
De nueva cuenta, en 1977, la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) vivió momentos cruciales en su historia. En esa ocasión no fueron los estudiantes los protagonistas de la lucha, sino los miembros del Sindicato de Trabajadores de la unam (stunam), quienes mantenían una huelga justa por mejoras laborales. Diecinueve días, entre los meses de junio y julio, de enfrentarse a la cerrazón en la administración de José López Portillo y a la intolerancia del rector Guillermo Soberón1. Desde las amenazas de despidos masivos hasta la declaración de inexistencia, la huelga no detuvo la lucha sindical. El apoyo popular y de trabajadores universitarios de otras partes del país hacia los huelguistas fue masivo. En respuesta, el gobierno optó por la mano dura: detención de los principales líderes huelguistas ―entre ellos Evaristo Pérez Arreola― y el rompimiento de la huelga.
El 7 de julio de 1977, a las cinco de la mañana, 20 mil granaderos, policías y paramilitares tomaron Ciudad Universitaria. La acción, con una precisión militar, desalojó antes a los periodistas y a los testigos incómodos. A pesar de que los trabajadores no ofrecieron resistencia, la represión fue brutal: se escucharon detonaciones, pero la policía afirmó días después que fueron cohetes y “palomas” lanzadas por los huelguistas. Algunas ambulancias entraron al campus. En medio de la operación policial por tomar las facultades, una joven de 16 años corría con su cámara en mano tomando fotografías que el Estado trató de impedir. Era la fotógrafa del semanario Oposición, órgano del Partido Comunista Mexicano (pcm): Lucero Hellmer.
Lucero Hellmer Miranda (Tlalpan, 1959) es una de los cinco hijos del etnomusicólogo y fotógrafo estadunidense Raoul Hellmer Pinkham (1913-1971), cuyos rescates fonográficos y antropológicos de la música tradicional indígena forman parte de la herencia auditiva del país, y de Emelia Miranda Santana, luchadora social, mujer de batallas y logros nacida en Cuetzala del Progreso, Guerrero. La formación intelectual e ideológica de sus padres, así como formarse en una familia con conciencia social, incubó en ella la sensibilidad artística, el deseo por investigar, conocer, crear, aprender y ser capaz de indignarse por las injusticias.
Su hogar fue un refugio para los perseguidos políticos y los exiliados sudamericanos de finales de la década de 1960. En este ambiente intelectual y politizado, las ideas en favor de la justicia social fueron sembrando en ella la esperanza de un cambio profundo en el país. El golpe de Estado en contra del presidente de Chile, Salvador Allende, en septiembre de 1973, reafirmó su postura política y en un futuro su militancia en la izquierda. Entre 1974 y 1975 formó parte de la Compañía de Teatro Experimental “Nueva Expresión”, quienes presentaron con éxito la obra El nuevo diluvio, del escritor estridentista Germán List Arzubide. También ahí practicó el canto de protesta y acompañó a la pequeña compañía a presentaciones musicales. Cuando parecía que su destino la llevaría al canto y a la actuación profesional, de manera casi fortuita apareció en su vida una de sus grandes pasiones: la fotografía.
En 1977, el PCM buscó obtener su registro ante la Secretaría de Gobernación para salir de la clandestinidad. El cual obtuvo hasta 1978. Mientras tanto, trató de mantener estructura organizativa funcionando, entre ellos, el órgano informativo del Comité Central del PCM, el semanario Oposición, fundado en 1973. Esta publicación dio una dura batalla no sólo contra la censura y la persecución del gobierno, sino también por la falta de apoyo económico. Sin recursos, pero con mucho entusiasmo, buscaban difundir las ideas de izquierda entre la población. Lucero, junto a un grupo de militantes entusiastas de las Juventudes Comunistas del PCM, participó en el Primer Festival del Semanario Oposición, que se llevó a cabo en el Palacio de los Deportes del 23 al 24 de abril de 1977. Lucero fue la encargada de la guardería y otras actividades. Ahí entabló amistad con Fabián Soto, quien al enterarse de que era ayudante de laboratorio fotográfico, la invitó a colaborar con el semanario. Su padre, Raoul Hellmer, le había enseñado las nociones básicas del fotógrafo, y sería Soto quien la llevó a ejercer la profesión de fotorreportera. El director de Oposición, Marco Leonel Posadas, le dio la bienvenida a Lucero Hellmer, y ahí empezó a colaborar en la publicación. Posadas, a pesar de las limitaciones económicas y de colaboradores, logró convertir a Oposición en una publicación de circulación nacional. Lucero, con una cámara de aficionado, empezó su labor como fotógrafa en la calle, buscando la nota en las marchas obreras, en las protestas vecinales, en las huelgas de hambre, en la lucha por la justicia social.
Como miles de mujeres comprometidas con los ideales de izquierda, Lucero Hellmer fue pionera en un mundo exclusivo para hombres: el fotoperiodismo2. Entre 1977 y 1982, ella registró marchas, huelgas, protestas, movimientos proletarios y reuniones del pcm, arriesgando su integridad física en un tiempo en que el Estado ejerció una terrible represión. Varias veces fue detenida y amenazada por policías y paramilitares. Muchas otras le confiscaron sus rollos, pero, gracias a su integridad y valentía, logró salvar miles de fotografías que hoy son testimonios valiosos de la lucha popular.
La falta de apoyo económico para Oposición no la detuvo para ejercer su oficio. Varias veces compró ella los rollos de sus cámaras y con muchos esfuerzos logró montar un laboratorio artesanal para revelar sus fotografías. Como anticipando lo inevitable, Lucero dejó la publicación, en 1981, un año antes de la disolución del pcm y después abandonó al partido, puesto que la transformación de éste al Partido Socialista Unificado de México (psum) no coincidió con su postura ideológica. La vida la llevó a desarrollar otros oficios y profesiones: funcionaria, escritora, comunicadora, actriz profesional, líder social, bibliotecaria y librera anticuaria, pero nunca abandonó una de sus grandes pasiones: la fotografía. Como documentalista registró miles de imágenes del Acapulco de antes de la tragedia provocada por el huracán Otis, en 2023. Este registro fotográfico es hoy un material invaluable no sólo por su calidad estética, sino testimonial, no sólo para la reconstrucción material, sino emocional del puerto3.
En diciembre de 2021, el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (inehrm), órgano desconcentrado de la Secretaría de Cultura, concretó la adquisición del Archivo Lucero Hellmer 1977-1982. Son 10,574 piezas, entre fotografías, negativos, hojas de contacto e impresos. El personal de la Fototeca del inehrm se encuentra laborando en la organización, conservación y digitalización de este importante acervo. Mientras tanto, en esta exposición, mostramos una breve selección de su trabajo para difundir este importante archivo que registró una parte coyuntural de la historia social de nuestro país a finales del siglo xx. Y a manera de epílogo, mostramos una selección de 25 imágenes, de un acervo digital de 40 mil, sobre el puerto de Acapulco antes del desastre de Otis, sin duda, un testimonio importante que espera convertirse en libro.