Esta empresa, de raíces alemanas, fue clave en la proyección de compositores y músicos mexicanos como Juventino Rosas, Ricardo Castro y Manuel M. Ponce. También difundió el repertorio europeo y norteamericano más famoso en sus distintas vertientes. Entre los siglos xix y xx impulsó la enseñanza musical, acercó este arte a públicos cada vez más diversos y contribuyó a su profesionalización.
Nuestra historia comienza a mediados del siglo xix en el bullicioso puerto alemán de Hamburgo, al otro lado del Atlántico. Allí, dos muchachos se lanzaron a una aventura comercial que duraría décadas.
foto de Georg Koppmann, Colección MKG.
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Entre bruma y viento frío, Agustín Wagner, de tan sólo 19 años, partió en compañía de su socio y amigo Guillermo Levien, de 26. América ya los esperaba.
Imagen alusiva a la goleta prusiana Gladiador, en la que viajaron Agustín Wagner y Guillermo Levien.
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Noviembre de 1849. A bordo de la goleta Gladiador, Agustín y Guillermo arribaron al puerto de Veracruz junto con otros jóvenes alemanes fabricantes de pianos. Todos venían a probar suerte en México.
A mediados del siglo xix, el comercio con Alemania iba en ascenso. México importaba maquinaria, ferretería, vidrio, medicinas, juguetes… y, claro, pianos, todos ellos “hijos” de la Revolución Industrial.
“Relación de los pasajeros llegados a este puerto en la goleta prusiana Gladiador”, agn, Movimiento Marítimo, vol. 17, f. 80.
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En un México abierto a la migración y al capital extranjero, Agustín y Guillermo inauguraron en 1851 la Fábrica de Pianos de A. Wagner y Levien, en la antigua calle de Zuleta.
Grabado reproducido en el Primer Gran Catálogo de A. Wagner y Levien, Segunda Parte, Imprenta de August Pries, Leipzig, 1885.
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En 1876, Wagner y Levien abrieron el Repertorio de Música en la calle de Coliseo Viejo. Ahí vendían instrumentos de banda y orquesta, así como partituras para todos los gustos: de las solemnes cantatas de Bach a los valses de moda de Strauss que arrancaban suspiros a los enamorados.
Sin firma, “Sírvase usted pasar”, Polka-Paso doble para piano, dedicado al bello sexo mexicano. s.l., s.f. Colección particular de Rogelio Álvarez Meneses.
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Imagina que entras a una tienda de pianos y, al subir la escalera, escuchas el eco de un violín. Así nació en 1896 la Sala Wagner: un espacio inédito en México, dentro del almacén de los empresarios alemanes, donde la música se convirtió en el mejor escaparate y espectáculo.
La Sala Wagner fue más que una estrategia para atraer clientes: abrió camino a nuevas generaciones de músicos, gracias a los cuales se volvió uno de los recintos artísticos más importantes del país hasta la década de 1940. Durante medio siglo recibió a destacados solistas y conjuntos de cámara nacionales y extranjeros, como Ricardo Castro, María Luisa Ritter, el Cuarteto Saloma, el Quinteto Castillo, el Octeto México y muchos más.
En Julián Carrillo, Pláticas musicales, A. Wagner y Levien, Sucs., Monterrey, 1913, pp. 130-132.
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Tras décadas de residencia en México, Agustín Wagner decidió volver a su patria en 1870, como solían hacer muchos empresarios extranjeros una vez alcanzada la fortuna. Desde Hamburgo siguió al frente de la empresa durante al menos 20 años más, supervisando la calidad de los pianos y las partituras que la Casa editaba en Alemania para el mercado mexicano. Murió en noviembre de 1901, a la edad de 72 años, recordado como un hombre “sencillo, afable y bondadoso”.
Colección particular de Alejandro Wagner Nitz (Berlín, Alemania). Foto cortesía del coleccionista.
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A comienzos del siglo xx la Casa Wagner alcanzó su máximo esplendor. Para entonces ya contaba con sucursales en Puebla, Monterrey y Guadalajara, además de una red de agentes en numerosas ciudades de la república. Gracias a ello, las clases medias y las familias acomodadas podían adquirir pianos, instrumentos y todo tipo de artículos para el aprendizaje, la práctica y la recreación musical. Este auge se materializó en un edificio moderno que reunía, bajo un mismo techo, el almacén de pianos, el Repertorio de Música y la sala de conciertos. ¡Y vaya que era moderno! Estaba electrificado, tenía un lujoso elevador y aparadores iluminados que brillaban hacia la calle, atrayendo miradas curiosas. La inauguración se planeó para coincidir con los festejos del Centenario de la Independencia en 1910, reafirmando a la Casa Wagner como un verdadero motor de la vida musical mexicana.
México, Fototeca Nacional, inah.
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En México, Agustín Wagner no sólo levantó una empresa, también formó una familia. Con Henriette Thieriot tuvo cuatro hijos: Otto, Pauline, Marie y Ferdinand. Al primogénito, Otto, nacido en Tacubaya en 1869, le tocó administrar la Casa Wagner desde la partida de su padre a Alemania. En la foto, tomada hacia 1925, lo vemos con su esposa mexicana, sus hijos y el equipo de socios, vendedores, técnicos y choferes. Juntos —familia y empleados— mantenían vivo el legado de Agustín y de Guillermo.
Archivo Casasola, “Obreros y patrones de A. Wagner & Levien Sucs., retrato de grupo”, ca. 1925. México, Fototeca Nacional, inah.
Objeto DigitalAño IX, t. I, núm. 8, 23 de febrero de 1902, p. 18.
Objeto DigitalEscuchar música de cámara en la Sala Wagner fue una novedad absoluta. En la república mexicana no era común asistir a conciertos públicos dedicados a obras instrumentales, pues en los teatros predominaban la ópera y la zarzuela. Aquí, en cambio, pequeños ensambles —tríos, cuartetos, quintetos e incluso octetos— encontraron por primera vez un escenario estable, con ciclos concebidos especialmente para este género. Así, la Sala Wagner fue pionera en la vida musical del país.
El Cuarteto Saloma, junto con los cuartetos del Conservatorio Nacional, Beethoven y el de la Sociedad Filarmónica, hicieron de la Sala Wagner su casa, consolidándola como un referente artístico en la capital.
Sentado, a la derecha, Luis Gabriel Saloma, director y primer violín; Pedro Valdés Fraga, segundo violín; Francisco Baltazarez, viola; y Rafael Galindo, violonchelo. agn, Instrucción Pública y Bellas Artes (Propiedad Artística y Literaria), caja 68, exp. 68.
Objeto DigitalEntre diciembre de 1908 y enero de 1909 el Cuarteto Saloma ofreció un ciclo de seis conciertos de música de cámara en la Sala Wagner.
La serie contó con el apoyo de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, entonces dirigida por Justo Sierra, quien otorgó una subvención especial. A cambio, el Cuarteto reservó en cada función 10 boletos gratuitos para los alumnos del Conservatorio con el propósito de acercarlos a un género que apenas comenzaba a abrirse paso en la vida cultural de la capital.
Gracias a esta iniciativa los estudiantes pudieron descubrir obras de Haydn, Mozart, Schubert, Mendelssohn y Smetana, y escuchar por primera vez el Cuarteto de cuerdas núm. 1, Op. 6 (1903) del maestro Julián Carrillo.
agn, Instrucción Pública y Bellas Artes (Propiedad Artística y Literaria), caja 68, exp. 68 [s.f.].
Objeto DigitalEl pianista mexicano Alberto Villaseñor actuó en la Sala Wagner como solista e integrante de conjuntos de cámara. Los críticos de la época lo consideraban una promesa por la energía, delicadeza, sentimiento y elegancia de su interpretación.
A finales de 1910, María Luisa Meneses —hija de Carlos Julio Meneses, director de la Orquesta del Conservatorio— debutó en el Teatro Arbeu con el Segundo concierto para piano en sol menor, Op. 22, célebre obra del compositor francés Camille Saint-Saëns.
María Luisa estudiaba en el Conservatorio y formaba parte de la orquesta de alumnos, dirigida por el profesor Luis G. Saloma.
Fotografía de Alberto Villaseñor, discípulo de Carlos J. Meneses, en Julián Carrillo, Pláticas musicales, A. Wagner y Levien, Sucs., Monterrey, 1913, pp. 34-35.
Objeto DigitalEl Arte. Revista Musical, t. VIII, núm. 12 (diciembre de 1910), p. 94.
Objeto DigitalEl Cuarteto Beethoven, fundado en 1910 por el violinista Julián Carrillo, debutó en la Sala Wagner con una temporada de 14 conciertos.
Un par de años más tarde, Carrillo lamentaba que la continuidad del Cuarteto y de la Orquesta Beethoven dependiera casi por completo del apoyo del Gobierno.
Además del respaldo oficial, reconocía también la colaboración de la Casa Wagner, que prestó su sala de conciertos para los ensayos, anunció las funciones en su Gaceta Musical y obsequió los programas de mano.
En Julián Carrillo Pláticas musicales, A. Wagner y Levien, Sucs., Monterrey, 1913, pp. 132-133.
Objeto DigitalEn 1928, el violista Luis Gabriel Saloma, fundador del Cuarteto que lleva su nombre, presumía con orgullo la enorme lista de compositores que presentó por primera vez al público mexicano:
“Desde el año de 1896 en que fundé el cuarteto saloma, hasta hoy día, he tenido como objetivo difundir la Música de Cámara en México, sin que los múltiples obstáculos y sinsabores inherentes a todo apostolado me hayan desanimado, y he tenido la satisfacción de ir paulatinamente, dando a conocer durante todos estos años las obras de los autores clásicos, neo-clásicos y románticos tales como Handel, Bach, Haydn, Mozart, Beethoven, Brahms, Schubert, Schumann, Mendelsson, etc., etc.
Más tarde las obras de autores modernos como Borodin, Franck, Dvorak, Rubinstein, Glazounow, Tschaikowsky, Smetana, Saint-Saens, Grieg, Svendsen, Sinding, etc., etc., y por último las de los contemporáneos y aún ultra-modernos como Hindemith, Milhaud, Debussy, Ornstein, Bartók, Scott, Bloch, Burleigh, Sibelius, Schomberg, Turina, Strawinsky y Ravel. [...].”
Programa del Cuarteto Saloma en el Anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria, mayo-junio de 1929. Fondos especiales de la Biblioteca de las Artes.
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En este local, el ruido de los golpes de martillo y el olor a madera llenaban el aire. Técnicos, carpinteros, ebanistas, alemanes y mexicanos, trabajaban codo a codo en el taller. En la tienda, vendedores expertos presentaban los pianos a los clientes. A finales del siglo, la fábrica tenía más de 30 empleados.
Grabado reproducido en el Primer Gran Catálogo de A. Wagner y Levien, Segunda Parte, Imprenta de August Pries, Leipzig, 1885.
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Wagner y Levien ofrecían pianos de distintas marcas alemanas, pero en la década de 1860 consiguieron un privilegio único: ser los proveedores exclusivos de Steinway & Sons en México. Hoy, esta prestigiosa marca neoyorquina sigue dando el tono en grandes salas de concierto.
Colección particular de Olivia Moreno.
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La empresa ofrecía diversas opciones a sus clientes para adquirir un piano: desde el alquiler hasta los pagos diferidos —hoy diríamos “a meses”… pero en este caso ¡con muchos intereses!—. De esta manera, la Fábrica de Pianos de Wagner y Levien logró acercar estos instrumentos también a las clases medias, ampliando el alcance de un bien que hasta entonces había sido exclusivo de las élites.
Semanario independiente, año XVII, número 832, 2 de febrero de 1913, p. 3.
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La Casa Wagner presumía de que sus pianos resistían cualquier clima de la república mexicana, en especial el calor intenso de las ciudades costeras.
El Demócrata, segunda época, tomo II, número 85, 17 de enero de 1895, p. 3.
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Tanto la Sala Nezahualcóyotl como la Sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario poseen varios pianos Steinway & Sons, marca que la Casa Wagner dio a conocer en México desde mediados del siglo xix.
Cortesía del Mtro. Andrés Oceguera.
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Además de vender pianos e instrumentos, la Casa Wagner y Levien tuvo otro negocio redondo: las partituras. Mientras importaba repertorio clásico y moderno de Europa y los Estados Unidos, se fue posicionando como una casa editora clave para la música mexicana. Muchas obras eran inéditas y de autores entonces poco conocidos, que empezaron a sonar —y ganar celebridad— gracias a esa circulación.
Durante la segunda mitad del siglo xix, Wagner y Levien, junto con la empresa de H. Nagel, monopolizaron de facto la distribución de partituras de compositores nacionales… hasta que nuevos editores entraron en la competencia.
Al principio publicaban en imprentas de la Ciudad de México, pero después optaron por enviarlas a Leipzig, capital europea del estampado musical, donde se producían tirajes masivos, más baratos y con atractivas portadas a color. ¡Puro marketing decimonónico!
A continuación una partitura de las muchas colecciones de bailes de salón editadas por el Gran Repertorio de Música de Henry Nagel, el compatriota y rival de Wagner y Levien. Estos últimos, sin embargo, no se quedaron atrás y editaron sus propias colecciones, de las cuales mostramos algunos ejemplos.
Agradecemos a todas las instituciones que facilitaron los recursos para la presente exposición y a aquellas personas cuyo trabajo hace posible la consulta de los acervos:
Universidad Nacional Autónoma de México
Instituto de Investigaciones Filológicas
Archivo General de la Nación
Biblioteca Nacional de México
Hemeroteca Nacional de México
Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical “Carlos Chávez” (cenidim)
Agradecimientos especiales
Al Dr. Rogelio Álvarez Meneses y al Mtro. Noel Torres León por las facilidades para la consulta y digitalización de su archivo personal de partituras.
Al Dr. Gabriel Torres Puga, por haber diseñado la animación inicial de la exposición y realizado la ilustración de los dos jóvenes viajeros.
A Alejandro Wagner Nitz, quien proporcionó una la fotografía de August Wagner de su colección particular.
Al Mtro. Andrés Oceguera-Montiel, quien proporcionó la fotografía del piano Steinway & Sons de la Sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario.
A los becarios del Proyecto PAPIIT IN406625 “Crónicas mexicanas de música de cámara (1896-1897). Rescate y edición anotada”: Samuel Leyva Navarro, José de Jesús Navarrete Correa, Carlos Pérez Castrejón, Berenice Liza Guerrero Vargas, Laura Vázquez Noches.
Curaduría
Dra. Olivia Moreno Gamboa
Dra. Pamela Vicenteño Bravo
Edición de imágenes
Dra. Olivia Moreno Gamboa
Dra. Pamela Vicenteño Bravo
Proyecto PAPIIT IN406625 “Crónicas mexicanas de música de cámara (1896-1897). Rescate y edición anotada”
Director General del agn
Dr. Carlos Ruiz Abreu
Titular de Memoria Histórica
Gabriela Pulido Llano
Director de Creación de Contenidos Digitales
Rubén Octavio Amador Zamora
Edición
Rebeca Flores Gutiérrez
Director de Diseño y Estrategia Creativa
Mauricio Antonio Espinosa Azócar
Diseño y programación web
Guillermo Salvador López Rocha