Ilustración para El laberinto de la soledad

 
 

Institución: Fondo de Cultura Económica

En 1959 a Vicente Rojo le pidieron una serie de ilustraciones y de ahí surge el original del trabajo que vemos aquí resuelto en tinta y con apuntes a lápiz para los procesos técnicos de la imprenta. Se trata no solamente de un dibujo que después se llevara a la plancha litográfica o al offset. Lo que observamos es prueba de la destreza del grabador en dos distintos oficios: el que reduce a una imagen un argumento plástico complejo derivado de la ensayística y la precisión que compone equilibrio sobre cajas tipográficas. La edición resultante, hoy agotada y rara en bibliotecas, es un tesoro bibliográfico porque marca el inicio de la Colección Popular del Fondo de Cultura Económica, vuelve obras de arte divisa para quienes compran los tirajes más accesibles, y esta versión del libro de Octavio Paz incorporó "Nuestros días" como adenda, el poeta retrabajó las galeras y ambos artistas dialogaron rumbo a las imágenes que acompañaron al texto.

 

Vicente Rojo se había documentado con los textos de la época sobre iconografía prehispánica. Conocía, además, las colecciones que entonces se albergaban en el Museo Nacional de la calle de Moneda, así como reproducciones de varios códices en la historiografía del contacto e ilustraciones que otros artistas —como Miguel Covarrubias—, volvieron famosas sobre la muerte y el simbolismo de un cráneo. Rojo elige de tal repertorio la caja encefálica de la calavera descrita lateralmente. Esta representación de un cráneo es emblemática entre los pueblos nahuas de ciclos regenerativos y la perpetuidad del paso entre la vida y su estadio siguiente. La dualidad de las entidades divinas asociadas a la hegemonía mexica se desenvuelve como una serie de ilustraciones, a la mitad del camino entre la abstracción y la mímesis, para espejear el argumento de fondo de Octavio Paz desde un lenguaje visual moderno y semióticamente fértil.

 

Octavio Paz había publicado El laberinto de la soledad en la revista Cuadernos Americanos en 1949. Al año siguiente aparece una edición que lo lleva al público en general, pero sólo hasta 1959 se editó y popularizó la que conocemos como su versión definitiva. Multicitado y premisa de incontables reflexiones sobre el ser de los mexicanos a partir de entonces, el ensayo sólo rivaliza con el Perfil del hombre y la cultura en México, de Samuel Ramos, y conocido a partir de 1934. Toda la segunda mitad del siglo XX, quienes asistieron a la Escuela Nacional Preparatoria debieron leer el análisis psicoanalítico del filósofo mexicano. Sin embargo, el de Paz es aún más contundente porque los diseños de Vicente Rojo actúan como un resumen en términos plásticos de lo que el poeta explica y se vuelven un paisaje de insinuaciones gráficas necesarias para el texto.

 

Material de apoyo:

Rico Moreno, Javier, “Poesía e historia en El Laberinto de la Soledad”, tesis de Doctorado en Historia, FFyL-UNAM, 2006. Ir al enlace.

 

Institución: Fondo de Cultura Económica

En 1959 a Vicente Rojo le pidieron una serie de ilustraciones y de ahí surge el original del trabajo que vemos aquí resuelto en tinta y con apuntes a lápiz para los procesos técnicos de la imprenta. Se trata no solamente de un dibujo que después se llevara a la plancha litográfica o al offset. Lo que observamos es prueba de la destreza del grabador en dos distintos oficios: el que reduce a una imagen un argumento plástico complejo derivado de la ensayística y la precisión que compone equilibrio sobre cajas tipográficas. La edición resultante, hoy agotada y rara en bibliotecas, es un tesoro bibliográfico porque marca el inicio de la Colección Popular del Fondo de Cultura Económica, vuelve obras de arte divisa para quienes compran los tirajes más accesibles, y esta versión del libro de Octavio Paz incorporó "Nuestros días" como adenda, el poeta retrabajó las galeras y ambos artistas dialogaron rumbo a las imágenes que acompañaron al texto.

Vicente Rojo se había documentado con los textos de la época sobre iconografía prehispánica. Conocía, además, las colecciones que entonces se albergaban en el Museo Nacional de la calle de Moneda, así como reproducciones de varios códices en la historiografía del contacto e ilustraciones que otros artistas —como Miguel Covarrubias—, volvieron famosas sobre la muerte y el simbolismo de un cráneo. Rojo elige de tal repertorio la caja encefálica de la calavera descrita lateralmente. Esta representación de un cráneo es emblemática entre los pueblos nahuas de ciclos regenerativos y la perpetuidad del paso entre la vida y su estadio siguiente. La dualidad de las entidades divinas asociadas a la hegemonía mexica se desenvuelve como una serie de ilustraciones, a la mitad del camino entre la abstracción y la mímesis, para espejear el argumento de fondo de Octavio Paz desde un lenguaje visual moderno y semióticamente fértil.

Octavio Paz había publicado El laberinto de la soledad en la revista Cuadernos Americanos en 1949. Al año siguiente aparece una edición que lo lleva al público en general, pero sólo hasta 1959 se editó y popularizó la que conocemos como su versión definitiva. Multicitado y premisa de incontables reflexiones sobre el ser de los mexicanos a partir de entonces, el ensayo sólo rivaliza con el Perfil del hombre y la cultura en México, de Samuel Ramos, y conocido a partir de 1934. Toda la segunda mitad del siglo XX, quienes asistieron a la Escuela Nacional Preparatoria debieron leer el análisis psicoanalítico del filósofo mexicano. Sin embargo, el de Paz es aún más contundente porque los diseños de Vicente Rojo actúan como un resumen en términos plásticos de lo que el poeta explica y se vuelven un paisaje de insinuaciones gráficas necesarias para el texto.

Material de apoyo:

Rico Moreno, Javier, “Poesía e historia en El Laberinto de la Soledad”, tesis de Doctorado en Historia, FFyL-UNAM, 2006. Ir al enlace.

 

 

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