Miroslava Stern
Institución: Carlos Renau García
El 9 de marzo de 1955 la prensa nacional reportó que Miroslava Šternová Beková, conocida en el mundo del cine como Miroslava Stern, se había quitado la vida recurriendo a una dosis de barbitúricos. El póster que aquí miramos se conoció tres meses después, pero su manufactura coincide plenamente con la nota roja que publican La Prensa y El Universal.
Para trazar y transferir al cartel un montaje fotográfico, Josep Renau recortaba imágenes que le daban los productores de una película o que tomaba de la prensa. Luego usaba aerógrafo para encimar los colores y lograr ese impactante fotorrealismo que vendía muy bien las marquesinas. Refinó su técnica con Santiago Galas ilustrando calendarios y en la Litográfica Ortega, donde se imprimían carteles taurinos, billetes de lotería y publicidad diversa.
Miroslava llegó a México en 1942, acompañada de su padre, el médico y psicoanalista judío, Oskar Stern. Hallada por el ama de llaves de su casa y pasado al menos un día completo de su fallecimiento, la fama de esta actriz y el modo en el que fue encontrada, parecían imitar la puesta en escena de su última película. Sostenía la fotografía de su amado, el torero Luis Miguel Dominguín, y unas cartas manuscritas en checo.
El 19 de mayo de 1955 se estrenó Ensayo de un crimen, o La vida criminal de Archibaldo de la Cruz, original de Luis Buñuel, quien la dirige, y que se basa en una novela de Rodolfo Usigli. Largometraje postrero que protagonizó Stern, interpretando a Lavinia, pareció anunciar la tragedia. Las alusiones al Tito Andronico de Shakespeare en este personaje femenino son siniestras. Virtuosa y virginal, aquella mujer también sufre trágica e insospechada muerte. Ese año había participado en Escuela de vagabundos, El jinete misterioso y La visita que no tocó el timbre.
Este póster en particular forma parte de la Colección Carlos Renau, sobrino de Josep Renau, el artista exiliado español que hizo gran número de afiches publicitarios para la Época de Oro del cine mexicano y cuyo estilo, debido al uso de la pistola de aire y la cromolitografía, es inconfundible. Aunque se imprimieron miles para promocionar la película, especialmente a la luz del impacto mediático que esa superposición entre nota roja y ficción filmográfica ofrecían, ejemplares bien conservados de este cartel son rarísimos y muy apreciados por el mercado del arte y los museos.





