34 en favor del sufragio femenino a nivel federal. Por tal razón se organizaron de nueva cuenta hasta que en 1952, Amalia González Caballero (1898-1986) ―mejor conocida como Amalia Castillo Ledón― fundó la Alianza de Mujeres de México (AMM) la cual contó con el apoyo del presidente en turno y del candidato a la presidencia Adolfo Ruiz Cortines. En ese año, Amalia trabajó arduamente para unificar a las integrantes en un solo frente y formalizar la petición del sufragio femenino, para la cual tuvo que recolectar miles de firmas de simpatizantes de todo el país. Fue así que el 17 de octubre de 1953, se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto por el cual las mexicanas tenían derecho a votar y ser votadas a nivel federal. Finalmente, luego de décadas de organización y lucha se les reconoció como ciudadanas.

¿Sabías que...?

Los primeros estados de la república mexicana que reconocieron la igualdad jurídica a las mujeres para poder votar y ser elegidas en puestos públicos de representación popular a nivel municipal fueron San Luis Potosí, Yucatán y Chiapas, entre 1923 y 1925.

Un difícil comienzo

Con la reforma al artículo 34 constitucional en el año de 1953 se abrió la posibilidad de que las mexicanas pudieran votar y postularse a cargos de elección popular. Sin embargo, esta última opción fue un camino arduo pues se enfrentaron a dificultades, como fue el caso de María Guadalupe Urzúa Flores (1912-2004), a quien observamos en la credencial de diputada federal por el 11° Distrito del estado de Jalisco (1964-1967). La historiadora María Teresa Fernández Aceves confirma que durante la candidatura de Urzúa Flores para el X Distrito Electoral de Autlán, en Jalisco, en el año de 1955, sus opositores se valieron de falsas acusaciones en relación a su vida privada y amorosa para desacreditarla frente a la opinión pública. Para Fernández Aceves estos hechos manifiestan la resistencia a incorporar a las mujeres en la política formal, lo que implicó una serie de enfrentamientos, reajustes y negociaciones. Y si bien la actuación de Urzúa Flores en favor de sus congéneres y los campesinos no desafió “el orden tradicional de su género”, le posibilitó pugnar por los derechos de dichos sujetos sociales.

¿Sabías que...?

En 1923 el Partido Socialista del Sureste (PSS) postuló a Elvia Carrillo Puerto (1878-1968), a Beatriz Peniche de Ponce (1893-1976) y a Raquel Dzib Cicero (1881-1949) como candidatas a diputadas locales al Congreso de Yucatán, siendo electas para ocupar dichos cargos.

La primera gobernadora

En 1979 Griselda Álvarez Ponce de León (1913-2009) y el pueblo colimense protagonizaron un acontecimiento destacado para la historia de México: luego de una campaña y elecciones históricas logró convertirse en la primera gobernadora de un estado de la república. Griselda estuvo siempre comprometida con la mujer y la educación. Creía que la falta de instrucción académica era una de las causas esenciales que les imposibilitaba el acceso a cargos políticos. “Para progresar: educar” fue el lema de su gobierno. Buscó terminar con prácticas discriminatorias, creó centros de desarrollo familiar, centros de apoyo, la primera institución para la atención de mujeres golpeadas y decretó penas altas a violadores. Las labores legislativas y administrativas que llevó a cabo estuvieron orientadas a contribuir, de manera consciente y permanente, con la reducción de la inequidad dominante en la sociedad. Pero la primera gobernadora no estuvo sola en su lucha política; llegó al gobierno de Colima apoyada e impulsada por la fuerza de sus antecesoras, una generación que con tenacidad supo desenvolverse en la vida política. Del mismo modo, Griselda Álvarez despejó la vía para las que vendrían después de ella y, sobre todo, evidenció que el género femenino también era capaz de gobernar y contribuir al progreso de la nación.

¿Sabías que...?

Antes de iniciar su carrera política, Griselda Álvarez estudió la licenciatura en lengua y literaturas hispánicas en la FFyL-UNAM; incluso es considerada una distinguida poeta por su obra Glosa de la Constitución en sonetos (1999), en la cual nos presenta mediante versos algunos artículos que integran la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Revolucionar la vida es la apuesta del nuevo movimiento feminista en México, el cual surgió en el año de 1970 en un escenario donde la utopía y los deseos de cambio fueron parte de algunas exigencias sociales que se integraron en sus luchas, las cuales ya se manifestaban en diferentes regiones del mundo unos años atrás. En este contexto, las feministas se organizaron bajo la consigna “lo personal es político” y se expuso el ejercicio de poder que existe sobre las mujeres en todas las instancias de su vida cotidiana. A diferencia de sus antecesoras, quienes lucharon por la obtención del voto femenino, las activistas señalaron que conseguir el sufragio no implicó un cambio sustancial, por lo que se cuestionaron y reflexionaron sobre el ser mujer, reconociendo que la desigualdad de género se legitimó mediante la diferencia sexual anatómica-fisiológica que existe entre los individuos. De ahí que observemos la creación de talleres de autoconciencia, publicaciones y otros espacios en los cuales se emprendió la labor de construir un proyecto político con propuestas de cambio de largo alcance.

Rosario Castellanos: madre simbólica

En este retrato realizado por Salvador Pruneda en 1962 observamos a Rosario Castellanos (1925-1974), considerada una de las “madres simbólicas del feminismo mexicano”. Realizó sus estudios universitarios de filosofía en la UNAM. Cultivó la poesía, la narrativa y el ensayo, incluso escribió una pieza teatral y para obtener el grado de maestra presentó en 1950 una tesis en la que son evidentes las inquietudes que explorará a lo largo de su obra como son la falta de identidad de la mujer, la carencia de vida propia y la ausencia de la autorrealización, incluso llegó a cuestionarse sobre la existencia —o no— de una cultura femenina. En Mujer que sabe latín, la autora critica la impotencia estética y ética a la que es sometido el género femenino por el masculino; estética, al imponerle un canon de belleza y dictar las modas; ética, al decirle cómo debe comportarse y qué debe ser —no una mujer sino una dama, una señora, una señorita—, al negarle su autodescubrimiento. También desaprueba que la maternidad sea considerada un castigo y una obligación; antes bien, la reivindica como una elección propia entre varias vías de autorrealización. La autora, invita a la mujer a descubrir sus rasgos esenciales, a reconocer el hastío en el que vive y propone, finalmente, la ironía como arma de resistencia contra el machismo y sus anticuadas costumbres.

¿Sabías que...?

Rosario Castellanos fue, además de poeta y novelista, catedrática y diplomática. Impartió clases en la FFyL de la UNAM y en los Estados Unidos en las universidades de Wisconsin y de Bloomington, y en Israel, en la Universidad Hebrea de Jerusalén, al mismo tiempo que fungió como embajadora de México en aquel país.

Refutar los mitos

El feminismo ha cuestionado el mito de la madre dulce y abnegada como el único rol que puede desempeñar la mujer y que la había privado de realizar con libertad otras actividades fuera del hogar, es por esto que el 9 de mayo de 1971 día en el que el grupo Mujeres en Acción Solidaria (MAS) convocó al público a reunirse frente al Monumento a la Madre, capturado en esta fotografía. Acaso sería un acto para celebrar “a la que nos amó antes de conocernos”, frase inscrita en la placa de dicha escultura ubicada en la Ciudad de México. La cita tenía otro motivo: denunciar a través de un acto público el mito de la madre. Y así fue que, con pancartas, volantes y globos, las manifestantes dialogaron con los y las ahí reunidos, hasta que sucedió lo inesperado: en ese mismo lugar se presentaron las participantes del concurso Señorita México, quienes colocaron una ofrenda en dicho monumento. El suceso tuvo cobertura mediática y así fue como se transmitió por primera vez en televisión un mitin feminista.

¿Sabías que...?

Celebrar el 10 de mayo como el Día de la Madre en nuestro país, fue una iniciativa presentada en 1922 por el director del diario Excélsior, Rafael Alducin. Dicha propuesta fue creada con el fin de contrarrestar los proyectos liberales suscitados en el estado de Yucatán, entre los cuales estaban la educación racionalista, la creación de ligas feministas y la circulación de un folleto titulado “Regulación de la natalidad o la brújula del hogar” de Margaret Sanger, enfermera feminista que orientó a las mujeres sobre cómo evitar el embarazo si se atendía el ciclo menstrual. Estos planteamientos, desde el punto de vista de Alducin y el sector conservador de la sociedad, eran “doctrinas subversivas que intentaban trastornar el orden establecido de la familia”.

De la insurrección a la organización

Después de la primera manifestación feminista realizada en la Ciudad de México en 1971, las mujeres se organizaron en pequeños colectivos para crear espacios de diálogo, tal como se muestra en la siguiente fotografía titulada Las demás conferencistas (1975), de Jorge Téllez. A partir de ese momento en nuestro país se constituyó el feminismo como un movimiento. Algunos grupos como Mujeres en Acción Solidaria (MAS, Movimiento Nacional de Mujeres (MNM, 1973), Movimiento de Liberación de la Mujer (MLM, 1974), La Revuelta (1975) y el Movimiento Feminista Mexicano (MFM, 1976) se enfocaron en diversas actividades en torno a la reflexión y análisis de la condición femenina. Para la década de 1980 las organizaciones femeniles prepararon encuentros y redes para trabajar de manera cercana con los grupos de izquierda, los sindicatos y las mexicanas de sectores populares; labor que se intensificó aún más luego del terremoto de 1985. Finalmente, en los años noventa se reconoce un crecimiento de espacios académicos enfocados a los estudios de género; además de la fundación de diversas ONG e instituciones gubernamentales dedicadas a elaborar programas en favor de las demandas de las mujeres.

¿Sabías que...?

La revista Fem, fundada en 1976 por Alaíde Foppa (1914-1980) y Margarita García Flores (1922-2009), fue una de las primeras publicaciones de voz y reflexión del movimiento feminista en México por varias décadas hasta su cierre en el año 2005.

1975, Año Internacional de la Mujer

Entre el 19 de junio y el 2 de julio de 1975, el edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, en Tlatelolco, fue sede de la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer. La finalidad esencial del evento fue la de evaluar la posición en la que se encontraban las mujeres a nivel global y proponer soluciones a las condiciones que las hacían permanecer en circunstancias desfavorables por medio de un Plan de Acción Mundial. Educación, alimentación y salud fueron algunos de los ejes temáticos. A la par de la Conferencia, en la Unidad de Congresos del Centro Médico Nacional se llevó a cabo la Tribuna de las Organizaciones No Gubernamentales, un foro alterno en el que se abordaron temas como el lesbianismo, el aborto y la prostitución. La discusión sobre dichos asuntos generó polémica, debate y rencillas entre los grupos. Las inmediaciones del lugar fueron escenario de protestas por los asuntos tratados y tales sucesos acapararon la mirada de la prensa nacional e internacional. A pesar de las complicaciones y desacuerdos, tanto la Conferencia como la Tribuna sirvieron como espacio de reflexión y diálogo con el único interés de revalorar y transformar las circunstancias adversas que el género femenino enfrenta a diario.

¿Sabías que...?

En 1975 el Movimiento de Liberación de la Mujer (MLM) realizó un “contracongreso” con el objetivo de manifestar su rechazo a la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer realizada en ese mismo año en nuestro país. Mediante la presentación de conferencias, debates y representaciones teatrales se discutieron asuntos que no estaban en la agenda de “la conferencia oficial”.

Recorrer la historia de las mujeres en México plantea reconocer su actuación en diversos espacios en los que ellas trabajaron para mejorar sus condiciones de vida, erradicar la desigualdad de género y lograr su emancipación. De hecho, fue necesario desarrollar varias formas de organización, desde la creación de clubes femeniles, asociaciones, coaliciones y colectivos, entre otros, en los cuales se compartieron ideas, proyectos y posturas políticas. Sin embargo, en pleno siglo XXI las mexicanas continúan viviendo opresión y explotación, ejercida en todas las esferas de la sociedad. Tan sólo en esta sala presentamos cuatro casos que exponen las situaciones de violencia que se viven en nuestro país y en el resto del mundo. De ahí que observemos, nuevamente, la insurrección de activistas que demandan justicia, libertad y el respeto a sus derechos.

Venta de mujeres

La obra ​Venta de mujeres de Manuel Manilla nos coloca frente a una problemática grave que atañe a toda la sociedad: la cosificación de los cuerpos femeninos que son puestos a disposición del mercado para su compra o alquiler, despojándolas de su dignidad y su libertad al estimarlas como mercancía. Miles de mujeres y niñas son esclavizadas bajo nuevas formas de explotación sexual, que van de la trata de personas y la prostitución a la pornografía infantil. Si bien en México son tipificados como delitos, lo cierto es que cada día se agrava más la situación hasta el punto de ser considerado, el comercio sexual, uno de los negocios trasnacionales relevantes, a la par del tráfico de drogas y armas. Tan sólo en el 2020, el Departamento de Estado de los Estados Unidos estimó que 25 millones de personas en todo el mundo son privadas de su libertad al ser obligadas a trabajar para el beneficio de terceros. Para visibilizar este serio problema, el 30 de julio se conmemora el Día Mundial contra la Trata de Personas.

¿Sabías que...?

Esclavas del poder. Un viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo (2010) es una exhaustiva investigación de la periodista Lydia Cacho en la que presenta los testimonios de mujeres y niñas que sobrevivieron a la trata. En esta obra, la autora deja de manifiesto que “ser mujer es peligroso en cualquier sociedad patriarcal”.

El maniquí

En la obra El maniquí de Leopoldo Méndez podemos observar a dos figuras masculinas, rodeando a la mujer-maniquí. Uno de ellos mide su cuerpo mientras que el otro la sujeta de la mano con lo que podría interpretarse una expresión lasciva. Y es que a lo largo de la historia la figura femenina ha sido un lienzo en blanco en el cual se han construido una serie de discursos que definen un modelo de feminidad con medidas y atributos ideales que están lejos de la realidad. La imposición de este ser mujer, trae consigo un arquetipo que se quiere homogéneo, borrando toda especificidad étnica y social de las mujeres, suprimiendo así su historicidad. De ahí que sea tan relevante analizar y cuestionar la construcción discursiva que compone al cuerpo femenino de determinada forma, así como el simbolismo y sentido que se le atribuyen en cada sociedad y tiempo dados. Aún en la actualidad existen normas sociales que ejercen control sobre las mujeres. Se les dice, por ejemplo, cómo deben vestir, qué pueden mostrar, qué esconder, cómo y a qué hora salir; sin embargo, ellas resisten e incluso transgreden las caducas imposiciones. Es tiempo de dar cabida y validez a todas las complexiones: musculosa, pequeña, estriada, mutilada, velluda, anciana y enferma; a toda aquella que el hombre se ha encargado de invalidar y ridiculizar por no llenar sus expectativas. Es momento de demandar respeto frente a cada acto de acoso y abuso sexual y de derruir las imposiciones estéticas, las normas y estereotipos a los que hemos vivido encadenadas.

¿Sabías que...?

“Polvo de gallina negra” fue una de las primeras agrupaciones feministas en realizar diversas actividades en espacios públicos con el objetivo de cuestionar la imagen de la mujer en el arte y en los medios de comunicación. El proyecto fue fundado en 1983 por las artistas Mónica Mayer, Maris Bustamante y Herminia Dosal.

Doble jornada laboral

El ingreso de las mujeres en la economía se determinó por el papel que la sociedad le ha asignado: ser la encargada del “buen gobierno” en el hogar y del cuidado de la familia, por lo que en repetidas ocasiones el trabajo remunerado que realizan es una extensión de dicho rol. Este hecho podemos observarlo en la siguiente fotografía en la que se capturó a tres costureras usando máquinas de costura. El título de la imagen Centro Cultural No. 2 Iztapalapa D.F. nos da una pista de que en ese espacio, posiblemente, ellas recibían una formación para aprender este oficio. Si bien es cierto que la incorporación de las mexicanas al mercado laboral se incrementó y amplió, las condiciones en este rubro no son nada favorables debido a que perciben un salario menor al de los varones y son víctimas de acoso sexual. Frente a este contexto, son las mismas trabajadoras quienes se han organizado para exigir salarios justos, seguridad médica y prestaciones. Sin embargo, su situación de explotación se prolonga con la doble jornada que realizan al desempeñar tanto su empleo como las tareas domésticas, las cuales merecen reconocimiento como cualquier trabajo remunerado.

¿Sabías que...?

El documental No les pedimos un viaje a la Luna (1986) realizado por María del Carmen de Lara nos acerca, a través del arte, a conocer los testimonios de las costureras que se organizaron para exigir mejores condiciones laborales, después del terremoto que sacudió a la Ciudad de México en el año de 1985.

La niña muerta

¡Vivas nos queremos! es el grito de dolor y rabia de miles de personas ante la ausencia de una hija, hermana, amiga, madre, que fue desaparecida o asesinada en este país, en el cual ser mujer se ha vuelto un peligro latente. El machismo y la misoginia imperantes en la sociedad, sus instituciones y la cultura coloca a las mexicanas en la desafortunada posición de experimentar distintas formas de violencia, las cuales van desde los golpes, el acoso, el abuso sexual hasta el feminicidio. Este término surgió en la década de 1990 cuando fueron encontrados los cuerpos de jóvenes asesinadas en Ciudad Juárez, Chihuahua. Ante la situación, las asociaciones feministas tipificaron esta clase de violencia extrema bajo el concepto de feminicidio, como el asesinato de una mujer por el hecho de serlo. Para los familiares de las víctimas, enunciar el feminicidio es una forma de visibilizar la violencia de género y continuar luchando hasta que se haga justicia.

¿Sabías que...?

En el año 2009 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) condenó al Estado mexicano como responsable de los feminicidios de las jóvenes Esmeralda Herrera Monreal, Laura Berenice Ramos Monárrez y Claudia Ivette González en Ciudad Juárez, Chihuahua, por no garantizar el derecho a la vida, a la libertad y al debido proceso. El caso, mejor conocido como “Campo algodonero”, es emblemático al atribuir responsabilidad internacional al Estado en esta materia.

En esta exposición se presentaron diversos testimonios que dan cuenta de la lucha femenina en la vida social y política; por otro lado, se recuperaron algunas historias en las que las mexicanas fueron protagonistas para destacar tanto sus ideas como su trabajo; esa recuperación se ha logrado gracias a los diversos objetos gráficos y documentales aquí expuestos; registros resguardados por colaboradores de Memórica. México, haz Memoria. ¡Nunca más un México sin nosotras! se suma a los diversos esfuerzos por visibilizarlas como sujetos históricos, y las reconoce como parte de nuestra memoria, la cual nos permite, como sociedad, comprender nuestros pasos en el presente. Es una invitación a sumarse a los esfuerzos para conseguir la eliminación de violencia de género en México y en el resto del mundo.

  • Archivo Histórico de la Cámara de Diputados, Congreso de la Unión
  • Biblioteca Nacional de México (Instituto de Investigaciones Bibliográficas-UNAM)
  • Decimonónicas
  • Excélsior
  • Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, INEHRM-Mexicana
  • Museo de Arte Moderno
  • Museo Archivo de la Fotografía
  • Museo Nacional de Arte
  • Museo Nacional de la Estampa

Material de apoyo

  • 1916. Primer Congreso Feminista de México, México, Infonavit, 1975.
  • Acevedo, Marta, “10 de mayo”, en Griselda Gutiérrez Castañeda (coord.), Feminismo en México. Revisión histórico-crítica del siglo que termina, México, PUEG-UNAM, 2002, pp. 39-51. Disponible en: https://cieg.unam.mx/docs/publicaciones/archivos/102.pdf#page=20
  • _____________, “Piezas de un rompecabezas”, en Fem, vol. II. núm. 5, octubre-diciembre de 1977, pp. 11-26. Disponible en: http://132.248.160.2:8991/pdf_cih01/000000927
  • Alvarado Martínez Escobar, María de Lourdes, “Dolores Correa y Zapata: entre la vocación por la enseñanza y la fuerza de la palabra escrita”, en Revista Mexicana de Investigación Educativa, vol. 14, núm. 43, octubre-diciembre de 2009, pp. 1269-1296. Disponible en: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S1405-66662009000400012&script=sci_arttext
  • _____________, “La educación ‘secundaria’ femenina desde las perspectivas del liberalismo y del catolicismo, en el siglo XIX”, en Perfiles Educativos, vol. 25, núm. 102, 2003, pp. 40-53. Disponible en: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26982003000400004&lng=es&tlng=es.
  • _____________(ed.), Educación y superación femenina en el siglo XIX : dos ensayos de Laureana Wright, México, IISUE-UNAM, 2005. Disponible en: http://132.248.192.241/~editorial/wp-content/uploads/2016/05/Educacio%CC%81n-y-superacio%CC%81n-femenina.pdf
  • Cacho, Lydia, Esclavas del poder. Un viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo, México, Grijalbo, 2010.
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Créditos

Investigación: Ilse Aide Franco García*
Curaduría: Ilse Aide Franco García y Amairani Tello
Colaboradores:
Ada de los Ángeles Navarro Reyes*
Stefhany Rincón Muciño*
Katia Naomi Illescas Ferretiz*
Manuel Ricardo Aguirre Cárdenas*
Corrección de texto: Ada de los Ángeles Navarro Reyes
Cuidado editorial: Rebeca Flores
Diseño gráfico y web: Bárbara Hernández y Salvador López

*Becarios del Programa Jóvenes Construyendo el Futuro.