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Guadalupe Bejarano en las bartolinas de Belén

Guadalupe Bejarano en las bartolinas de Belén

 
 

Institución: Mexicana - Museo Nacional de la Estampa

En Memórica se encuentran varios trabajos de José Guadalupe Posada, grabador, pintor, caricaturista mexicano conocido mundialmente, en cuyas estampas y litografías, entre otras producciones, está retratada la sociedad mexicana. Es el caso de este grabado, inspirado en una criminal: Guadalupe Bejarano, una mujer con fama de bondadosa, quien adoptaba a huérfanas para cuidarlas, pero en 1892 la policía descubrió que era una depredadora que le gustaba torturar a las jóvenes hasta la muerte, lo cual, obviamente, impresionó a la población porfiriana, pues había un estereotipo femenino de hijas-esposas-madres a quienes se les veía como sensibles, pasivas, sumisas, abnegadas, sin pasiones. Bejarano era madre, y justamente fue su hijo Aurelio quien la denunció. Nunca se mencionan otros detalles; por ejemplo, no se refieren a su marido, tampoco de su conducta, solamente se divulgó un retrato inhumano, contrario a todo lo esperado de una mujer decente para la época.

 

En ese entonces eran menos frecuentes los actos delictivos de mujeres que de hombres. La criminalidad femenina era inferior a la masculina pues representaba 24 por ciento de todos los consignados y 21 por ciento de las sentencias; además, la gran diferencia era que a las mujeres se les encarcelaba menos por violencia, pues los principales crímenes asociados a éstas fueron el aborto, el infanticidio, el abandono, el robo de infantes y la corrupción de menores. La mayoría de estos delitos no obtenían una condena muy larga, pero la moral iba ligada a lo penal y las sanciones se daban según el alejamiento o transgresión del modelo tradicional de la mujer. Bejarano estuvo activa de 1885 a 1892, cuando fue detenida en la Ciudad de México, y se le atribuyeron tres víctimas mortales: Casimira Juárez y las hermanas Guadalupe y Crescencia Pineda. En el grabado sólo se hace mención de esta última junto con su tortura descrita en verso.

 

El homicidio se castigaba con una pena media de 12 años si no había premeditación, alevosía, ventaja, traición, y de ser así les darían pena capital a hombres y 20 años de cárcel a mujeres; sin embargo, ser asesina de infantes era considerado de lo más grave, ya que no despertaba clemencia y generaba una elevada severidad en lo legal. Estos sucesos eran difundidos en impresos, como periódicos y hojas sueltas de la época. A Bejarano la llamaban “la mujer verdugo” y sus retratos muestran su crueldad: la dibujaban “en grande”, contrario a las víctimas, para hacer patente su superioridad. Murió por causas naturales en la prisión de Belén antes de terminar su juicio. Su caso tuvo tanto impacto que por mucho tiempo se les llamó “bejaranos” a los secuestradores.

 

Material de apoyo:

“José Guadalupe Posada, artista contemporáneo y universal”, México, inba, 2020. Consultado en: aquí

Speckman Guerra, Elisa, “Morir a manos de una mujer: homicidas e infanticidas en el porfiriato”, en Disidencia y disidentes en la historia de México, México, iih-unam, 2003. Consultado en aquí

Speckman Guerra, Elisa, “Las flores del mal. Mujeres criminales en el porfiriato”, en Historia mexicana, El Colegio de México, México, 1997. Consultado en aquí

 

 

Institución: Mexicana - Museo Nacional de la Estampa

En Memórica se encuentran varios trabajos de José Guadalupe Posada, grabador, pintor, caricaturista mexicano conocido mundialmente, en cuyas estampas y litografías, entre otras producciones, está retratada la sociedad mexicana. Es el caso de este grabado, inspirado en una criminal: Guadalupe Bejarano, una mujer con fama de bondadosa, quien adoptaba a huérfanas para cuidarlas, pero en 1892 la policía descubrió que era una depredadora que le gustaba torturar a las jóvenes hasta la muerte, lo cual, obviamente, impresionó a la población porfiriana, pues había un estereotipo femenino de hijas-esposas-madres a quienes se les veía como sensibles, pasivas, sumisas, abnegadas, sin pasiones. Bejarano era madre, y justamente fue su hijo Aurelio quien la denunció. Nunca se mencionan otros detalles; por ejemplo, no se refieren a su marido, tampoco de su conducta, solamente se divulgó un retrato inhumano, contrario a todo lo esperado de una mujer decente para la época.

En ese entonces eran menos frecuentes los actos delictivos de mujeres que de hombres. La criminalidad femenina era inferior a la masculina pues representaba 24 por ciento de todos los consignados y 21 por ciento de las sentencias; además, la gran diferencia era que a las mujeres se les encarcelaba menos por violencia, pues los principales crímenes asociados a éstas fueron el aborto, el infanticidio, el abandono, el robo de infantes y la corrupción de menores. La mayoría de estos delitos no obtenían una condena muy larga, pero la moral iba ligada a lo penal y las sanciones se daban según el alejamiento o transgresión del modelo tradicional de la mujer. Bejarano estuvo activa de 1885 a 1892, cuando fue detenida en la Ciudad de México, y se le atribuyeron tres víctimas mortales: Casimira Juárez y las hermanas Guadalupe y Crescencia Pineda. En el grabado sólo se hace mención de esta última junto con su tortura descrita en verso.

El homicidio se castigaba con una pena media de 12 años si no había premeditación, alevosía, ventaja, traición, y de ser así les darían pena capital a hombres y 20 años de cárcel a mujeres; sin embargo, ser asesina de infantes era considerado de lo más grave, ya que no despertaba clemencia y generaba una elevada severidad en lo legal. Estos sucesos eran difundidos en impresos, como periódicos y hojas sueltas de la época. A Bejarano la llamaban “la mujer verdugo” y sus retratos muestran su crueldad: la dibujaban “en grande”, contrario a las víctimas, para hacer patente su superioridad. Murió por causas naturales en la prisión de Belén antes de terminar su juicio. Su caso tuvo tanto impacto que por mucho tiempo se les llamó “bejaranos” a los secuestradores.

Material de apoyo:

“José Guadalupe Posada, artista contemporáneo y universal”, México, inba, 2020. Consultado en: aquí

Speckman Guerra, Elisa, “Morir a manos de una mujer: homicidas e infanticidas en el porfiriato”, en Disidencia y disidentes en la historia de México, México, iih-unam, 2003. Consultado en aquí

Speckman Guerra, Elisa, “Las flores del mal. Mujeres criminales en el porfiriato”, en Historia mexicana, El Colegio de México, México, 1997. Consultado en aquí

 
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