
El Archivo General de la Nación (agn) ha elaborado el Manual de Identificación, Registro y Conservación de Encuadernaciones del Archivo General de la Nación, el cual surge con el fin de generar conciencia para la conservación de las encuadernaciones que acompañan a los documentos de los acervos mediante una herramienta de identificación. Si bien dicho Manual responde al uso de las áreas de la Dirección de Preservación del Patrimonio Documental (dppd) del agn, se espera que también sirva a otros interesados fuera de esta institución. La presente exposición tiene por objetivo mostrar en el entorno digital algunos elementos del Manual y ponerlo en formato descargable para su consulta.
Al momento de la valoración de las encuadernaciones de libros manuscritos e impresos, persiste una falta de conciencia sobre su importancia histórica, material y funcional e impera la poca conciencia institucional sobre la necesidad de preservar las características estructurales y materiales originales, por lo que se ha buscado subsanar dicha situación mediante acciones de sensibilización en torno a las prácticas de conservación y restauración. Estas acciones se respaldan en diversos estudios multidisciplinarios que enfatizan la necesidad de fomentar una visión integral para el cuidado de estos objetos.
Cabe señalar que el Manual hace referencia a las unidades de manuscritos que se encuentran encuadernadas y hasta el momento no considera aquellos materiales engargolados en carpeta, folletos y similares.
Debido a que en el agn se localizan un mayor número de encuadernaciones de archivo que de encuadernaciones de libro impreso, se hace uso de tres aspectos que son eje para:
Para adentrarnos en el mundo del libro, les compartimos a nuestros lectores un esquema en el que pueden apreciar la estructura de una encuadernación. Esperamos que esta representación permita comprender la ubicación y denominación de los componentes básicos que lo conforman. Cada una de las partes del libro tiene una manera específica de nombrarse, como veremos a continuación.
Por otra parte, la encuadernación como objeto hace referencia al propio libro o volumen ya
conformado, cuya identificación se establece a partir de los materiales empleados para su
protección. Así, la cartera constituye un elemento fundamental que permite reconocer la
técnica de manufactura y las características constructivas del volumen.
En ambos casos la encuadernación se compone de tres elementos principales: el cuerpo, el
sistema de unión y la cartera.
Históricamente, las encuadernaciones han permitido a las personas concentrar y almacenar la información para facilitar la consulta y el acceso a la información. Su estructura ha evolucionado desde sus orígenes, dando lugar a transformaciones tanto en los soportes de escritura (como el paso de la arcilla al pergamino o del papel amate al papel de trapos durante el siglo xv) como en el conjunto estructural del volumen. Estos cambios pueden observarse en los tipos de costura, los formatos, los endoses, las cabezadas, las guardas, etcétera.
En México, con la llegada de los europeos, se incorporaron técnicas provenientes de las tradiciones española e italiana. Entre los siglos xvi, xvii y xviii destacan dos variantes: las encuadernaciones flexibles y las encuadernaciones rígidas.
Las flexibles, generalmente elaboradas en piel o pergamino, eran conocidas como encuadernaciones “rústicas” de la época y se popularizaron por su bajo costo en comparación con aquellas de tapas rígidas elaboradas con los mismos materiales, o con las encuadernaciones de lujo producidas bajo encargos especiales. Por otra parte, las encuadernaciones rígidas empleaban inicialmente soportes de madera, que con el tiempo fueron sustituidos por los de cartón, permitiendo adaptaciones y variaciones técnicas conforme avanzaban los siglos y las necesidades funcionales de los libros.
La resistencia y permanencia de las encuadernaciones depende, en primer lugar, de los materiales empleados en su manufactura y, en segundo, del cuidado que reciben a lo largo del tiempo. Estos factores han permitido que actualmente se conserve un gran número de volúmenes dentro de los diferentes fondos del acervo documental del agn.
Aunque la encuadernación cumple la función de proteger la información contenida en un documento, el descuido y la manipulación inadecuada afectan directamente sus valores materiales, artísticos y tecnológicos. En años recientes, el interés de investigadores y responsables de acervos por comprender los elementos constructivos de las encuadernaciones ha impulsado la creación de mejores estrategias para su identificación, conservación, estabilización y restauración. Este avance ha favorecido una valoración integral de estos objetos, así como la implementación de buenas prácticas orientadas a su permanencia, fundamentadas en la difusión del conocimiento técnico y en la sensibilización del personal encargado de su manejo.
Los materiales encuadernados identificados dentro de los acervos documentales del agn pueden clasificarse en dos grupos principales, de acuerdo con la conformación del cuerpo: manuscritos e impresos.
Estudios previos sobre el acervo del agn han señalado que la
mayoría de las encuadernaciones identificadas corresponden a las denominadas stationery
bindings, es decir, aquellas encuadernaciones elaboradas con hojas en blanco
destinadas originalmente a ser manuscritos. Este tipo abarca: libros de contabilidad, libros
mayores, libretas y los volúmenes de hojas sueltas, libretas bancarias, agendas, pasaportes
y misceláneas, entre otros.
Dentro de este rubro podemos identificar dos variantes principales:
Se trata de libros o volúmenes compuestos por papel blanco fueron preparados, cosidos y encuadernados en tapas flexibles o rígidas, destinados principalmente a actividades administrativas. Su fabricación correspondía a la necesidad de soportar un uso intensivo, pues debían abrirse para permitir la escritura.
Durante el auge de la documentación manuscrita en hojas sueltas fue común que, una vez concluidos y organizados los expedientes, éstos se agruparan y se colocara una encuadernación. Puesto que su destino y utilización era la consulta, no requería estructuras diseñadas para soportar un uso continuo.
A diferencia de las encuadernaciones destinadas a manuscritos, los impresos (según Roberts y Etherington, 1982) están formados por hojas previamente impresas y encuadernadas para facilitar su lectura y consulta. A partir de esta definición, se denomina manuscrito encuadernado a todas aquellas encuadernaciones que resguardan cualquier tipo de documentos de carácter manuscrito, mientras que libro impreso se refiere a aquellos volúmenes constituidos por material impreso.
Entre los daños más frecuentes se encuentran las roturas o pérdidas en la cartera, la abrasión y el desprendimiento del lomo, la deformación de tapas y cuerpos por variaciones de humedad, el quiebre o debilitamiento de las costuras, la pérdida de cabezadas. También son comunes los problemas derivados de adhesivos envejecidos, la fragilidad del papel, la suciedad superficial acumulada y las tensiones producidas por una apertura forzada o por manipulación incorrecta. Todo esto pone en riesgo la integridad estructural del volumen y justifica la necesidad de implementar medidas preventivas, buenas prácticas de manejo y estrategias de conservación adecuadas.
Volumen 103, legajo 56, Fondo Hospital de Jesús, manuscrito de hojas sueltas en papel de pulpa de trapos, encuadernado en pergamino flexible.
El cuerpo del libro está conformado por cuadernillos o por hojas sueltas y, a partir de
la identificación de los diversos elementos que lo integran, es posible determinar si se
trata de un libro impreso o de un manuscrito encuadernado, ya sea conformado por hojas
sueltas o proveniente de un cuaderno en blanco.
El cuerpo se compone principalmente de papeles de pulpa de trapos utilizados de manera
predominante entre los siglos xvi al xix. No obstante, a partir de la segunda mitad del siglo
xix, en algunos casos es posible identificar la presencia de papeles de pulpa de madera,
tanto de tipo químico como mecánico.
La lomera corresponde al canto lateral del cuerpo del libro en el cual se encuentran
unidas las fojas o cuadernillos. Constituye un elemento estructural fundamental, ya que
en ella se localizan la costura, los nervios, el endose y las cabezadas, y es además la
zona donde se concentran las principales fuerzas físicas derivadas de la manipulación y
el resguardo del volumen.
Es importante diferenciar la lomera del lomo. La lomera es un elemento interno, el cual
forma parte del cuerpo del libro, mientras que el lomo es un elemento externo que forma
parte de la cartera y que se dispone sobre la lomera. En el lomo suelen encontrarse
elementos visibles como los tejuelos, las casillas y las costillas.
La conformación de la lomera y del lomo se define desde la etapa de manufactura de la
encuadernación, por ello los procesos de conservación, estabilización y/o restauración
no deben orientarse a modificar su forma constructiva, salvo en aquellos casos en los
que su intervención éste plenamente justificada por razones de preservación. Cualquier
alteración injustificada de estos elementos puede falsificar o distorsionar la lectura
constructiva del objeto, afectando su interpretación histórica y técnica.
Estos elementos soportan el peso del cuerpo una vez que éste es enlazado a las tapas. Materialmente, pueden estar elaborados en cordeles de cuero, pergamino o hilos naturales, y el número de nervios presentes en la lomera suele estar directamente relacionado con el peso y el grosor del material documental que conforma el volumen.
La costura constituye el sistema de unión de los cuadernillos permitiendo que éstos se mantengan ensamblados entre sí. A pesar de la diversidad de tipos de costuras existentes, una constante en las encuadernaciones es la presencia de nudos a cadeneta en los extremos. La cadeneta es una costura mediante la cual se sujeta un cuadernillo con el anterior mediante un amarre sencillo, enlazándolos sin necesidad de un soporte en la estación de costura.
Las cabezadas se unen al cuerpo del libro mediante costura o adhesión en la cabeza y pie
de la lomera. Cuando se trata de una cabezada tejida, éstas cumplen una función
estructural; en cambio, las adheridas tienen principalmente un carácter estético.
Se localizan en la cabeza y en el pie del lomo, entre la lomera y el material de
recubrimiento, proyectándose ligeramente hacia el exterior. En el ámbito archivístico
existen diversas variantes siendo las más frecuentes la cabezada manual anclada en hilo
blanco y la cabezada mecánica industrial.
Aunque son un elemento distintivo de los libros, las cabezadas no son indispensables
desde el punto de vista estructural, razón por la cual no se encuentran presentes en
todos los casos.
Existen diversas formas de clasificar las cabezadas, aquí te compartimos algunos
ejemplos.
Ejemplo de una guarda a tres piezas del volumen 5, caja 9, del Fondo Colección de documentos para la historia de la guerra de Independencia.
Las guardas se componen generalmente de un par de hojas dobladas por la mitad, las
cuales se adhieren o cosen al primer y último cuadernillo. La hoja adherida a la tapa es
la contraguarda, mientras que la hoja libre es llamada guarda volante.
Su función principal es proteger el cuerpo del libro; no obstante, al encontrarse unida
al interior de las tapas también refuerzan la unión entre el cuerpo y la cartera.
Asimismo, pueden cumplir una función decorativa cuando se emplean papeles con motivos
estéticos.
En los manuscritos o cuadernos en blanco datados entre los siglos xvi y xviii es común
encontrar guardas conformadas por hojas en blanco del primer cuadernillo elaboradas con
el mismo tipo de papel que el cuerpo del libro. En algunos casos la guarda cumple con
ser el elemento estructural que refuerza la unión en la cañuela; sin embargo, su función
no es la de recibir las cargas estructurales. Existen diversos tipos de guardas,
diferenciadas por la forma en la que se encuentran adheridas al cuerpo y a la cartera;
aquí te compartimos algunos ejemplos.
El endose es un elemento adherido a la lomera que refuerza la unión de los cuadernillos
y contribuye a mantener la forma del lomo para su correcto funcionamiento. Debe ser
flexible para evitar generar tensiones durante la apertura del cuerpo de la
encuadernación. Puede ser elaborado en distintos materiales: inicialmente los endoses
se elaboraban en piel o pergamino, evolucionando paulatinamente hacia el uso de papel
reciclado y, más adelante, a telas, las cuales comenzaron a funcionar también como
elementos de enlace a las tapas o a las guardas.
De acuerdo con la tesis de “La arquitectura del libro” de Velasco Castelán (2000), los
endoses adheridos al lomo pueden clasificarse como: continuo, fragmentado, de hombro a
hombro, tubo fuelle y adheridas a la guarda.
La cartera es la cubierta que envuelve el cuerpo del libro, y cumple una función dual:
proteger el contenido y resaltar el valor estético del objeto. Su manufactura responde a
las distintas técnicas de encuadernación desarrolladas a lo largo de la historia en
función de los cambios tecnológicos y las necesidades sociales.
Las carteras pueden clasificarse, entre otros criterios, de acuerdo con la flexibilidad
de los que conforman las tapas.
Detalle de encuadernación entera en piel con guardas marmoleadas por plegado español, Les Loix Ecclésiastiques de France.
Las tapas constituyen el soporte rígido o semirrígido que protege el cuerpo del libro.
Pueden estar elaboradas en materiales como el cartón comprimido, cartulina y madera,
entre otros, y suelen recubrirse con materiales decorativos como piel, pergamino o
papel.
A las tapas se sujetan los elementos de unión del cuerpo, como los nervios y el endose.
Al adherirse el recubrimiento a las tapas se forman las cañuelas, que corresponden a la
separación entre las tapas y el lomo. Éstas son fundamentales, ya que permiten la
correcta apertura del volumen sin generar tensiones estructurales.
El recubrimiento es el material dispuesto sobre las tapas, encargado de proteger y decorar la encuadernación. Los materiales que lo conforman han variado con el paso del tiempo de acuerdo con la disponibilidad, la técnica y la función del libro. A continuación, te presentamos algunos ejemplos de recubrimientos identificados en encuadernaciones del acervo.
La caja o ceja es el espacio de la tapa que sobresale respecto al cuerpo del libro en los cantos. Este elemento permite compensar descuadres del cuerpo. En encuadernaciones de archivo estos elementos son muy poco frecuentes y rara vez presentan decoración.
Independientemente de las características constructivas de cada encuadernación y de los materiales de recubrimiento, las encuadernaciones pueden analizarse a partir del soporte de la cartera y por su grado de rigidez, clasificándose de forma general en:
El conocimiento detallado de las técnicas constructivas empleadas en una encuadernación, incluyendo materiales, sistemas de unión, costuras, estructuras del lomo y características de la cartera, resulta esencial para determinar las acciones de conservación y restauración más adecuadas. Cada técnica responde a una función específica y a un contexto histórico determinado; por ello, una intervención que desconozca estos aspectos puede alterar elementos auténticos de los libros manuscritos o impresos, afectar la movilidad del volumen, comprometer la estabilidad de los materiales o generar tensiones estructurales que aceleren el deterioro. La identificación precisa de la estructura permite no sólo seleccionar procedimientos compatibles y reversibles, sino también respetar el valor documental, histórico y funcional del objeto, asegurando su preservación a largo plazo.
Promoviendo que la comprensión de que las encuadernaciones de los acervos históricos NO son únicamente elementos de protección del patrimonio documental y bibliográfico, sino objetos portadores de información histórica, técnica y cultural propia.
El Manual contribuye al reconocimiento del valor histórico, estético y tecnológico de las encuadernaciones, y funciona, a su vez, como un registro de las múltiples tareas cotidianas que el personal del agn desarrolla en los procesos de sistematización e identificación de los elementos estructurales, desde las costuras y los endoses hasta la evolución de los materiales de recubrimiento y técnicas decorativas. Este documento no sólo facilita la identificación de dichos elementos, sino que también esclarece bases para implementar prácticas de conservación, respetando en todo momento la autenticidad de los bienes documentales con carácter histórico.
De este modo, al comprender la encuadernación como un sistema complejo integrado por cuerpo y cartera, se fortalece la salvaguarda de la memoria técnica y cultural que resguardan los fondos del agn, garantizando su preservación y transmisión a las futuras generaciones.
Si quieres conocer más detalles de las encuadernaciones del agn… pulsa aquí
Archivo General de la Nación, Archivo Histórico Institucional AGN, vol. 56, fojas 2-4.
Archivo General de la Nación, Archivo Histórico Institucional AGN, vol. 74, exp. 10.
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Director General
Dirección de Preservación de Patrimonio Documental
Subdirección de Investigación y Conservación del Patrimonio Documental
Departamento de Conservación y Restauración
Departamento de Investigación y Restauración
PARTICIPACIÓN
Becarios del Programa Jóvenes Construyendo el Futuro
Durante su gestión como Subdirectora de Investigación y Conservación del Patrimonio Documental
Durante su gestión como jefa del Departamento Investigación y Restauración
Durante su gestión como jefa del Departamento de Conservación Preventiva
Colaboradora externa, Restauradora de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia inah
Titular de Memoria Histórica
Dirección de Creación de Contenido Digitales
Apoyo curatorial para exposición web
Subdirección de Seguimiento y Control de Proyectos Digitales
Dirección de Diseño y Estrategia Creativa
Diseño y Programación
Subdirección de Diseño y Programación web
Edición