
Las mujeres del cine de María Novaro y Alberto Cortés
Adriana García Torres*
Es injusta la idea de que el cine nacional de antes de los años setenta sólo retrataba a los personajes femeninos como un vehículo para el fortalecimiento de la sociedad o como mujeres frágiles en espera de una pareja que complementara su felicidad y cuya realización estaba frente a un altar.
Haciendo un recuento, hallamos personajes con la presencia y el carácter suficiente para ser protagonistas por ellas mismas. Tal es el caso de Refugio, una mujer capaz de luchar en una gesta revolucionaria, interpretada por María Félix en La Cucaracha (Ismael Rodríguez, 1959); asimismo, Angélica María encarna a Esperanza, la líder de una banda de delincuentes que hace sus fechorías entre canciones y luces psicodélicas en Cinco de chocolate y uno de fresa (Carlos Velo, 1968); sin embargo, estas historias aún se encontraban abrazadas por una industria cinematográfica funcional que a la par de la economía decaía con el paso del tiempo. Así, llegados los años ochenta, el cine ya no contaba con los grandes estudios y el star system de la Época de Oro, más bien, carecía de recursos, y la forma de filmar de manera independiente floreció, haciendo que las historias fueran más cercanas, más reales, donde ya no hay escenarios más suntuosos que las calles que transitamos día a día.
De esta forma el cine intenta hacer visible una nueva manera de percibir la vida gracias a una generación de jóvenes cineastas que cuentan historias propias de la juventud urbana que se rebela ante el convencionalismo de la sociedad y la crisis económica.
María Novaro y Alberto Cortés realizaron cuatro filmes hechos con la más pura esencia DIY (Do It Yourself) del punk rock de la época: Danzón (1991), Lola (1989), Amor a la vuelta de la esquina (1985) y Ciudad de ciegos (1990); en estas películas las mujeres se convierten en el estandarte de una revolución mucho más poderosa que tiene como línea central la lucha por la libertad.
María Novaro nos presenta dos personajes delicadamente dibujados por ella y por su hermana Beatriz: Lola y María, quienes son el reflejo de dos realidades que convergen en la constante búsqueda del amor propio que no requiere ser otorgado por alguien más. Leticia Huijara es Lola, una mujer cuya juventud fue coartada por la maternidad y, esperada o no, intenta navegar en ella mientras trata de mantener su propia identidad. Como muchas mujeres, Lola se debate entre sus propios deseos y el deber ser; es una joven con una niña a cargo que entorpece su vida y teme mencionarlo; el simple hecho de pensarlo puede ser fácilmente juzgado.
A través de las calles destruidas por el temblor de 1985, Novaro no sólo muestra una sociedad igualmente golpeada, también es la debacle del mito de la maternidad abnegada en el que las mujeres deben sacrificarse y anularse por los hijos, cuya felicidad es la satisfacción misma. Entre escombros, Lola camina como ave fénix para convertirse en los cimientos de un nuevo paradigma en el que pueda existir un equilibrio entre la mujer y la madre.
Por su parte, María Rojo interpreta a Julia en Danzón, película producida dos años después de Lola, pero con la madurez que dan el tiempo y la vida misma. Ésta es la historia de una madre soltera que disfruta de ir a los salones de baile donde el “cuadrito”, que se dibuja con los pies, teje una red de comunicación que no requiere habla, sólo miradas. Empecinada en encontrar a Carmelo, con quien llevaba varios años de bailar, Julia viaja a Veracruz a donde se dice que ha huido tras el rumor de un crimen que no cometió. Durante su travesía Julia deja de ser esa madre soltera y regresa a ser mujer, es decir, se redescubre a ella misma.
Ataviada de hermosos vestidos que marcan su figura, Julia camina por el puerto de Veracruz, se deja seducir por el viento, por la emoción de descubrir otro cuerpo. En este viaje Julia encuentra a Susy (Tito Vasconcelos), a quien se refiere como su amigo “artista”, un hombre que todas las noches gusta de vestirse de mujer para dar un espectáculo en un cabaret. Novaro no tiene empacho en mostrar cómo todos nos encontramos en una constante búsqueda de quiénes somos y no importa cuán lejos haya que ir para encontrarse a uno mismo.
Por su parte, Alberto Cortés tiene su propia perspectiva sobre las mujeres de esta sociedad que derroca ideales. En Amor a la vuelta de la esquina, María (Gabriela Roel) huye de la cárcel y es ayudada por Julián (Alonso Echánove), un contrabandista con quien permanece un tiempo. Tras varias ausencias María halla en su cuerpo una herramienta para subsistir en esta ciudad. Cual rueda de la fortuna, María enfrenta distintas situaciones, sin embargo, no tiene tiempo de sentirse derrotada, no se cuestiona la existencia de la moralidad de sus actos, ella vive; encuentra en sí la fortaleza que requiere la hostilidad del mismo mundo.
En Ciudad de ciegos, Cortés utiliza un departamento como el caldo de cultivo para el despertar femenino; en sus paredes se resguardan los secretos de muchas mujeres en distintas épocas, todas ellas con un mismo hilo conductor, el amor en el más amplio sentido de la palabra: las que buscan la conveniencia del amor, el amor en pareja, el desamor, el amor prohibido, el amor juvenil, el amor entre el mismo sexo, el amor fugaz. Todas mujeres intentan ir más allá de lo que los muros les permiten, más allá de lo que la sociedad les ha indicado.
Cortés muestra los cuerpos femeninos desnudos sin la intención de sexualizarlas sino como una representación del camino hacia la liberación de la conciencia, del cuerpo y del deseo sexual que ya no se reprime y simplemente se deja ser. No hay que dejar pasar que esta película cuenta con un soundtrack que acompaña las historias brillantemente, las voces de Cecilia Toussaint y Rita Guerrero, las mejores representantes femeninas del rock nacional, que reafirman el anticonvencionalismo y la rebeldía.
En un momento como el que vivimos es importante revisitar estas películas cuyo discurso demuestra cómo la lucha feminista ha tenido una fuerte representación en el cine nacional usándolo como una herramienta de visibilización, ya que nosotras somos las observadas, desmenuzadas, representadas, enaltecidas y también el vehículo de transformación social que el país requiere.
* Licenciada en ciencias de la comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la unam. Como parte de su labor en la difusión del cine nacional, por 10 años ha sido parte del comité organizador del Festival Internacional de Cine de Morelia. Ha colaborado en la investigación para proyectos como las exposiciones “Fábrica de sueños: Estudios Churubusco” (2017) y “Cine y Revolución” (2010); los libros Ciudad de Cine: 1970-2010 (2011), Luces, cámara, ¡acción! Cinefotógrafos del cine mexicano 1931-2011 (2012) y Escenógrafos y Directores de Arte del Cine Mexicano (2014).