<%-- no sustituir --%> Carlos Chávez y Dmitri Shostakovich
Carlos Chavez: la música de Shostakovich y geopolítica en México

Sala 1

El conductor de la política cultural

El conductor de la política cultural

La figura de Carlos Chávez está íntimamente ligada a la identidad nacional promovida por el Estado en México a lo largo del siglo xx. No se trata solamente de un compositor y director de orquesta con innegable talento musical; estamos frente al responsable institucional que encauzó políticas al más alto nivel para el arte y la cultura en este país.

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El maestro Carlos Chávez en su escritorio, s. a., 1947. Archivo General de la Nación, Archivos Fotográficos, Fondo Carlos Chávez, 1947.

Nota biográfica

Nacido el 13 de junio de 1899, Carlos Chávez recibió educación musical desde niño, aunque obtuvo el diploma en composición del Conservatorio Nacional en 1919. En 1928 fue designado director musical de la Orquesta Sinfónica Mexicana. Muy activo a lo largo de los años treinta, su labor docente y editorial musical formó y difundió la obra de varios compositores modernos. Iniciado el sexenio de Miguel Alemán tuvo como responsabilidad echar a andar el Instituto Nacional de Bellas Artes (inba). Aclamado, y de imponente trayectoria, falleció el 2 de agosto de 1978.

La habilidad de Carlos Chávez como funcionario público fue su virtud primera. No sólo fue un exitoso burócrata transexenal en México, sino que hay una geopolítica del arte en la que fue experto y donde demostró astucia y tacto para circunstancias complejas. Chávez desempeñó cargos de alto nivel para la administración de seis distintos periodos presidenciales.

Sala 2

El contexto mundial

El contexto mundial

La geopolítica trata de cómo un Estado construye espacios de negociación o influencia en medio de tensiones internacionales o alianzas trasnacionales. En ese sentido, Chávez fue el artífice en México de un espacio en el que la bipolaridad de mediados del siglo xx encontró una válvula de regulación en la promoción del arte y el intercambio cultural entre naciones que, declarándose en favor de la paz, distendieron aquella animadversión belicista que abanderaran los Estados Unidos de América y la Unión Soviética.

Parecería que la naturaleza misma de la música clásica la hace apolítica; sin embargo, a lo largo de la pasada centuria ocurrió justamente lo contrario. La diplomacia cultural tuvo claros momentos en la literatura y la exposición de objetos artísticos, pero también para la reunión de músicos, la interpretación y la composición de ciertas piezas que resonaron de manera fundamental como manifiestos ideológicos y tomas de posición en la arena de las relaciones internacionales.

Arte y política

Si la política de agitación y propaganda (agit-prop) mostró al gobierno soviético el potencial publicitario de la cultura promovida desde el Estado, la Internacional Comunista que fundara Lenin probó que una de las maneras de promover el comunismo mundial estaba en llevar arte y concordia como fachadas discursivas a aquellos países donde se esperaba que la revolución ocurriera.

Hay dos periodos en particular que los estudiosos reconocen como nodales para entender cómo las artes fueron usadas en tanto que instrumento político. Primero, la militancia que suponen el agit-prop y la consecución bolchevique del poder; segundo, la prédica de la amistad de los pueblos con la que cuadros políticos son destacados como representantes culturales en puestos diplomáticos. El reconocimiento del Estado soviético por parte de los Estados Unidos, en 1933, y su integración a la Liga de Naciones en 1934 marcan el inicio de una orientación distinta en las relaciones exteriores de la Unión Soviética.

La primera exposición de arte ruso, presentada en Berlín en octubre de 1922, señala un ensayo en el despliegue de aquella novedosa estrategia. Muy aplaudida por la opinión pública resultó formativa para quienes verían el potencial de la imagen como vehículo para movilizar conciencias y convertirse en verdaderos agentes del Estado soviético desde la propaganda y el reclutamiento en el extranjero. Ese llamado convive sin problema con el objetivo último de la Internacional Comunista (Comintern), que oficialmente dejó de funcionar en el verano de 1943. Un personaje fundamental para entender cómo se asume aquella tarea es Alexandra Kollontai, quien fuera la primera representante de la legación soviética en Oslo, y que llegó a México en 1926 con la misma responsabilidad.

Es un caso análogo al de Konstantin Aleksandrovich Umansky, enviado a Alemania ―con apenas 17 años― en 1919 por la izo Narkompros (Departamento de Bellas Artes del Comisariado Popular para la Educación, establecido por el gobierno bolchevique). Ahí editó un libro, publicado en Múnich en febrero de 1920, llamado Nuevo arte de tierras rusas, 1914-1919. El cargo oficial con el que viajó, así estampado en su pasaporte, era: “Embajador Artístico”. Y es en esa misma capacidad que se desempeñó las siguientes dos décadas, entre la diplomacia y la gestión del arte. Llegó a México en 1943.

Sala 3

La revolución, la música...

La revolución, la música y la cultura nacional

Álvaro Obregón terminó su encargo como presidente de México el 30 de noviembre de 1924 y lo sucedió Plutarco Elías Calles, quien llevó la primera magistratura hasta el mismo día, pero de 1928. En ambas administraciones tuvo una continuidad muy clara el empuje de las directrices que José Vasconcelos, como rector de la Universidad y luego como secretario de Educación Pública, enarboló como programa para la educación y la cultura en el país. Hay una gran cantidad de servidores públicos de alto nivel que fueron sus alumnos o se entusiasmaron con su prédica en los años por venir, al menos hasta 1958. Uno de ellos, sin duda, fue Carlos Chávez. El vasconcelismo hizo de Carlos Antonio de Padua Chávez y Ramírez, de apenas 25 años, inspector de Música de la Secretaría de Educación Pública (sep) de México en 1924. Este compositor fue el artífice y administrador de lo nacional en las artes del siglo xx; ejerció ese poder institucional hasta su muerte en 1978. Jovencísimo, y en medio de la Revolución, había publicado junto con Carlos Pellicer y Luis Enrique Erro la revista Gladios (1916).

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Retrato del músico en 1917, s. a. Archivo General de la Nación, Archivos Fotográficos, Fondo Carlos Chávez, Expediente 5, 1917.

En su composición Tres poemas para voz y piano (1938) musicalizó obras de los miembros de esa generación: Carlos Pellicer, Salvador Novo y Xavier Villaurrutia. En esa pieza Chávez construyó su música a partir de los poemas: “El segador” de Carlos Pellicer, “Hoy no lució la estrella de tus ojos” de Salvador Novo y “Nocturno rosa” de Xavier Villaurrutia. A cada texto le asignó una técnica distinta expresada en cromatismos que corresponden al fraseo poético para Pellicer, el lirismo e impresionismo para Novo y en el surrealismo en frases cortas para Villaurrutia. Otras composiciones relacionadas con estos poemas son Tres hexágonos (1923) y Otros tres hexágonos (1924), basadas en los versos de Pellicer; Tierra mojada (1931) y Todo (1931) inspirada en los textos de Ramón López Velarde, y Cuatro nocturnos (1939) en la poesía de Villaurrutia. Chávez era, además, amigo personal de los pintores de la vanguardia muralista.

Carlos Chávez, Diego Rivera y Dionisio Pulido, abril de 1943, volcán Paricutín. Archivo General de la Nación, Archivos Fotográficos, Fondo Carlos Chávez, Expediente 20, f. 35.

En 1922 Chávez viajó a Austria, Alemania y Francia, donde entró en contacto con Ígor Stravinsky y Arnold Schönberg. A su regreso promovió activamente la vanguardia musical interpretando a De Falla, Arthur Honegger, Béla Bartók y Silvestre Revueltas. Llegó junto a Rufino Tamayo a Manhattan en 1927 y conoció a Edgar Varèse y a Aaron Copland. Ahí se funda la idea de crear una estética musical nacionalista. La consonancia retórica que animó entonces a la pintura, la música y la literatura era diáfana.

Carlos Chávez. Fotografía de E. Schaal, Nueva York, 1927. Archivo General de la Nación, Archivos Fotográficos, Fondo Carlos Chávez, Caja 2, Expediente 46, f. 02861927.

A su regreso y de 1928 a 1934 fue director del Conservatorio Nacional de Música y jefe del Departamento de Bellas Artes en la sep. De esa época es su trabajo más propositivo, la suite del ballet Caballos de vapor (H. P.) extraída de la peculiar coreografía del mismo nombre, cuya escenografía y vestuario (que incluían frutas danzantes y una bailarina disfrazada como locomotora gigante) fueron diseñados por Diego Rivera.

Fue entonces que el Partido Comunista de la Unión Soviética (pcus) instrumentó su gobernanza para la cultura y la diplomacia. La Unión de Compositores Soviéticos publicó a partir de 1933 su órgano editorial: la revista Sovietskaya Muzyka. Allí se dictó consigna para los artistas, no sólo en Rusia sino para simpatizantes del comunismo en todo el mundo: “concentrarse en los victoriosos y progresistas principios de la realidad […] socialista […] una implacable lucha contra las direcciones modernistas que eliminan al elemento popular […] y el servilismo ante la cultura burguesa moderna”. El discurso del muralismo en México, la prédica institucional de la sep y la retórica electoral posrevolucionaria son claro eco de aquella ideología.

Sala 4

El político y la música

El político y la música

Creador indiscutible, Carlos Chávez fue también un autoritario funcionario transexenal. Durante aquellos años, la política cultural del país era consensuada por el Ejecutivo y su secretario de Educación; para su implementación existía solamente la palabra y voluntad institucional de él, quien estrenó en concierto casi 200 obras, la mitad de mexicanos. Pero se ocupó también de opacar a quienes percibió como músicos superiores: Nabor Carrillo, Manuel M. Ponce y Silvestre Revueltas. Miembro fundador de El Colegio Nacional, desde el 15 de mayo de 1943 el compositor permanece como éminence grise de la cultura nacional las siguientes tres décadas, es decir, aquel que ejerce una parcela de poder, cercano al mandatario, y quien toma decisiones finales, en este caso respecto de las artes en México.

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Carlos Chávez y otras personas en un palco de Bellas Artes. Fondo A. Casasola, Serie Personajes, ca. 1945, Mediateca-inah.

Chávez dispuso de espacios, concedió cargos, estorbó trayectorias, impulsó carreras, formó escuela. Fue el guía para situaciones concretas, cuyo objetivo era predecir y encauzar la interacción de diversos agentes en la escena previa a la toma de decisiones por parte de quienes, en efecto, tenían el poder, lo mismo en México que internacionalmente.

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Fernando Gamboa y Carlos Chávez, 1° de diciembre de 1950. Archivo General de la Nación, Archivos Fotográficos, Fondo Carlos Chávez, Expediente 0523.

Encargado desde su fundación del inba, el organismo rector de las políticas públicas en materia de cultura artística, Chávez creó en 1947 la Orquesta Sinfónica Nacional y un año después la Ópera de Bellas Artes. El Departamento de Danza debe también a él su impulso. En su repertorio autoral figuran seis sinfonías, cinco ballets, una ópera, cuatro conciertos e innumerables obras sinfónicas y de cámara. Sinfonía india (1935), Resonancias (1964), Discovery (1969) e Initium (1971) son otras de sus más conocidas composiciones.

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Negativos acetato Chávez dirige un ensayo de la Orquesta Sinfónica Nacional, ca. 1947. Archivo General de la Nación, Archivos Fotográficos, Fondo Hermanos Mayo, Caja 5, f. 2181.

La música de Carlos Chávez, a vuelo de pájaro, tiene un par de peculiaridades como paisaje sonoro: formas tradicionales y disonancia moderada. Dicho mapa contiene también una clara predilección por procesos contrapuntísticos, como el canon y la fuga. Con la excepción de las obras con orientación mexicana, emplea armonías por cuartas y novenas menores para evitar la tonalidad. La orquestación es su figura más característica. La retórica y las colaboraciones intelectuales que procura Chávez se mantienen siempre claras de sus convicciones en el ámbito internacional. Su música tiene un compromiso moral con las mayorías.

Sala 5

Música culta y música popular

Música culta y música popular

Aaron Copland cuenta haber dejado México en noviembre de 1932, luego de conocer a Anita Brenner y su libro, impresionado por el Salón México y con una idea clara ya para desarrollar una composición musical con ese mismo motivo. Carlos Chávez organizó conciertos donde el programa entero eran composiciones de Copland; fue él quien lo llevó al centro nocturno, quien le acercó el Cancionero Mexicano de Frances Toor y El folklore y La Música Mexicana de Rubén M. Campos. Se trata también del vuelco en la carrera de Copland hacia temas nacionalistas en los Estados Unidos, populismo y folclorismo en los temas, amén de esa ética accesible que caracterizó su música siempre. Copland entendía la música como un compromiso con el hombre común. Muy pronto cercano a la ideología para las artes que abrazó el Frente Popular en España, Copland, como tantos otros, buscaba un lenguaje moderno que no obstante apelara a las masas. “Simplicidad impuesta”, llamó a aquel ethos.

Salón México resultó una obra estrictamente melódica (glosa el son del Palo Verde y la canción revolucionaria de La Jesusita), cuya distorsión o fragmentación sirve como figura retórica menor. Dicha aliteración opera, además, como velada crítica al capitalismo. De igual manera, su epífrasis apunta hacia una solidaridad proletaria aún por lograrse; es ese agregado de temas comunes al oído popular como complemento para su composición. Similar deconstrucción llevará a cabo Chávez en lo sucesivo. Copland volvería en 1936 y 1937, veranos durante los cuales visitó Tlaxcala.

Artistas comunistas

En el programa inaugural para el presidente electo, Dwight D. Eisenhower, figuraba el Retrato de Lincoln de Copland. Pero la pieza fue retirada del número musical para el evento por el congresista Fred E. Busbey, quien acusó a Copland de proximidad con el comunismo internacional. Aquella era la época más irracional del antiamericanismo como justificación política y prédica impuesta para la opinión pública estadunidense.

Chávez dejó un legado periodístico a través de sus colaboraciones en el diario El Universal, denominadas “La música en México”, y que, posteriormente, fueron reunidas por El Colegio de México en los volúmenes titulados: Escritos periodísticos (1916-1939) y Escritos periodísticos (1950-1975), donde reflexionó sobre muy diversos temas, como la música, la educación, la pintura y la literatura. Le pertenecen escritos como “Carta al Dr. Atl”, “José Clemente Orozco”, “Diego Rivera”, “En la donación del retrato de Carlos Chávez por el pintor David Alfaro Siqueiros al Museo de Arte Moderno”, “Diego Rivera, cincuenta años de su labor artística”, que denotaron el interés de Chávez en la exposición de obras donde lo hicieron efigie, constata su amistad con aquellos y subraya sus simpatías por el proyecto vasconcelista y la ideología de izquierda pese a ser un alto funcionario del pri, monolítico y represor.

Sala 6

La partitura geopolítica

La partitura geopolítica

Sirva la anécdota sobre una obra de arte específica para ilustrar el compás político que Carlos Chávez tuvo por rosa de los vientos. En un telegrama fechado el 21 de octubre de 1942, se congratuló junto a Dmitri Shostakovich: “mi orquesta y yo hemos tenido enorme satisfacción presentando su séptima sinfonía en esta ciudad el once y trece de septiembre y estamos muy felices acerca del tremendo entusiasmo demostrado por el público por favor acepte mis felicitaciones de corazón”. En junio de 1943 Konstantin Umansky fue relevado de su cargo en los Estados Unidos y nombrado Embajador Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en México. En su valija diplomática venía una partitura firmada por Shostakovich para el director de orquesta mexicano. La misma que se interpretó el 5 de marzo de 1942 en la ciudad de Kuibyshev (hoy Samara) y se transmitió por radio a toda la Unión Soviética. La 7ª Sinfonía en Do Mayor, opus 60, de Shostakovich se escuchó por primera vez en la primavera del 42. Propagandizada entonces como la “Leningrado”, es muy probable que algunos soldados nazis con cierta sensibilidad musical y en las riberas del Volga también la sintonizaran. Hasta el 9 de agosto se tocó in situ, en la ciudad militarmente asediada. Microfilmada la partitura, se la llevó en avión a Teherán, luego a El Cairo por tierra y de ahí a Londres se encargó al 8° Ejército Británico.

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Umansky entrega la partitura a Chávez. Shostakovich dedica: “Querido Carlos Chávez 12 febrero 1943”. Archivo General de la Nación, Archivos Fotográficos, Fondo Carlos Chávez, Caja 4, Expediente 3, Número 0374.

Chávez era ya un famoso director de orquesta y un compositor reconocido mundialmente, y México estaba del lado de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial: ese espacio simbólico, el de la música y el llamado de paz que otro músico hace a nombre de otros ciudadanos, justo ésa es la ubicación geopolítica que él posibilitó encargándose del cabo final que recogió la partitura y la trajo a nuestro país.

Stalingrado

La operación Barbarossa, intentona hitleriana para invadir Rusia, comenzó el 22 de junio de 1941. Tres millones de soldados alemanes y miles de tanques y aviones se adentraron en las estepas. Sitiada la ciudad emblemática del régimen estalinista, Shostakovich fue nombrado jefe de Bomberos y adalid artístico del sovietismo. Terminado el encargo patriótico que le impusieron, un 27 de diciembre de 1941 firmó la primera partitura. La obra y su autor se volvieron inmensamente populares en los países que se enfrentaban al Eje. Conducida la orquesta por Henry Wood, fue transmitida por las frecuencias de la bbc el 22 de junio de 1942. El músico ocupó la portada de la revista Time el 20 de julio, un día después de que la se tocara en Nueva York, bajo la batuta de Arturo Toscanini, y de que fuera transmitida por las radiodifusoras de la nbc. Se sabe también que no condujo com’e scritto. A finales de año, más apegado a las anotaciones de Shostakovich, hizo los honores Leopold Stokowski en el Carnegie Hall. Al compositor y a su familia los evacuaron hasta el 1° de octubre de su ciudad sitiada. Hubo que esperar a enero del 44 para que el Ejército Rojo lograra romper el cerco.

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Konstantin Aleksandrovich Umansky. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, Archivo Gráfico de El Nacional, Colección Personales, MX-SC-INEHRM-NFP-02284-001.

Chávez y el embajador soviético habrían colaborado más, pero una fatalidad lo evitó. El 25 de enero de 1945, minutos antes de las seis de la mañana, un aeroplano Lockheed C-60 LodeStar, al mando de los pilotos capitán Roque Velazco y capitán Hilario Romero, con José de la Vega como radio-operador, partía de la Ciudad de México rumbo a Chiapas y luego Costa Rica. A bordo iba el embajador Umansky con seis de sus colaboradores. Matriculado TTL-6001, había sido adquirido en febrero de 1944 por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena); era uno de cuatro para el escuadrón de transporte asignado a la Oficina de la Presidencia. Un poco después de despegar, y a corta distancia de la pista, el bimotor cayó y se incendió. Sobrevivieron el mecánico, subteniente Manuel Noble, y la señorita Mariana P. de Troynitsky.

La doctrina de la coexistencia pacífica, arma discursiva de “Nikita” Khrushchev a partir de 1956, y el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, apostaban a controlar tensiones bipolares y “vencer” a Occidente desde una lógica que excluyera la confrontación atómica final. Esa otra cancha donde se podría ganarle al capitalismo era, sin duda, el arte. Alojado en el Hotel Del Prado y entrevistado para la prensa nacional con el mural de Diego Rivera como fondo, Dmitri Shostakovich fue presentado como “Embajador de la Paz” y cabeza de una delegación soviética de gira por Latinoamérica en 1959. Ese diálogo lo concertó Chávez, cuyo despacho oficial se ubicaba a dos cuadras de aquella sede. Venía con el vicepresidente del Consejo de Ministros de la URSS, Anastas I. Mikoyan, quien inauguró el 18 de noviembre de aquel año la Exposición Soviética de Ciencia, Tecnología y Cultura. Del programa artístico estaba nominalmente a cargo Shostakovich. Días después, el 24 y 25 de noviembre, con Dmitri Kabalevsky y Aram Katchaturian presentes, Alexander Gauk y Luis Herrera de la Fuente dirigieron la Orquesta Sinfónica Nacional. El programa incluyó obras de Dmitri Shostakovich y Carlos Chávez, quienes compartieron palco en el Palacio de Bellas Artes para aquel concierto.

El conductor de la política cultural

La figura de Carlos Chávez está íntimamente ligada a la identidad nacional promovida por el Estado en México a lo largo del siglo xx. No se trata solamente de un compositor y director de orquesta con innegable talento musical; estamos frente al responsable institucional que encauzó políticas al más alto nivel para el arte y la cultura en este país.

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El maestro Carlos Chávez en su escritorio, s. a., 1947. Archivo General de la Nación, Archivos Fotográficos, Fondo Carlos Chávez, 1947.

Nota biográfica

Nacido el 13 de junio de 1899, Carlos Chávez recibió educación musical desde niño, aunque obtuvo el diploma en composición del Conservatorio Nacional en 1919. En 1928 fue designado director musical de la Orquesta Sinfónica Mexicana. Muy activo a lo largo de los años treinta, su labor docente y editorial musical formó y difundió la obra de varios compositores modernos. Iniciado el sexenio de Miguel Alemán tuvo como responsabilidad echar a andar el Instituto Nacional de Bellas Artes (inba). Aclamado, y de imponente trayectoria, falleció el 2 de agosto de 1978.

La habilidad de Carlos Chávez como funcionario público fue su virtud primera. No sólo fue un exitoso burócrata transexenal en México, sino que hay una geopolítica del arte en la que fue experto y donde demostró astucia y tacto para circunstancias complejas. Chávez desempeñó cargos de alto nivel para la administración de seis distintos periodos presidenciales.

El contexto mundial

La geopolítica trata de cómo un Estado construye espacios de negociación o influencia en medio de tensiones internacionales o alianzas trasnacionales. En ese sentido, Chávez fue el artífice en México de un espacio en el que la bipolaridad de mediados del siglo xx encontró una válvula de regulación en la promoción del arte y el intercambio cultural entre naciones que, declarándose en favor de la paz, distendieron aquella animadversión belicista que abanderaran los Estados Unidos de América y la Unión Soviética.

Parecería que la naturaleza misma de la música clásica la hace apolítica; sin embargo, a lo largo de la pasada centuria ocurrió justamente lo contrario. La diplomacia cultural tuvo claros momentos en la literatura y la exposición de objetos artísticos, pero también para la reunión de músicos, la interpretación y la composición de ciertas piezas que resonaron de manera fundamental como manifiestos ideológicos y tomas de posición en la arena de las relaciones internacionales.

Arte y política

Si la política de agitación y propaganda (agit-prop) mostró al gobierno soviético el potencial publicitario de la cultura promovida desde el Estado, la Internacional Comunista que fundara Lenin probó que una de las maneras de promover el comunismo mundial estaba en llevar arte y concordia como fachadas discursivas a aquellos países donde se esperaba que la revolución ocurriera.

Hay dos periodos en particular que los estudiosos reconocen como nodales para entender cómo las artes fueron usadas en tanto que instrumento político. Primero, la militancia que suponen el agit-prop y la consecución bolchevique del poder; segundo, la prédica de la amistad de los pueblos con la que cuadros políticos son destacados como representantes culturales en puestos diplomáticos. El reconocimiento del Estado soviético por parte de los Estados Unidos, en 1933, y su integración a la Liga de Naciones en 1934 marcan el inicio de una orientación distinta en las relaciones exteriores de la Unión Soviética.

La primera exposición de arte ruso, presentada en Berlín en octubre de 1922, señala un ensayo en el despliegue de aquella novedosa estrategia. Muy aplaudida por la opinión pública resultó formativa para quienes verían el potencial de la imagen como vehículo para movilizar conciencias y convertirse en verdaderos agentes del Estado soviético desde la propaganda y el reclutamiento en el extranjero. Ese llamado convive sin problema con el objetivo último de la Internacional Comunista (Comintern), que oficialmente dejó de funcionar en el verano de 1943. Un personaje fundamental para entender cómo se asume aquella tarea es Alexandra Kollontai, quien fuera la primera representante de la legación soviética en Oslo, y que llegó a México en 1926 con la misma responsabilidad.

Es un caso análogo al de Konstantin Aleksandrovich Umansky, enviado a Alemania ―con apenas 17 años― en 1919 por la izo Narkompros (Departamento de Bellas Artes del Comisariado Popular para la Educación, establecido por el gobierno bolchevique). Ahí editó un libro, publicado en Múnich en febrero de 1920, llamado Nuevo arte de tierras rusas, 1914-1919. El cargo oficial con el que viajó, así estampado en su pasaporte, era: “Embajador Artístico”. Y es en esa misma capacidad que se desempeñó las siguientes dos décadas, entre la diplomacia y la gestión del arte. Llegó a México en 1943.

La revolución, la música y la cultura nacional

Álvaro Obregón terminó su encargo como presidente de México el 30 de noviembre de 1924 y lo sucedió Plutarco Elías Calles, quien llevó la primera magistratura hasta el mismo día, pero de 1928. En ambas administraciones tuvo una continuidad muy clara el empuje de las directrices que José Vasconcelos, como rector de la Universidad y luego como secretario de Educación Pública, enarboló como programa para la educación y la cultura en el país. Hay una gran cantidad de servidores públicos de alto nivel que fueron sus alumnos o se entusiasmaron con su prédica en los años por venir, al menos hasta 1958. Uno de ellos, sin duda, fue Carlos Chávez. El vasconcelismo hizo de Carlos Antonio de Padua Chávez y Ramírez, de apenas 25 años, inspector de Música de la Secretaría de Educación Pública (sep) de México en 1924. Este compositor fue el artífice y administrador de lo nacional en las artes del siglo xx; ejerció ese poder institucional hasta su muerte en 1978. Jovencísimo, y en medio de la Revolución, había publicado junto con Carlos Pellicer y Luis Enrique Erro la revista Gladios (1916).

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Retrato del músico en 1917, s. a. Archivo General de la Nación, Archivos Fotográficos, Fondo Carlos Chávez, Expediente 5, 1917.

En su composición Tres poemas para voz y piano (1938) musicalizó obras de los miembros de esa generación: Carlos Pellicer, Salvador Novo y Xavier Villaurrutia. En esa pieza Chávez construyó su música a partir de los poemas: “El segador” de Carlos Pellicer, “Hoy no lució la estrella de tus ojos” de Salvador Novo y “Nocturno rosa” de Xavier Villaurrutia. A cada texto le asignó una técnica distinta expresada en cromatismos que corresponden al fraseo poético para Pellicer, el lirismo e impresionismo para Novo y en el surrealismo en frases cortas para Villaurrutia. Otras composiciones relacionadas con estos poemas son Tres hexágonos (1923) y Otros tres hexágonos (1924), basadas en los versos de Pellicer; Tierra mojada (1931) y Todo (1931) inspirada en los textos de Ramón López Velarde, y Cuatro nocturnos (1939) en la poesía de Villaurrutia. Chávez era, además, amigo personal de los pintores de la vanguardia muralista.

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Carlos Chávez, Diego Rivera y Dionisio Pulido, abril de 1943, volcán Paricutín. Archivo General de la Nación, Archivos Fotográficos, Fondo Carlos Chávez, Expediente 20, f. 35.

En 1922 Chávez viajó a Austria, Alemania y Francia, donde entró en contacto con Ígor Stravinsky y Arnold Schönberg. A su regreso promovió activamente la vanguardia musical interpretando a De Falla, Arthur Honegger, Béla Bartók y Silvestre Revueltas. Llegó junto a Rufino Tamayo a Manhattan en 1927 y conoció a Edgar Varèse y a Aaron Copland. Ahí se funda la idea de crear una estética musical nacionalista. La consonancia retórica que animó entonces a la pintura, la música y la literatura era diáfana.

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Carlos Chávez. Fotografía de E. Schaal, Nueva York, 1927. Archivo General de la Nación, Archivos Fotográficos, Fondo Carlos Chávez, Caja 2, Expediente 46, f. 02861927.

A su regreso y de 1928 a 1934 fue director del Conservatorio Nacional de Música y jefe del Departamento de Bellas Artes en la sep. De esa época es su trabajo más propositivo, la suite del ballet Caballos de vapor (H. P.) extraída de la peculiar coreografía del mismo nombre, cuya escenografía y vestuario (que incluían frutas danzantes y una bailarina disfrazada como locomotora gigante) fueron diseñados por Diego Rivera.

Fue entonces que el Partido Comunista de la Unión Soviética (pcus) instrumentó su gobernanza para la cultura y la diplomacia. La Unión de Compositores Soviéticos publicó a partir de 1933 su órgano editorial: la revista Sovietskaya Muzyka. Allí se dictó consigna para los artistas, no sólo en Rusia sino para simpatizantes del comunismo en todo el mundo: “concentrarse en los victoriosos y progresistas principios de la realidad […] socialista […] una implacable lucha contra las direcciones modernistas que eliminan al elemento popular […] y el servilismo ante la cultura burguesa moderna”. El discurso del muralismo en México, la prédica institucional de la sep y la retórica electoral posrevolucionaria son claro eco de aquella ideología.

El político y la música

Creador indiscutible, Carlos Chávez fue también un autoritario funcionario transexenal. Durante aquellos años, la política cultural del país era consensuada por el Ejecutivo y su secretario de Educación; para su implementación existía solamente la palabra y voluntad institucional de él, quien estrenó en concierto casi 200 obras, la mitad de mexicanos. Pero se ocupó también de opacar a quienes percibió como músicos superiores: Nabor Carrillo, Manuel M. Ponce y Silvestre Revueltas. Miembro fundador de El Colegio Nacional, desde el 15 de mayo de 1943 el compositor permanece como éminence grise de la cultura nacional las siguientes tres décadas, es decir, aquel que ejerce una parcela de poder, cercano al mandatario, y quien toma decisiones finales, en este caso respecto de las artes en México.

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Carlos Chávez y otras personas en un palco de Bellas Artes. Fondo A. Casasola, Serie Personajes, ca. 1945, Mediateca-inah.

Chávez dispuso de espacios, concedió cargos, estorbó trayectorias, impulsó carreras, formó escuela. Fue el guía para situaciones concretas, cuyo objetivo era predecir y encauzar la interacción de diversos agentes en la escena previa a la toma de decisiones por parte de quienes, en efecto, tenían el poder, lo mismo en México que internacionalmente.

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Fernando Gamboa y Carlos Chávez, 1° de diciembre de 1950. Archivo General de la Nación, Archivos Fotográficos, Fondo Carlos Chávez, Expediente 0523.

Encargado desde su fundación del inba, el organismo rector de las políticas públicas en materia de cultura artística, Chávez creó en 1947 la Orquesta Sinfónica Nacional y un año después la Ópera de Bellas Artes. El Departamento de Danza debe también a él su impulso. En su repertorio autoral figuran seis sinfonías, cinco ballets, una ópera, cuatro conciertos e innumerables obras sinfónicas y de cámara. Sinfonía india (1935), Resonancias (1964), Discovery (1969) e Initium (1971) son otras de sus más conocidas composiciones.

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Negativos acetato Chávez dirige un ensayo de la Orquesta Sinfónica Nacional, ca. 1947. Archivo General de la Nación, Archivos Fotográficos, Fondo Hermanos Mayo, Caja 5, f. 2181.

La música de Carlos Chávez, a vuelo de pájaro, tiene un par de peculiaridades como paisaje sonoro: formas tradicionales y disonancia moderada. Dicho mapa contiene también una clara predilección por procesos contrapuntísticos, como el canon y la fuga. Con la excepción de las obras con orientación mexicana, emplea armonías por cuartas y novenas menores para evitar la tonalidad. La orquestación es su figura más característica. La retórica y las colaboraciones intelectuales que procura Chávez se mantienen siempre claras de sus convicciones en el ámbito internacional. Su música tiene un compromiso moral con las mayorías.

Música culta y música popular

Aaron Copland cuenta haber dejado México en noviembre de 1932, luego de conocer a Anita Brenner y su libro, impresionado por el Salón México y con una idea clara ya para desarrollar una composición musical con ese mismo motivo. Carlos Chávez organizó conciertos donde el programa entero eran composiciones de Copland; fue él quien lo llevó al centro nocturno, quien le acercó el Cancionero Mexicano de Frances Toor y El folklore y La Música Mexicana de Rubén M. Campos. Se trata también del vuelco en la carrera de Copland hacia temas nacionalistas en los Estados Unidos, populismo y folclorismo en los temas, amén de esa ética accesible que caracterizó su música siempre. Copland entendía la música como un compromiso con el hombre común. Muy pronto cercano a la ideología para las artes que abrazó el Frente Popular en España, Copland, como tantos otros, buscaba un lenguaje moderno que no obstante apelara a las masas. “Simplicidad impuesta”, llamó a aquel ethos.

Salón México resultó una obra estrictamente melódica (glosa el son del Palo Verde y la canción revolucionaria de La Jesusita), cuya distorsión o fragmentación sirve como figura retórica menor. Dicha aliteración opera, además, como velada crítica al capitalismo. De igual manera, su epífrasis apunta hacia una solidaridad proletaria aún por lograrse; es ese agregado de temas comunes al oído popular como complemento para su composición. Similar deconstrucción llevará a cabo Chávez en lo sucesivo. Copland volvería en 1936 y 1937, veranos durante los cuales visitó Tlaxcala.

Artistas comunistas

En el programa inaugural para el presidente electo, Dwight D. Eisenhower, figuraba el Retrato de Lincoln de Copland. Pero la pieza fue retirada del número musical para el evento por el congresista Fred E. Busbey, quien acusó a Copland de proximidad con el comunismo internacional. Aquella era la época más irracional del antiamericanismo como justificación política y prédica impuesta para la opinión pública estadunidense.

Chávez dejó un legado periodístico a través de sus colaboraciones en el diario El Universal, denominadas “La música en México”, y que, posteriormente, fueron reunidas por El Colegio de México en los volúmenes titulados: Escritos periodísticos (1916-1939) y Escritos periodísticos (1950-1975), donde reflexionó sobre muy diversos temas, como la música, la educación, la pintura y la literatura. Le pertenecen escritos como “Carta al Dr. Atl”, “José Clemente Orozco”, “Diego Rivera”, “En la donación del retrato de Carlos Chávez por el pintor David Alfaro Siqueiros al Museo de Arte Moderno”, “Diego Rivera, cincuenta años de su labor artística”, que denotaron el interés de Chávez en la exposición de obras donde lo hicieron efigie, constata su amistad con aquellos y subraya sus simpatías por el proyecto vasconcelista y la ideología de izquierda pese a ser un alto funcionario del pri, monolítico y represor.

La partitura geopolítica

Sirva la anécdota sobre una obra de arte específica para ilustrar el compás político que Carlos Chávez tuvo por rosa de los vientos. En un telegrama fechado el 21 de octubre de 1942, se congratuló junto a Dmitri Shostakovich: “mi orquesta y yo hemos tenido enorme satisfacción presentando su séptima sinfonía en esta ciudad el once y trece de septiembre y estamos muy felices acerca del tremendo entusiasmo demostrado por el público por favor acepte mis felicitaciones de corazón”. En junio de 1943 Konstantin Umansky fue relevado de su cargo en los Estados Unidos y nombrado Embajador Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en México. En su valija diplomática venía una partitura firmada por Shostakovich para el director de orquesta mexicano. La misma que se interpretó el 5 de marzo de 1942 en la ciudad de Kuibyshev (hoy Samara) y se transmitió por radio a toda la Unión Soviética. La 7ª Sinfonía en Do Mayor, opus 60, de Shostakovich se escuchó por primera vez en la primavera del 42. Propagandizada entonces como la “Leningrado”, es muy probable que algunos soldados nazis con cierta sensibilidad musical y en las riberas del Volga también la sintonizaran. Hasta el 9 de agosto se tocó in situ, en la ciudad militarmente asediada. Microfilmada la partitura, se la llevó en avión a Teherán, luego a El Cairo por tierra y de ahí a Londres se encargó al 8° Ejército Británico.

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Umansky entrega la partitura a Chávez. Shostakovich dedica: “Querido Carlos Chávez 12 febrero 1943”. Archivo General de la Nación, Archivos Fotográficos, Fondo Carlos Chávez, Caja 4, Expediente 3, Número 0374.

Chávez era ya un famoso director de orquesta y un compositor reconocido mundialmente, y México estaba del lado de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial: ese espacio simbólico, el de la música y el llamado de paz que otro músico hace a nombre de otros ciudadanos, justo ésa es la ubicación geopolítica que Chávez posibilitó encargándose del cabo final que recogió la partitura y la trajo a nuestro país.

Stalingrado

La operación Barbarossa, intentona hitleriana para invadir Rusia, comenzó el 22 de junio de 1941. Tres millones de soldados alemanes y miles de tanques y aviones se adentraron en las estepas. Sitiada la ciudad emblemática del régimen estalinista, Shostakovich fue nombrado jefe de Bomberos y adalid artístico del sovietismo. Terminado el encargo patriótico que le impusieron, un 27 de diciembre de 1941 firmó la primera partitura. La obra y su autor se volvieron inmensamente populares en los países que se enfrentaban al Eje. Conducida la orquesta por Henry Wood, fue transmitida por las frecuencias de la bbc el 22 de junio de 1942. El músico ocupó la portada de la revista Time el 20 de julio, un día después de que la se tocara en Nueva York, bajo la batuta de Arturo Toscanini, y de que fuera transmitida por las radiodifusoras de la nbc. Se sabe también que no condujo com’e scritto. A finales de año, más apegado a las anotaciones de Shostakovich, hizo los honores Leopold Stokowski en el Carnegie Hall. Al compositor y a su familia los evacuaron hasta el 1° de octubre de su ciudad sitiada. Hubo que esperar a enero del 44 para que el Ejército Rojo lograra romper el cerco.

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Konstantin Aleksandrovich Umansky. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, Archivo Gráfico de El Nacional, Colección Personales, MX-SC-INEHRM-NFP-02284-001.

Chávez y el embajador soviético habrían colaborado más, pero una fatalidad lo evitó. El 25 de enero de 1945, minutos antes de las seis de la mañana, un aeroplano Lockheed C-60 LodeStar, al mando de los pilotos capitán Roque Velazco y capitán Hilario Romero, con José de la Vega como radio-operador, partía de la Ciudad de México rumbo a Chiapas y luego Costa Rica. A bordo iba el embajador Umansky con seis de sus colaboradores. Matriculado TTL-6001, había sido adquirido en febrero de 1944 por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena); era uno de cuatro para el escuadrón de transporte asignado a la Oficina de la Presidencia. Un poco después de despegar, y a corta distancia de la pista, el bimotor cayó y se incendió. Sobrevivieron el mecánico, subteniente Manuel Noble, y la señorita Mariana P. de Troynitsky.

La doctrina de la coexistencia pacífica, arma discursiva de “Nikita” Khrushchev a partir de 1956, y el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, apostaban a controlar tensiones bipolares y “vencer” a Occidente desde una lógica que excluyera la confrontación atómica final. Esa otra cancha donde se podría ganarle al capitalismo era, sin duda, el arte. Alojado en el Hotel Del Prado y entrevistado para la prensa nacional con el mural de Diego Rivera como fondo, Dmitri Shostakovich fue presentado como “Embajador de la Paz” y cabeza de una delegación soviética de gira por Latinoamérica en 1959. Ese diálogo lo concertó Chávez, cuyo despacho oficial se ubicaba a dos cuadras de aquella sede. Venía con el vicepresidente del Consejo de Ministros de la URSS, Anastas I. Mikoyan, quien inauguró el 18 de noviembre de aquel año la Exposición Soviética de Ciencia, Tecnología y Cultura. Del programa artístico estaba nominalmente a cargo Shostakovich. Días después, el 24 y 25 de noviembre, con Dmitri Kabalevsky y Aram Katchaturian presentes, Alexander Gauk y Luis Herrera de la Fuente dirigieron la Orquesta Sinfónica Nacional. El programa incluyó obras de Dmitri Shostakovich y Carlos Chávez, quienes compartieron palco en el Palacio de Bellas Artes para aquel concierto.