Fotografía infantil
Institución: Centro de la imagen
El número 9 de la revista Luna Córnea, publicado en 1996 y titulado “Minoría de edad”, reúne un compendio de ensayos y valiosas fotografías que nos acercan a la niñez del siglo xx. El número lanza la pregunta ¿quién conoce a un niño como realmente es? e intenta a lo largo de sus páginas mostrarnos la verdad de niñas y niños, muchas realidades que lo mismo transitan por el juego, la sobrevivencia, la discrepancia social, la risa, el sincretismo, el fotoperiodismo y la fotografía artística.
Vemos la obra de una Graciela Iturbide que usa las imágenes de niños para apuntalar sobre las contradicciones sociales de México y otros rincones, haciendo énfasis en el peligro, la desigualdad y los “destinos” de delincuencia; vemos a una Sally Mann cuyos hijos desnudos en diversas fotografías le valieron intentos de censura y duras críticas por mostrar una gran libertad; y observamos algunas tomas de diversos fotógrafos que muestran a las pequeñas y los pequeños que nacieron y crecieron como semilla germinada del zapatismo.
La revista nos confronta también con la visión de dos niños fotógrafos: Jacques Henri Lartigue y Enrique Metinides, quienes tomaron la cámara a la edad de 7 y 12 años, respectivamente, para nunca soltarla y convertirse en renombrados fotógrafos del siglo. El tema de la minoría de edad sirve a la publicación como pretexto para recordar casos icónicos de México, como el del niño Fidencio, quien curó a decenas de miles de personas sólo untándoles un ungüento de hierbas y frutas, jugando con ellos, tocándolos o echándoles saliva, o el secuestro de Fernandito Bohigas, el niño de ojos azules raptado por una mujer estéril que luego del crimen pudo concebir.
Además encontramos situaciones macabras y menos milagrosas, como los retratos de niños muertos, que fueron muy solicitados en las zonas rurales convirtiendo la costumbre de hacer una foto del angelito muerto en parte del rito funerario. También se trata el tema de los niños vivos en situaciones difíciles, como los que sobreviven en la calle con tal de no ser maltratados en casa, inmortalizados por diversos lentes tanto en México como en Argentina, o los retratos de grupo de las niñas prostitutas que aún permanecen en el Archivo Casasola y a quienes se les consideraba menores de edad hasta los 21 años, pero se les permitía ejercer “el oficio” desde los 14.







