lupa
Biblioteca México, Secretaría de Cultura
 
 

Biblioteca México, Secretaría de Cultura

Concebido a finales del siglo XVIII como una fábrica de tabaco que sólo operó como tal por un breve periodo, el edificio de La Ciudadela fue construido por el ingeniero militar Miguel Constanzó. Este dato explica en buena medida que el inmueble tenga las características de una fortificación y que sufriera su primera remodelación para ser utilizado como cuartel y prisión durante la guerra de Independencia: José María Morelos pasó aquí sus últimos días, prisionero, antes de ser fusilado en San Cristóbal Ecatepec, hace poco más de dos siglos; y que se utilizara como depósito de armas, prisión y cuartel hasta mediados del siglo XX. Fue uno de los principales escenarios de la Decena Trágica, los 10 días comprendidos entre el 9 y el 18 de febrero de 1913 que condujeron al derrocamiento y la muerte de Francisco I. Madero; allí, al pie de la estatua de Morelos, fue asesinado Gustavo Adolfo Madero durante esos funestos acontecimientos.

La Ciudadela estuvo a cargo de autoridades militares, que lo destinaron a diversos usos tales como depósito de armamento, talleres de maestranza y armería, prisión política, cuartel, hospital, laboratorio y almacenes de sanidad militar. Y el 30 de enero de 1944, el entonces presidente de la República, el general Manuel Ávila Camacho, concedió parte del edificio a la Biblioteca de México, gracias a las gestiones hechas por José Vasconcelos, y ésta se inauguró el 27 de noviembre de 1946, teniendo como director al propio Vasconcelos, quien en su discurso de toma de posesión ante el presidente Ávila Camacho, Jaime Torres Bodet, secretario de Educación Pública, y Jorge González Durán, entonces jefe del Departamento de Bibliotecas de la Secretaría de Educación Pública, marcó dos líneas fundamentales que definen la vocación de esta institución: por un lado, la “exigencia inaplazable” de una biblioteca pública que proporcione servicios en general y, por el otro, la incorporación de colecciones especiales, que desde el principio han formado parte de esta institución.

La Biblioteca de México ha pasado al menos por dos remodelaciones: la primera a partir de noviembre de 1988, llevada a cabo el arquitecto Abraham Zabludovsky, quien la convirtió en el magno centro bibliotecario que hoy disfrutamos; y la segunda en 2012, cuando se incorporaron las primeras bibliotecas personales. Sus acervos y servicios se han incrementado con el paso del tiempo hasta el punto de convertirla en una de las instituciones públicas a nivel nacional más importantes de su tipo, y en algunas áreas —como las relacionadas con los usuarios invidentes, o los infantiles— es decididamente una de las mejores del país.

Además de la Hemeroteca, la Sala infantil, de la Sala para personas con discapacidad visual y una amplia colección general, la Biblioteca tiene en su acervo las colecciones personales de varios notables escritores e intelectuales mexicanos —las de José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Alí Chumacero, Carlos Monsiváis, Jaime García Terrés, Abraham Zabludovsky, Enrique González Pedrero-Julieta Campos, Jorge González Durán y del embajador José Luis Martínez Hernández—. Tiene también un valioso Fondo Reservado formado por las colecciones especiales de José Juan Tablada, Xavier Icaza, Felipe Teixidor y Joaquín García Icazbalceta, entre otros.

La Biblioteca de México cuenta también con un importante programa de actividades culturales y de fomento a la lectura, ya que sus amplios espacios se aprovechan al máximo para presentar exposiciones nacionales e internacionales que han contribuido a la formación de públicos que se acercan por vez primera a un recinto cultural. Tiene un foro polivalente para la presentación de obras de teatro, libros y lecturas dramatizadas, entre otras actividades, y también se efectúan talleres vinculados con la literatura, el cine y otras disciplinas.