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Biblioteca Histórica “José María Lafragua”, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
 
 

Biblioteca Histórica “José María Lafragua”, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

En 1885, en el marco de las conmemoraciones del 16 de septiembre, el Colegio del Estado de Puebla organizó una sesión solemne para reinaugurar su biblioteca bajo el nombre de “José María Lafragua”, honrando así la memoria de uno de sus principales benefactores: el ex ministro de Relaciones Exteriores, que también fue uno de sus estudiantes destacados y su bibliotecario. Dicha reapertura no fue la única transformación del acervo institucional, ya que 11 años atrás sus autoridades la habían dotado de carácter público con la intención de brindar servicio también a los ciudadanos. Ese breve lapso entre 1874 y 1885 significó un periodo coyuntural de cambios profundos que manifestaron un viraje en los fundamentos que la sostenían y en los paradigmas planteados, los que necesariamente vinieron acompañados de modificaciones en sus instalaciones, servicios y personal.

Desde su constitución como Colegio del Estado se buscó que contara con un acervo bibliográfico suficiente que respaldara las cátedras de una institución ya de carácter nacional. Así, Biblioteca y Colegio formaron un binomio inseparable e irreductible. Su fondo de origen fue constituido con la producción impresa y manuscrita que estaba albergada en los cinco colegios jesuitas tras su expulsión, aunque no de manera íntegra pues fue víctima de un riguroso expurgo y de la dispersión de una parte de sus librerías colegiales y personales; esta colección, salvada de la desintegración, se “aplicó” al Real Colegio Carolino (1790-1820, modificando su nombre al de Imperial en la etapa subsecuente, 1820-1825), no sin enriquecer tan valiosa herencia con las adquisiciones adecuadas a sus propios intereses y paradigmas, de corte ilustrado, práctica que el Colegio del Estado, heredero en línea directa de ambas instituciones, repitió.

Al mediar el siglo XIX, el surgimiento de nuevos saberes demandó contar con ediciones más actualizadas para formar con ellas a la élite ilustrada de la época, por lo que en aquella centuria, además de las nuevas publicaciones, se sumaron lo que ahora denominamos Fondo de Desamortización, que reúne los fondos bibliográficos provenientes de los conventos masculinos, colegios e instituciones hospitalarias coloniales poblanos que, a partir de 1859, fueron suprimidos durante el gobierno del presidente Benito Juárez. Importantísimos ejemplares llegaron al Colegio con esas bibliotecas, muchos de las cuales fueron motivo de estudios en ese mismo periodo. Otras, en cambio, fueron un poco menospreciadas al provenir de instituciones religiosas que formaron parte del sistema centralista y monárquico que ya no interesaba en ese momento. Su puesta en valor tuvo que esperar hasta el siglo siguiente. Pese a todo, desde el siglo XIX se consolidó una biblioteca muy rica no sólo para la ciudad sino para el estado y la región.

En 1937, el Colegio del Estado se transformó en la Universidad de Puebla heredando la riqueza bibliográfica antes mencionada. Al permanecer como un fondo abierto a lo largo de los siglos XIX y XX, también se amplió con donaciones de varios poblanos ilustres; de algunos de ellos sus herederos legaron sus colecciones bibliográficas a la Biblioteca enriqueciéndola con ediciones muy peculiares, que de otra manera nunca se hubieran adquirido. Entre ellas cabe destacar la del propio José María Lafragua, el psiquiatra Rafael Serrano, el abogado Rafael Isunza y la doctora Carmen Millán Acevedo, escritora y académica. También es de resaltar la colección bibliográfica y documental procedente de la Academia de Bellas Artes de Puebla, integrada en la década de 1970.

Es en los años sesenta del siglo XX cuando en la Universidad Autónoma de Puebla se crea la Dirección General de Bibliotecas y se separa finalmente el fondo histórico de las colecciones destinadas a la educación de las nuevas generaciones en diversos recintos de área. Cabe señalar que es hasta entrado el siglo XXI que a la Biblioteca se le reconoce como el fondo patrimonial que resguarda los bienes bibliográficos con valor cultural y se le otorgan apoyos para replantear su misión, y fortalecer su planta laboral con personal especializado y con equipo tecnológico para competir con las bibliotecas de su género en México y en el mundo.

Se podría concluir que la historia de la Biblioteca se conformó de las trayectorias históricas de varios fondos bibliográficos de distinto orden que en diferentes épocas fueron constituyéndose y posteriormente, también en distintas fechas y por diversas razones, se fueron añadiendo a un acervo que siempre ha estado vinculado a las labores educativas a pesar de tantas transformaciones. Esta peculiaridad explica la diversidad temática de sus materiales y vuelve a la Biblioteca Lafragua un testimonio viviente de cuatro instituciones que durante sus respectivas historias han conformado un acervo bibliográfico destinado a la formación o la instrucción intelectual, moral y científica (incluso espiritual) de las comunidades académicas, seculares y religiosas, que hicieron de la enseñanza una de sus principales divisas.